La tijera de Onetti

Ruben Loza Aguerrebere

Finalmente, fue hallada La tijera de Colón, la mítica revista donde Juan Carlos Onetti se inició como periodista. Era, por cierto, un verdadero misterio en la vida del gran novelista uruguayo, laureado con el Premio Cervantes en 1978.

Pero, vamos por partes. Nacido en Montevideo el 1 de julio de 1909, tempranamente abandonó sus estudios y, como diría Borges, cursó diversos destinos: fue portero, camarero y vendió entradas en un estadio de fútbol. Vivió luego en Buenos Aires, donde dio a conocer sus primeros cuentos y, de regreso a Montevideo, en 1939, publicó su primera novela, El pozo, un hito literario. La primera edición mostraba en la carátula un falso Picasso dibujado por Onetti. Mario Vargas Llosa y García Márquez señalaron, veinticinco años años después, su deuda literaria para con esa novela desgarrada y existencial.

Onetti siguió viviendo y escribiendo entre Buenos Aires y Montevideo, y en 1975, en la época de la dictadura militar, se exilió en España. No volvió más. Vivió en. Madrid hasta el último de sus días; allí dio a conocer nuevos libros, y murió en 1994.

La tijera perdida. Muy pocas biografías mencionan el pasaje juvenil de Onetti por esa pequeña revista; y aquellas más eruditas, que lo hacen, la señalan equivocadamente: se ignoraba qué clase de publicación era aquella donde se inició, jovencísisimo, el autor de El astillero. El hallazgo lo realizó el escritor y publicista Milton Fornaro. Todo comenzó en 1979, cuando entrevistó a Onetti en Madrid. En esta oportunidad, Onetti le confió que aquélla había sido su primera experiencia periodística, y agregó: "Hoy no es más que un recuerdo cariñoso de la adolescencia. Nos divertíamos mucho haciéndola y tratando de cobrarle a los avisadores. Cobrar los avisos era mi misión, porque yo vivía en Colón. No era una revista literaria, y la hicimos para adecuarla al público al que iba destinada".

El primer número señala que la revista buscaba "ser un vehículo de comunicación entre ls juventud, por medio de la cual pueden nacer y cristalizar los flirts ...". Y agregaba que se orientaba "a la juventud culta y espiritual de la villa. Y donde hay juventud, cultura y espiritualidad, debe surgir, naturalmente, la sonrisa". En ese primer número se adelanta la realización de un concurso de belleza en la Villa de Colón (al norte de Montevideo), zona de la cual se ocupaba la revista y donde residía la familia Onetti. El concurso se hizo mediante bonos que se incluían en la Tijera de Colón y, según confesaría Onetti, se hicieron "trampas horrorosas", desplazando, mes a mes, a una u otra candidata, para estimular la venta de cupones (que compraban los novios de las concursantes).

Un sueño realizado. Siguiendo la pista de su propia entrevista, Fornaro conoció en Montevideo a Juan Carril Urta, uno de los dos compañeros de Onetti (el otro era Luis Urta) en aquella aventura periodística. Y recibió de manos de Carril Urta las siete revistas que vieron la luz: van desde marzo de 1928 (la primera) a febrero de 1929 (la séptima y última). Reproducidas facsimilarmente por Ediciones el Galeón, con prólogo de Fornaro, los ejemplares han desvelado hoy un misterio en el mundo de un escritor al que le gustaba disimularse detrás de los seudónimos.

La Tijera de Colón es una modesta publicación barrial; se nutre de las noticias sociales de la villa de Colón y con avisos de los comercios de esa villa: zapaterías, confiterías, sastrerías. En cada tapa hay fotos de bonitas chicas de Colón. Una revista como tantas de su época, pero, como señala Fornaro, "no en todas, salvo en ésta, escribió Juan Carlos Onetti a los dieciocho años".