Jorge Onetti
En estos Cuentos Completos la palabra cama aparece casi 50 veces. A primera vista puede pensarse que se trata de un simple dato anecdótico, pero no lo es en modo alguno. Existe la firme sospecha de que –incluso de pequeño y siempre que le fue posible– JCO evitó sabiamente abandonar el lecho, aunque se tratara de ver pasar a los bomberos. Dos generaciones están dispuestas a dar testimonio en tal sentido.
Pero así, sola y abandonada, la palabra cama no tiene mayor significado que el adjudicado por cada uno de nosotros. Veamos los múltiples papeles, funciones y destinos que encierra este cuadrúpedo doméstico en textos de JCO: En primer lugar, "la cama es el centro de todo", y en su calor es posible ver un problema "más claro que nunca". Puede curarnos de un complejo de inferioridad frente a cualquiera ya que, mirándolo desde la cama, lo verá "como a un insecto venenoso que se aplastara a la espera del descuido, del error propicio".
Sin embargo, no es recomendable pensar demasiado sobre ella porque, igual que los fármacos –no olvide que suele agitarse antes de dormir–, tiene sus contraindicaciones: "Y llegó a pensar que, siempre, el amante que ha logrado respirar en la obstinación sin consuelo de la cama el olor sombrío de la muerte, está condenado a perseguir –para él y para ella– la destrucción, la paz definitiva de la nada". Otro riesgo reside en la incompatibilidad medicamentosa. Si usted se llama Risso y su mujer Gracia César, el estar "tirado en la cama" y extraer "el sobre del saco y la foto del sobre" puede provocarle un shock anafiláctico, mortal de necesidad.
El siguiente texto es más tranquilizador: "El nombre que designaba al cuerpo inmóvil en la cama y que, sin embargo, no era ya Pedro Penón ni nadie". Ni usted ni yo, afortunadamente.
Succión y fuerza del lecho
En el Evangelio Según JCO, Dios creó el mundo y "luego se sentó en su cama y esperó". No se dice qué esperaba, pero seguramente no que los responsables de la crisis carguen con las consecuencias, y no la gente como uno. Dios no cree en milagros.
Pero si la crisis lo ha golpeado de mala manera, conviene que "a partir de las cuatro" coja el teléfono, "paciente y sin rencor, para asegurarse contra la angustia, para asegurarse una mujer en una cama".
Si la cama lo succiona "sabia y sin violencia", déjela hacer porque fuera de ella acecha todo un harén de extrañas mujeres: "saltaba de la cama y recorría el departamento mordiendo el cigarrillo como una ramita de olivo, desplazándome con trabajo entre las mujeres en cuclillas, sentadas sobre la mesa, abiertas en el diván, arrodilladas en la cocina, cambiándose en el cuarto de baño, recibiendo el sol o la luna en las baldosas coloradas del balcón".
Los poderes de la cama
Ya se han visto y demostrado los portentosos poderes de la cama. Poderes que a todos nos afectan. Sin embargo, para JCO la convivencia ininterrumpida –por voluntad propia y placer inefable– durante más de diez años con ese cuadrúpedo ha terminado convirtiéndolo en centauro. Hasta entonces, sólo padecía del complejo de Anteo: adquiría renovadas fuerzas cada vez que aterrizaba en una cama y luego se sentaba a una mesa para escribir cuentos y novelas.
Ahora, ya en su definitiva forma de centauro, está libre de que a Heracles le dé por estrangularlo pues sólo puede expulsarlo de Tesalia y, con los tiempos que corren, ¿a quién le atrae estar cerca de Sarajevo? Además, ya tiene costumbre de exilio en su cama electrónica y de ella extrae renovada energía para seguir escribiendo su excelente prosa.