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El pozo, Los adioses y La vida breve

* En esta posmodernidad caracterizada por la dramática pérdida de referentes y la notoria merma del debate y la producción intelectual de calidad, la incertidumbre se transforma en una suerte de fantasma y en el origen del desencanto colectivo.

La reciente reedición de "El pozo", "Los adioses" y "La vida breve", supone un oportuno reencuentro con el magistral escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, una pluma emblemática que denunció y anticipó el advenimiento de una sociedad en tránsito hacia una crisis terminal.

Editorial Alfaguara y Punto de Lectura, con el propósito de recuperar la obra y la memoria del paradigmático narrador, publicaron ­en sendas ediciones económicas­ estos tres títulos referentes de la producción onettiana.

Según lo anunciado, en julio será el turno de la presentación de "Para una tumba sin nombre", "Juntacadáveres" y "El astillero".

Por su parte, en setiembre está prevista la reedición de "Cuando ya no importante" y "Dejemos hablar al viento", dos de las últimas creaciones de este genio literario.

Finalmente, en noviembre, aparecerá un volumen de cuentos completos, que completará el proyectado plan de edición.

No es casual que la figura de Juan Carlos Onetti haya recobrado una muy justificada vigencia contemporánea, luego de la donación de sus archivos al Estado uruguayo, por parte de su familia.

El inapreciable material integra, desde el pasado mes de mayo, el patrimonio de la Biblioteca Nacional y, naturalmente, de toda nuestra sociedad.

Juan Carlos Onetti, que nació en 1909 Montevideo y falleció en 1994 en Madrid, se inició como narrador en 1933, escribiendo cuentos en periódicos y una primera versión de "El pozo", que recién conoció la luz seis años después.

El narrador y novelista fue cofundador del paradigmático semanario "Marcha", tribuna periodística que, en su momento, se transformó en una barrera infranqueable contra el autoritarismo liberticida.

En esta recordada publicación, Onetti fue secretario de redacción, encargado de la sección literaria y de la columna bautizada "La piedra en el charco".

En 1941, se radicó por segunda vez en Buenos Aires, donde siguió ejerciendo el periodismo y exhibiendo toda la agudeza de sus juicios, en su columna "Alacranes literarios".

El escritor permaneció en la vecina orilla hasta 1955, escribiendo obras que aún son consideradas referentes de su producción: "Tierra de nadie" (1942), "Para esta noche" (1943) y "La vida breve" (1955).

"Una tumba sin nombre" (1959), "La cara de la desgracia" (1960) y "El astillero" (1961) son otros tres títulos cruciales, que marcaron una identidad cada vez más elocuente y acentuada.

A estas obras siguieron: "El infierno tan temido" (1962), "Tan triste como ella" (1963) y "Juntacadáveres" (1965).

Como se recordará, en 1974 la dictadura detuvo a Juan Carlos Onetti y lo sometió a prisión arbitraria, acusándolo de "promover la pornografía", por su participación, en calidad de jurado", en el certamen literario organizado por "Marcha", que fue ganado por el censurado cuento "El guardaespaldas".

El escritor se exilio en España, de donde ya no regresó. Allí ganó el "Premio Cervantes", la máxima distinción obtenida en su carrera literaria.

Durante su residencia en ese país, el excepcional novelista y cuentista editó "Dejemos hablar al viento" (1979), "Cuando entonces" (1987) y "Cuando ya no importante" (1993).

La reedición de estas tres obras ­que pertenecen a distintos momentos creativos­ comporta una inapreciable oportunidad para conocer o reconocer a Juan Carlos Onetti.

"El pozo" es uno de los textos referentes de la producción del autor, que parió una nueva y revulsiva estética creativa en el universo de la literatura nacional y latinoamericana.

En esta novela breve publicada en 1939, afloran temas siempre recurrentes en la obra del autor, como la soledad, la incomunicación, el desamparo y la alienación individual y colectiva.

El propio protagonista de la obra, que es un insomne misántropo y fracasado, es una auténtica radiografía de lo grotesco, a través de cuyos ojos y enajenada psiquis el lector puede asomarse a un mundo en plena descomposición y descaecimiento moral.

En todo el relato, hay una sórdida y visceral sensación de nausea y desintegración, representada en seres más o menos marginales, como el propio protagonista.

En este caso, la prosa de Onetti está impregnada de una terminalidad radical y hasta de una atmósfera agobiante, en la cual se agitan los demonios interiores del actor-narrador, quien mastica su amarga frustración en interminables soliloquios.

Este habitante de las madrugadas parece cargar a cuestas con sus propias culpas y con todas las miserias que contaminan la condición humana.

"El pozo" es un descarnado cuadro surrealista y un auténtico himno a la angustia, que discurre entre la reflexión moral y la enajenación más exacerbada.

La novela, que fue parida y publicada en un tiempo histórico en el cual la tragedia de la guerra despertaba los miedos ancestrales de la humanidad, impactó en aquella época por su desencantada crudeza y la agudeza de sus juicios.

Por su parte, "La vida breve", cuya publicación inicial data de 1950, es, sin dudas, la auténtica partera de la mítica ciudad de Santa María, mediante la cual el emblemático autor fabricó su propio espacio físico literario.

Según confesó en una entrevista, esta creación se alimentó de su nostalgia por Montevideo, en un tiempo en el cual el escritor vivía en Buenos Aires. Este paraje mítico se transformó luego en el escenario espacial de parte de la producción del narrador.

Este extenso relato captura muchas de las más recurrentes tribulaciones e inquietudes del autor.

Partiendo de la hipótesis que la construcción de esta ciudad imaginaria responde a la emergencia de superar las fracturas provocadas por la distancia y la nostalgia, "La vida breve" abreva, en más de un sentido, de la materia prima autobiográfica.

Sin embargo, esa frontal apuesta creativa a la realidad como génesis de la obra, no obsta el pleno desarrollo de los resortes de la creación literaria.

Como en otros textos referentes de Onetti, el núcleo de este relato de escritura magistral, es la reconstrucción de la peripecia humana a través de la maleable arcilla de la imaginación.

El protagonista, que en más de un aspecto bien podría ser un alter ego de su propio padre literario, es un escritor que debe redactar un guión cuya comercialización lo puede salvar de la miseria.

En este caso, la fuente de inspiración es el fruto de las elucubraciones del propio escritor-protagonista, que se nutre de los extraños ruidos de un departamento vecino y de un drama personal.

Esta es una novela de trazo eminentemente onírico, en la cual el autor transforma a la tragedia y la frustración en insumos primordiales de la creación.

El propio título de la novela es una metafórica alegoría de la fugacidad y de la caducidad del todo, que se visualizan en un horizonte dramáticamente acotado por el horizonte de la muerte.

Finalmente, en "Los adioses", una de las novelas predilectas de Onetti según sus propias palabras, aflora la lenta pero inexorable decadencia de un exitoso deportista, quien, aquejado de una grave enfermedad terminal, se refugia en un pequeño pueblo.

El relato se desarrolla a partir del testimonio de un almacenero, que se obsesiona con el enigmático forastero.

En este libro, que pese a haber sido publicado en 1954 no integra la legendaria saga de Santa María, el narrador se mimetiza con el protagonista y relator, para construir la despiadada crónica de una agonía ambientada en un paisaje semi - urbano.

Onetti construye una compleja trama de relaciones humanas, en la cual están presentes muchos de sus sentimientos más recurrentes: el desencanto, el hastío, la sensación de vacío y la inescrutable inercia de seres desgastados y abatidos por la erosión de la vida.

Como en toda su producción, los tres relatos incluidos en esta primera entrega, corroboran el discurso radical de un descollante intelectual que denunció el inexorable derrumbe moral de una sociedad agobiada por la alienación.

En efecto, toda la obra de Juan Carlos Onetti está recorrida por trazos agudos e inconformistas, que exponen la descarnada prostitución de la sociedad moderna y la terminal crisis de valores que ya se vislumbraba en el tiempo histórico en el cual vivió.

La reedición de "El pozo", "La vida breve" y "Los adioses" comporta la inapreciable oportunidad de retomar contacto con uno de los autores de mayor relevancia y gravitación de la narrativa contemporánea.

La lectura o relectura de estos títulos, que constituye una suerte de privilegio, convoca a reflexionar sobre varios de los peores fantasmas de nuestro tiempo: la incomunicación, la soledad y el desamparo. *




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