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Onetti: Una larga confesión

Hortensia Campanella

Juan Carlos Onetti dijo en muchas oportunidades que para él la escritura era su vida; tan intensamente sintió la necesidad de narrar. Por ello, el escritor uruguayo pudo declarar que su obra fue “una larga confesión”, citando una frase de Nietzsche, sin que esta afirmación tenga nada que ver con lo anecdótico o biográfico. Fue una vocación sentida muy tempranamente, sin precisiones académicas, sin deudas familiares: pura intensidad vital, unida a su otra obsesión, la de la lectura.

La exposición que organiza el Centro Cultural de España en Montevideo, del 31 de marzo al 28 de mayo de 2005,trata de iluminar la vida del escritor a través de su presencia dentro de la literatura en lengua española. La notoria influencia de su obra sobre generaciones posteriores se ha convertido en un verdadero culto por parte de lectores y escritores. Y el largo período de su vida transcurrido en Madrid ha demostrado que Onetti es unafigura de la lengua, más que de éste o aquel país. Sin embargo sus vivencias fundadoras y sus más profundos sentimientos nos devuelven una y otra vez al ámbito rioplatense, a ese Montevideo del que nunca se alejó, a pesar de la distancia.

Sus pasiones, sus pesadillas y las elecciones que hizo a lo largo de la vida tienen un paralelo en sus narraciones, en el mundo que construyó para los personajes que aparecíanante sus ojos como seres próximos. “La literatura integra mi vida real, los personajes son parte mía”, afirmaba. Es pues esencial dar el entorno, la huella física de sus libros, el capricho de su creación,para conocer mejor al escritor.

Entre los varios escenarios montevideanos que recurren en su memoria, en la historia de su vida que aparece en sus libros, en sus recuerdos y declaraciones, sin duda entonces Villa Colón ocupa un lugar destacado. Es el barrio de su niñez, el de las vivencias familiares, el de sus primeras y obsesivas lecturas.

Su otra gran vocación, el amor por las mujeres, irrumpió en su vida muy pronto, y a los 21 años se casa con su prima María Amalia, con la que tendrá un hijo –Jorge–, y viaja por primera vez a Buenos Aires, donde vive malamente con trabajos precarios mientras ya está escribiendo lo que luego serían sus primeros cuentos publicados, una novela perdida y solo recuperada parcialmente muchos años después, Tiempo de abrazar.

Una nueva etapa montevideana se inicia con su segundo casamiento, en 1934. María Julia era hermana de su primera esposa, pero esta relación será incluso más fugaz. Muy pronto la actividad laboral de Onetti se centrará también en la escritura, cuando Carlos Quijano lo llama para colaborar en la nueva aventura periodística: el semanario Marcha. Primero secretario, después jefe de redacción, Onetti inicia un período de gran intensidad vital. Escribe mucho, publica El pozo, ensancha su círculo de amigos, muchos de ellos también admiradores de sus narraciones.

Los años cuarenta lo encuentran de nuevo en Buenos Aires, con nueva esposa –Elizabeth María Pekelharing–, nueva novela –Tierra de nadie–,y viviendo ya del periodismo –luego de Reuter es secretario de redacción de la revista “Vea y Lea” y de la revista de publicidad “Ímpetu”-. En pocos años empieza a ser muy conocido en los círculos literarios rioplatenses, luego de publicar, entre otros, los cuentos “Un sueño realizado” y “Mascarada”, y las novelas Para esta noche yLa vida breve, obra fundacional de la narrativa onettiana.

“La palabra todo lo puede”, dice el personaje Brausen en esta última novela. Y en los sucesivoslibros ese será claramente el instrumento conformador de realidades plenas.

Sin embargo la creación de un mundo tan nítido como, por ejemplo, Santa María, no implica conquista sino apenas búsqueda incansable, siempre condenada al fracaso. Esa es la concepción de la vida humana para el escritor. “Al hombre siempre lo espera la muerte, supremo fracaso, pero el artista intenta ‘ser’ por medio del arte”, dijo. En ese sentido El astillero y Juntacadáveres, que publicará en 1961 y 1964 respectivamente, serán las novelas del fracaso como búsqueda inútil, pero gratificante en cuanto persecución de la perfección..

Mientras tanto, había nacido su hija Litty, y había tenido lugar el gran encuentro amoroso de su vida: la jovencísima Dolly, Dorothea Muhr, quien será su compañera hasta la muerte.

El lentísimo reconocimiento internacional de su obra experimentará un notable salto simultáneo a una definitiva crisis personal. La dictadura uruguaya con su insolencia totalitaria, cerrando Marcha, poniendo presos a los miembros del jurado de cuentos de 1973, entre los que estaba él mismo, y al autor del cuento premiado, lo expulsa definitivamente del país. La acogida generosa de España servirá para que, pasado un tiempo,vuelva a escribir periodismo, cuentos, y tres novelas fundamentales: Dejemos hablar al viento, Cuando entonces, y Cuando ya no importe.

Nunca dejará de estar atento a lo que pasaba en su país, y su casa de la Avenida de América de Madridse convertirá en destino necesariopara muchos uruguayos que le dan noticia de antiguos amigos y amores; pero ya no volverá. El 30 de mayo de 1994 fallece en la capital de España.

Lo único que le importaba que quedara de él son sus libros editados, y allí están, en las bibliotecas y librerías de todo el mundo, en multitud de ediciones y en traducciones a los más diversos idiomas.

En la exposición del CCE se exhiben sus libros, documentación iconográfica, y objetos de su más íntima cotidianeidad. Pero también estarán algunos manuscritos que se salvaron de su falta de interés por la posteridad. Más de treinta años después de su partida desde Uruguay, vuelven los textos escritos a mano en lápiz de La cara de la desgracia y Tan triste como ella, una copia mecanografiada de Juntacadáveres con gran cantidad de correcciones manuscritas, y también las agendas en las que escribió sus últimas novelas, artículos, cartas, etcétera.

Es simbólico este regreso de Onetti al Uruguay, y también lo es que esta exposición se haga en el Centro Cultural de España, país al que el escritor, Premio Cervantes 1980,siempre demostró gratitud por su cálida y generosa acogida.

La intención de esta muestra es que se pueda disfrutar de las pistas que deja el escritor y el hombre, la emoción del trazo de su letra –“para mí escribir es un placer sensual”, decía–, los objetos que lo rodearon,su música querida. Un itinerario intenso para acercarnos más a Juan Carlos Onetti.




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