Philip Potdevin
Ubicar el nombre de Juan Carlos Onetti dentro del panorama de la literatura latinoamericana contemporánea es una labor difícil. Generacionalmente es coetáneo de Julio Cortazar, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, Miguel Angel Asturias y Jorge Luis Borges pero mal podríamos decir que la narrativa de Onetti encaja dentro de los parámetros de la llamada "nueva" novela latinoamericana. En Onetti no encontramos la literatura fantástica de Borges, ni la prosa depurada de Carpentier, ni tampoco el denuncio social de las dictaduras que encontramos en "El Señor Presidente" de Asturias.
La originalidad de Onetti radica en presentarnos un realismo disfrazado,equívoco y velado. Una realidad donde los sueños y las pesadillas tienen gran importancia, donde hay interrogantes sin respuesta y en donde cada situación tiene infinidad de alternativas. El mundo de Onetti está rodeado de fatalidad y pesimismo. Los personajes de sus novelas son introvertidos, despectivos, acosados por la soledad y siempre al acecho. Todos estos temas, tan en boga a mediados del siglo en la literatura europea y canalizados por la corriente existencialista encontraron en Juan Carlos Onetti a su máximo expositor en latinoamerica.
Conocer a Onetti personalmente es quizás una gran ayuda para descifrar su obra. Luis Harss lo describe así: "Es alto, enjunto, con mechones blancos en el pelo gris, ojos desvelados, labios torcidos en una mueca dolorosa, las huellas de la renuncia y el desgano en su andar de oficinista envejecido"(1). Toda la vida ha vivido solitario, desconectado del mundo exterior; abstraído en sus pensamientos. Por lo mismo, es una persona hosca que habla poco de sí misma. Cuando lo hace, lo hace con desgano. Toda esta gran soledad que carga Onetti sobre sí está vertida en sus cuentos y novelas.
Onetti nació en Montevideo en 1909. Hizo estudios de bachillerato y estuvo merodeando alrededor de la universidad durante varios años sin llegar nunca a estudiar en ella. Al poco tiempo inició su carrera periodística. Se empleó en varias agencias de prensa y lueo entró a colaborar en seminarios uruguayos y argentinos, entre ellos "Marcha", "Ímpetu", y "Vea". En "Marcha" escribe una columna, "La Piedra en el Charco" que firma con el seudónimo de Periquito el Aguador. Desde aquí comenzó a atacar la literatura "floripondio" tan común en la época y caracterizada por el exceso de perfección académica pero vacía, sin motivación alguna. En alguno de sus artículos nos dice: "Estamos en pleno reino de la mediocridad. Entre plumíferos sin fantasía, graves, frondosos... con la audacia paralizada. Los nuevos solo aspiran a que les digan una palabra de elogio para sus poemitas. Y los poemitas han sido facturados expresamente para alcanzar ese destino. Hay sólo un camino. El que hubo siempre. Que el creador de verdad tenga la fuerza de vivir solitario y mire dentro suyo. Que comprenda que no tenemos huellas para seguir, que el camino habrá de hacérselo caa uno..." (2). Aquí Onetti sienta las bases de lo que va a ser su obra narrativa. Vivir en soledad y practicar la introspección; sólo de esa manera podrá el escritor hacer verdadera literatura.
La obra literaria de Onetti es bastante extensa: doce novelas y una veintena de cuentos. Su obra comienza con "El Pozo", novela publicada en 1939. Siguieron entre otras "Tierra de Nadie", "Para esta noche" y "Los Adioses". En 1950 publica una de sus grandes novelas, "La Vida Breve". En esta novela encontramos a un Onetti más maduro y libre de la influencia de Faulkner tan marcada en las primeras novelas. Diez años más tarde aparece "El Astillero" novela considerada como la obra cumbre de Onetti. Hacia 1964 publica "Juntacadáveres" que es tomada como el replanteamiento de "El Astillero".
Su narrativa es definitivamente realista. Entendiendo el realismo a su manera y partiendo de experiencias personales, Onetti llega a la concepción del hombre solitario en oposición a la sociedad humana. La soledad es un leitmotif" en toda la obra de Onetti. Nos la presenta en varias formas: la soledad física, un hombre totalmente sólo encerrado en su cuarto o la soledad afectiva; la que ocurre inmediateamente después de una ruptura amorosa. En todo caso, la soleda para Onetti es purificadora; de ella brota la ncecesidad como genuina expresión del sentimiento humano. Según Onetti se constituye como un prerequisito para escritura. En "El Pozo", Eladio Linaceros, un alter ego de Onetti, decide escribir sus memorias sólo después de estar en absoluta soledad y de haber mirado despectivamente a toda la gente que lo rodea. "Las gentes en el patio me resultaron más repugnantes que nunca" (3). Es pos eso mismo que Onetti ambienta la mayoría de sus novelas en las horas nocturas o dentro de locales cerraods. Además, las referencias al paisaje son escasísimas. Las pocas que hay son para describir un paisaje lúgubre, lluvioso y gris. La soledad está ltente en cada una de las páginas de Onetti.
Con solo echar un vistazo a los títulos d elas novelas podemos adivinar lo que se encuentra detrás de llas. Fuera de los títulos ya mencionados podemos agragar "Para una tumba sin nombre", "La Cara de la Desgracia", "Tan Triste como Ella" y "La Muerte y la Niña"- O sea que Onetti nos pone en guardia desde la portada de cada uno de sus libros para recibir su mundo, complejo y fatal.
Como un contrapeso del fatalismo que brota de todo Onetti, el autor nos presenta un humor caricaturesco, ambiguo y sinuoso. Héctor Rojas Heraza, a quien se debe la frase que encabeza el presente artículo nos habla de Onetti así: su humor es el flanco más ambicioso y agudo de su compasión. Persigue con él atravesar la sucesivas máscaras del terror encarnado y punzarlo en su centro"(4). Es decir que el humor de Onetti no nos permite sonreir pues es ácido y desagradable.
La mujer en Onetti recibe un trato especial; sus novelas están pobladas de muchachas adolescentes, vírgenes y puras. El amor es tratado con frecuencia. Las muchachasson ubicadas en la edad posterior a la pubertad donde la mujer adulta se confunde aún con la niña. Angel Rama nos describe así a una de ellas: "Tiene una entereza sin fisuras, usa su pureza como un desafío al mundo, al descaecimiento de la materia en el tiempo, de la muerte, altiva y desdeñoza para las debilidades de la carne, ausenmte de ellas, prácticamente intocada por la sensualidad."(5).
Paralelo a lo anterior, hay que anotar que la obra de Onetti contiene innumerables pasajes eróticos. Sin embaro, no se puede decir que Onetti llegue a cara en la vulgaridad. Por el contrario, Onetti es pudoros ante el sexo; recurre con maestría ya sea al simbolismo, ya sea a la naración velada o a la mención indirecta. En fin, Onetti no cae en la ramplonería; toda insinuación está cubierta por un halo poético que humaniza y purifica el acto sexual.
Consecuentemente con su temática Onetti excluye de su mundo narrado a los niños. Ellos no tienen cabida en ese universo sombrío. Sus personajes carecen de infancia. La referencia más temprana que tenemos de ellos se remonta solo hacia cuando descubren el sexo al llegar a la pubertad. De ahí el personaje se va formando hasta llegar a la madurez.
Es preciso añadir que Onetti es el creador de la novela de la ciudad uruguaya, y por que no, de la latinoamericana. Antes de Onetti no se puede decir que la novela urbana no existió. El vanguradismo de la década de 1920 hizo ése precisamente uno de sus temas favoritos, pero lo hicieron más en su afán de equiparar a las ciudades del nuevo continente con las urbes europeas con sus edificios, calles, y tranvías que por plasmar la realidad de la ciudad latinoamericana: pequeñas ciudades que de la noche a la mañana se vieron acosadas de una rápida y desorganizada expansión. Onetti se encargó de corregir eso. Cuando publicó "Tierra de Nadie" la crítica literaria la recibió como la verdadera novela de Montevideo.
Los escritores que influyeron en la formación literaria son los mismos que dejaron honda huella en otros escritores latinoamericanos: Faulkner, Hemingway, Huxley, Proust, Dos Pasos. La influencia de Faulkner es la que más se hace sentir, especialmente en sus primeras novelas, "Los Adioses" y "Para esta Noche". Es de Faulkner de quien Onetti toma prestada la idea de crear un pueblo imaginario - el Yocnatapawtha County faulkneriano- donde se desarrollan sus novelas (a partir de "La Vida Breve"). Santa María es el pueblo de Onetti. Alli se dan cita todos los personajes de Onetti; Larsen, Diaz-Grey, Jorge Malabia, etc. La misma técnica sería empleada años más tarde por otro escritor latino, García Márquez, con su mítico Macondo.
Si bien es cierto que el nombre de Juan Carlos Onetti pasó desapercibido por la crítica mundial -como lo fueron muchos autores contemporaneos suyos- durante los primeros veinte años de su actividad literaria (190-1960) la calidad de la obra de Onetti no se puede demeritar en ningún momento. Gracias al "boom" de la novela latinoamericana, los críticos redescubrieron a Onetti y a otros escritores que se creían olvidados. Sus obras, que escasamente habían agotado las primeras ediciones se reimprimieron rápidamente en las principales casas editoriales de América. Las revistas especializadas "Iberoamérica" y "Nuevo Mundo" publicaron juiciosos estudios sobre la obra del escritor uruguayo. Estudiantes de universidades norteamericanos dedicaron sus tesis de grado a la obra de Onetti y rápidamente el escritor solitario del Río de la Plata vió su nombreo al lado de los grandes escritores del continente, jóvenes y viejos: Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Julio Cortazar, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, García Márquez, Guillermo Cabrera Infante y toda la pléyade de escritores que han hecho de la novela latinoamericana la primera del mundo hoy.
Referencias:
(1)Harss, Luis, "Los Nuestros", Edit. Suramericana, Buenos Aires, 1975, p.214
(2) Rama, Ángel, "Origen de un novelista y de una generación literaria", estudio adjunto a "El Pozo". Edit. Arca, Montevideo, 1967, p.61.
(3) Onetti, Juan Carlos, "El Pozo", Edit. Arca, Montevideo, 1967. p. 8
(4) Rojas Heram, "Señales y garabatos del habitante" Colcultura, Bogotá, 1976. p.114
(5) Rama, op. cit. p.90