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Cuatro mujeres y una sola vida

C. C.

Las mujeres tienen una presencia simbólica importante en las novelas de Juan Carlos Onetti, quien acumuló en su vida personal una curiosa sucesión de episodios amorosos. Como destaca Juan Villoro en el estudio introductorio del primer volumen de las 'Obras completas', el autor uruguayo practica un cierto feísmo en la descripción física de las mujeres que aparecen en sus libros, con la excepción habitual de las niñas y adolescentes. Las mujeres adultas sufren amputaciones o simplemente son personas escasamente agraciadas. Aunque no todas. Uno de los personajes femeninos de 'La vida breve' toca el violín. En aquel momento, Onetti vivía una historia de amor extramatrimonial con Dorothea Muhr (conocida como Dolly), que también era intérprete de ese instrumento. Sin embargo, su descripción se corresponde con la hermana de ésta, una mujer que al parecer tenía un físico notable.

Dolly fue la cuarta esposa de Onetti, quien se casó por primera vez siendo muy joven, a los 20 años.

María Amalia Onetti era su prima y el matrimonio fue muy breve. Apenas tres años en los que el matrimonio tuvo un hijo, Jorge. Pocos meses después del divorcio, el escritor contrajo nuevo matrimonio con una hermana de su primera esposa, María Julia. Este enlace durará más tiempo, pero se romperá cuando Onetti se enamore de Elizabeth María Pekelharing, que trabajaba en aquella época, como el autor de 'El astillero', en la agencia de noticias británica Reuters. Con 'la holandesa', como la llamaba coloquialmente, se casará en 1945. Era su tercer matrimonio y sólo tenía 36 años.

Una muchacha rubia

Poco después, mientras escribía 'La vida breve', un día vio a una muchacha rubia cargada con un violín, que preguntaba algo a un guardia urbano. Su esposa, que en ese momento estaba embarazada, conocía a esa chica porque ambas habían ido al mismo colegio, y la presentó al escritor. Así empezó una amistad que primero fue literaria, luego tomó una forma más próxima a la camaradería y terminó convirtiéndose en amor.

Dolly Onetti, con quien se casó en 1955, recuerda la imagen feliz del escritor en aquellos años. Ambos acudían a los 'boliches', comentaban sus últimas lecturas y participaban en tertulias. Los viernes por la noche, Onetti escribía de forma compulsiva. Luego era ella quien ponía orden en los originales y les daba forma.




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