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Turismo literario : ¿Qué onda con Onetti?

Alicia Torres

Concebir y trazar, mediante la recreación de la escritura, el mapa y los planos de la Santa María de Onetti, sugiere una investigación exhaustiva, el gozo del juego y algo más.

En 1973, después de un viaje por Europa que lo retuvo sobre todo en Londres, el hoy narrador, ensayista, docente y editor Fernando Curiel (México df, 1942) escribió un libro que tituló Vida en Londres, donde relata las peripecias de esos meses intensos, "un experimento tipográfico, iconográfico, una crónica que, de hecho, constituye mi principal best-seller".

Diez años antes, siendo estudiante de derecho y de teatro, había leído El astillero de Onetti, "una verdadera conmoción, se me quedó adentro con su presencia intensísima". Después del éxito del libro londinense empezó a escribir crónicas sobre su ciudad, "y como soy bastante irreverente en mis relaciones con el mundo cultural, me propuse hacer lo mismo con una ciudad imaginaria, incluso pensé una lista de las más a la mano, la Comala de Rulfo, Macondo de García Márquez. Entonces me propuse hacer algo un tanto extravagante, una geografía y una guía de información turística de Santa María, que por suerte pude inscribir como proyecto de investigación en la universidad". Así supo Curiel, dijo, que quería hablar del espacio onettiano.
—¿Y decidió aplicar las mismas categorías de crónica y de examen de una ciudad real a otra imaginaria?
—Sí. Primero escribí un extenso ensayo que llamé "Tres postales y fundación de Santa María", publicado por una revista de la universidad en dos partes. En 1976 Onetti visitó México y se lo hice llegar. Hasta donde sé, le causó regocijo leer ese absurdo pergeñado por alguien que escribía de Santa María como si tuviera la misma realidad que Montevideo, Buenos Aires o Paraná, las ciudades con que frecuentemente se confunde. Aproveché y le pedí una entrevista. Me la dio, platicamos largamente y a partir de ese momento, estimulado por mi amistad con Carlos Quijano y otros uruguayos que estaban en México, me propuse escribir un libro en serio que llamé Onetti, calculado infortunio (1980). Creo que fue una especie de descubrimiento del autor uruguayo en mi país, y quizá por eso obtuvo el codiciado premio Xavier Villaurrutia.
—¿El libro era ensayo, ficción, entrevista?
—Todo eso. Yo estoy muy marcado por el contexto del texto, no me quedo sólo con lo que llamaríamos el discurso literario. Para mí es esencial investigar dónde se inserta ese discurso socialmente, y dónde desde el punto de vista urbano, soy totalmente un animal urbano. Con Onetti mantuve una relación epistolar y telefónica, además él regresó a mi país en 1980, yo lo visitaba cuando viajaba a Madrid, alguna vez nos encontramos en Toledo, siempre que podía platicaba también con Dolly que me contaba anécdotas sensacionales como la de cuando estaban en El Escorial, él acostado para contemplar el enorme valle, pero de espaldas al ventanal, con un espejo colocado de manera que reflejara el paisaje, lo que no es una metáfora sino la realidad de su ficción.
—¿Y cómo surgió Santa María de Onetti?
—Habiendo leído toda la obra publicada (ahora en Montevideo me entero de un cuento inédito que conserva su hija), me propuse finalmente hacer una guía turística de Santa María. Creo haber elaborado una verdadera, una auténtica, una heterodoxa guía para turistas.
(Vi y escuché a Fernando Curiel primero en la conferencia sobre generaciones literarias mexicanas que dictó en la Facultad de Humanidades, y después en la presentación de este libro "de prosa turística" en el Centro Cultural de España. La impresión que causa, prima facie, su aspecto de caballero antiguo y decir engalanado con cierto énfasis doctoral, no es la del irreverente que él se asigna o podría esperarse de quien diseña una guía turística para ese microcosmos asfixiante y complejo que es la Santa María de Onetti. Si bien el subtítulo del libro –más sugerente– es Guía de lectores forasteros, la provocadora calificación "guía turística" aparece reiteradamente en su conversación, aunque la sobrevuele un guiño cómplice al oyente y, quizá, una estrategia de marketing.)
Lo que hago, luego de algunos planteamientos teóricos sobre qué es el manejo del espacio y cómo es en Onetti, es ofrecer una breve historia de la ciudad, su historia natural, su historia sobrenatural, su resurrección después del incendio del 79, planteo una discusión sobre problemas cartográficos en las ciudades imaginarias y empiezo un recorrido que arranca en el casco urbano, revisa los accesos, los sitios de interés, los hoteles y pensiones, las diversiones y espectáculos, la prensa, las librerías, los servicios. Luego vamos al puerto, a la costa, a la llanura, a los alrededores, y retomamos la ciudad después del 79. La guía te informa dónde hallar la peluquería y la policía, o adónde acudir si tienes problemas judiciales. Al final hay una especie de directorio telefónico, por llamarle así, que es la relación y puesta al día de todos los personajes.
—Una propuesta lúdica a modo de guía de lectores, ¿concebida con la finalidad de allanar el camino a quienes se inician en la ardua lectura de Onetti?
—Totalmente. Mi relación con el lenguaje, con la literatura, es fundamentalmente ética y lúdica, me gusta inaugurar géneros o retomarlos y jugar con ellos. Creo que es una buena guía para quien no conoce el mundo onettiano y se pregunta, como decimos en México, ¿qué onda con Onetti?, y creo también que puede ser un verdadero deleite para quien lo conoce. Este es un libro de tanta tensión como el de Londres aunque sin mapa, en el momento en que lo tenga voy a trabajarlo como tal indicando los lugares más importantes de Santa María. Como ves, aún no he terminado el libro.




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