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Juan Carlos Onetti

Juan Carlos Onetti nació el 1 de julio de 1909 en Montevideo. Su pasión por la lectura se manifestó tempranamente, cuando de niño se escapaba de la escuela para encerrarse en una biblioteca a leer, sobre todo a Julio Verne, uno de sus autores favoritos de la juventud. También fue temprana su vocación por la escritura y el periodismo. A los 19 años Onetti, junto a dos amigos, fundó la revista "La tijera", publicación que llegó a editar siete números y en donde dio a conocer algunas de sus primeras narraciones. Pero debió pasar todavía una década antes que de Onetti diera muestra de todo su talento. Esa oportunidad llegó en 1939, cuando publicó "El Pozo".
En esta primera novela Onetti ya anuncia el universo narrativo que desarrollaría luego en más de 15 novelas, que escribió en cincuenta años de actividad literaria. Esta novela -que en rigor es una nouvelle- es a la vez la que inaugura la novelística urbana uruguaya hasta entonces dominada por la temática rural y el estilo criollista. Según contara después Onetti, este libro crucial en la literatura uruguaya fue disparada por el síndrome de abstención. "La verdad es que fue el tabaco la causa de todo", contó el autor. "En aquel tiempo, cuando comencé a escribir, trabajaba en una oficina ubicada en un sótano. Habían prohibido la venta de cigarrillos los sábados y domingos. Todo el mundo hacia su acopio los viernes. Un viernes me olvidé. Entonces la desesperación de no tener tabaco se tradujo en un cuento de 32 páginas, que escribí ante la maquina de un tirón. Fue la primera versión de 'El pozo'", recordó tiempo más tarde.
En los años juveniles Onetti desempeñó diversos trabajos, desde albañil a vendedor de boletos en el Estadio Centenario, antes de abocarse al periodismo, profesión a la que se dedicó activamente durante dos décadas, tanto en Montevideo como en Buenos Aires, una ciudad en la que vivió en dos oportunidades, primero, durante unos pocos años, en la década de 1930, y luego durante casi 15 años, desde 1941 a 1955.
Mientras su actividad central era el periodismo, Onetti daba a conocer sus cuentos tanto en la prensa uruguaya como en la argentina, en especial en el diario porteño La Nación. A lo largo de los años el uruguayo fue elaborando una literatura marcada por una prosa personalísima, impregnada de un pesado existencialismo que se desarrolla en atmósferas más bien sórdidas, depresivas, habitadas por personajes perdedores pero lúcidos y, sobre todo, indolentes. El alcohol, las relaciones promiscuas y la marginalidad son algunas de las características de los personajes onettianos, que son tan uruguayos como universales.
En su propia vida Onetti supo de destinos caprichosos y amores difíciles. Joven, a los 21 años, se casó con su prima María Amalia. De esta unión nació su hijo Jorge Onetti , quien también sería luego un destacado escritor: llegaría a ganar el premio Casa de las Américas por su libro "Cualquier Corsario". Tal vez, hubiera tenido mayor suerte si no hubiera sido opacado por la fama de su padre.
Sobre Jorge Onetti se cuenta una anécdota graciosa. Alguien, cuando Jorge ya mostraba talento para la escritura, le sugirió que no utilizara su apellido paterno, de forma de marcar su propia identidad. "Utilice el segundo", le sugirió la persona. "Sería lo mismo", le contestó Jorge. "Mi segundo apellido es Onetti", dijo. "Pues entonces use el tercero", insistió. "Sería peor, porque mi tercer apellido es Borges", dijo resignado. Lo cierto es que su padre, Juan Carlos Onetti, sólo estuvo casado con María Amalia Onetti tres años.
En 1934 volvió a contraer matrimonio, esta vez con otra de su primas, María Julia Onetti, hermana de su mujer anterior. Tardaría algunos años más, pero Onetti se volvería a casar. En 1945 contrae enlace con Elizabeth María Pekelharing, una compañera de trabajo de la agencia informativa Reuter, que era de origen holandés. Esta mujer (con la que tuvo a su hija Elizabeth María) sería quien le presentaría a su cuarta y definitiva esposa, la argentina y violinista Dorotea Muhr. Ella sería su compañera más importante, la que le transcribiría buena parte de su obra y la que estuvo con él hasta el final de su vida.
Una fecha clave en la literatura de Onetti es 1950, cuando publica "La vida breve". En esta novela el escritor funda Santa María, la ciudad mítica en la que centrará buena parte de su producción literaria hasta que en la novela "Dejemos hablar al viento", de 1979, la destruye con un devastador incendio.
La irrupción de Santa María supuso una revolución en la poética de Onetti, la creación de un nuevo ambiente urbano y humano, un factor de coherencia interna y aglutinador de personajes que entran y salen en una y otra novela. En síntesis, Santa María es un universo propio en el que Onetti expresó en su mejor forma uno de los proyectos literarios más importantes del último siglo en la lengua castellana. Igual que Macondo en Gabriel García Márquez, la Santa María de Onetti encuentra su referencia en la Yoknapatawpha de Willian Faulkner, el gran escritor del sur de Estados Unidos que tanta influencia tuvo en los escritores latinoamericanos de mediados del siglo XX.
Sin embargo, Onetti ha explicado la creación de esta ciudad en función de la evocación, de la memoria. "Yo viví en Buenos Aires muchos años, la experiencia de Buenos Aires está presente en todas mis obras, de alguna manera. Pero mucho más que Buenos Aires está presente Montevideo, la melancolía de Montevideo. Por eso fabriqué Santa María, fruto de la nostalgia de mi ciudad", declaró. Cuando Onetti explicó el origen de esa ciudad no sabría que aún extrañaría mucho más su ciudad natal.
En la década de 1970 Onetti ya era un personaje de las letras del continente. Sus novelas eran leídas en América y en Europa. En 1970 la editorial Aguilar, en México, ya había publicado sus "Obras Completas", cuando aún faltaban muchos libros clave de su literatura. En 1972 su novela "El Astillero", que había sido traducida a varios idiomas, fue declarado en Italia el mejor libro latinoamericana de ese año, méritos todos que se sumaban a premios y reconocimientos anteriores. En 1967 Onetti había sido reivindicado por Mario Vargas Llosa. El uruguayo había sido finalista con su novela "Juntacadáveres" del premio Rómulo Gallegos, pero perdió frente a "La casa verde" de Mario Vargas Llosa; quien en su discurso de aceptación le rindió el siguiente homenaje: "Otros escritores latinoamericanos, con más obras y méritos que yo, debieran ocupar mi lugar; pienso en el gran Onetti a quien América Latina no ha dado el reconocimiento que merece". Incluso, tiempo después, el nombre de Onetti llegaría a sonar para el premio Nobel, galardón al que nunca accedería, según se dijo en su momento, dada la visión tan pesimista que Onetti tenía del mundo no agradaba los miembros de la academia sueca.
Onetti no fue un hombre interesado en la política, o al menos no lo fue tanto como otros colegas contemporáneos suyos. Pero otros intelectuales destacados de su época pertenecientes a diversas vertientes ideológicas formó parte del staff del semanario Marcha (llegó a ser secretario de redacción), una publicación de principal importancia para la vida cultural y periodística del Río de la Plata, que pese a su pluralidad ideológica estuvo muy vinculado a la izquierda uruguaya y al ideal latinoamericanista.
En las páginas de Marcha, en 1974, tuvo lugar un hecho que marcó para siempre la vida de Onetti y que quedó grabado a fuego en la historia de cultura uruguaya. Dado su reconocimiento internacional, en 1973 Onetti fue convocado por Marcha para que presidiera el jurado de un concurso de cuentos que auspiciaba el semanario. El 27 de junio de 1973 Uruguay había sufrido un golpe de Estado y las fuerzas militares se habían entronizado en el poder disolviendo las cámaras representativas, encarcelando a varios opositores, dictando censura a varios artistas y determinando el exilio de cientos de uruguayos. El jurado que presidía Onetti falló en enero de 1974 y le otorgó el premio al cuento "El guardaespaldas", de Nelson Marra, el cual sería luego publicado en las páginas de Marcha.
El cuento contenía varias alusiones a la situación política reinante en el país e irritó a los militares gobernantes: el semanario fue clausurado y Onetti, en calidad de presidente del jurado que lo había premiado, fue encarcelado. Ante el reclamo de otros escritores e intelectuales latinoamericanos, y luego de un encierro en condiciones precarias de salud, Onetti debió emprender el exilio. Invitado por el Instituto de Cultura Hispánica Onetti viajó a España y comenzó a residir en Madrid, hasta su muerte. De este insuceso el escritor nunca se recuperó.




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