REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY
DIARIO DE SESIONES DE LA CAMARA DE SENADORES
Nº 321 - Tomo 323 - 5 de julio de 1989
QUINTO PERIODO ORDINARIO DE LA XLII LEGISLATURA
17ª SESION ORDINARIA
PRESIDE EL PROF.MANUEL FLORES SILVA 1er. VICEPRESIDENTE
ACTUAN EN SECRETARIA LOS TITULARES SEÑORES MARIO FARACHIO, FELIX B. EL HELOU Y EL PROSECRETARIO SEÑOR ALEJANDRO ZORRILLA DE SAN MARTIN
SUMARIO
1) Texto de la citación
2) Asistencia
3) Asuntos entrados
4) Proyecto presentado
5) Siembra de trigo
6) Señor Félix González Quintana
7) Doctor Juan Vicente Chiarino. Homenaje del Senado con motivo de su fallecimiento
8) 80 años de Juan Carlos Onetti
9) Solicitud de licencia
10 y 12) Registro de Empresas de Turismo Social. Su creación. Normas sobre el salario vacacional
11) Llamado a Sala al Ministro del Interior
13) Se levanta la sesión
8) 80 AÑOS DE JUAN CARLOS ONETTI
SEÑOR PRESIDENTE.- El senado entra al orden del día con la consideración del asunto que figura en primer término: «Exposición de treinta minutos del señor senador A.Franciso Rodríguez Camusso sobre el tema ’80 años de Juan Carlos Onetti’».
Tiene la palabra el señor senador Rodríguez Camusso.
SEÑOR RODRIGUEZ CAMUSSO.- Señor Presidente: en realidad, inmediatamente después de haber formulado la solicitud y de que el Senado tuviera la deferencia de autorizarla, me sentí un tanto abrumado por este hecho, porque en rigor soy plenamente consciente de que no se trata de una circunstancia corriente ni de que ella esté directamente conectada con la actividad parlamentaria normal. En todo caso, tendríamos que remitirnos a casi 60 años atrás, cuando en 1930 la recordada, luminosa, admirable e insuficientemente conocida hoy, sin duda, Juana de Ibarbourou fue, en esta misma Casa, en este mismo Palacio y por esta misma institución parlamentaria, homenajeada y consagrada como «Juana de América».
Mucho más abrumador resulta, incluso, este elemento de hoy, porque, como se sabe bien, quien habla está muy lejos de poder sentirse autorizado para formular una exposición que tenga que ver con un autor literario.
Seguramente, hubiera sido más adecuado que hoy hubiera ocupado esta banca mi alterno inmediato, el doctor Wilfredo Penco, o que, de haber estado aquí, hubiera hecho este homenaje quien es su profundo conocedor, su amigo y su lector de siempre, el actual Embajador Luis Hierro Gambardella. Sin embargo, no hemos podido resistir la voluntad y el impulso que nos tendió a efectuar este homenaje y a hacerlo aquí, no para intentar siquiera una biografía de Juan Carlos Onetti, no para esbozar términos ditirámbicos, ni mucho menos para aproximarnos a un análisis de su obra; sólo hemos querido definir, en función de las circunstancias que nos han hecho estar presentes en el Parlamento, poniéndonos en esta tribuna a nuestra disposición, nuestra inmensa gratitud hacia un creador, nuestro deslumbramiento ante su obra. Un creador, además, que nada ha tenido que ver con algo que se aproxime siquiera al quehacer político. Tuvo sí líderes políticos que fueron sus colaboradores profundos y su apoyo, que le abrieron rutas para la acción periodística: Carlos Quijano, en la época del 30 y Luis Batlle Berres, 30 años después.
Fue un creador que jamás se identificó con la búsqueda comercial, que nunca cultivó nada que fuera fácil. El fue todo lo opuesto a los autores rápidamente vendibles y comercializables, que escriben en serie y que proliferan en nuestros tiempos.
Acceder a Onetti no es fácil; requiere un búsqueda compleja y un tránsito que no está al alcance del lector superficial. A Onetti le han llegado premios de primerísimo nivel; le ha alcanzado la fama y el reconocimiento en todos los continentes. Los más prestigiosos críticos literarios lo han elogiado; en todos los idiomas se le traduce, se le examina, se le estudia y se profundiza en los intersticios de su pensamiento y de su forma de expresión.
Es más; ni siquiera es fácil la comunicación personal con él. Es tradicional la dureza –quizá máscara de timidez- de sus expresiones, su alejamiento de la notoriedad, su peculiar forma de comunicar lo que, seguramente en el fondo, ha de ser su tristeza y al mismo tiempo su ternura.
En Onetti sentimos, como ante los grandes creadores, que no importa demasiado su acaecimiento individual y sí su obra, porque el Onetti que buscamos conocer, el Onetti que homenajeamos, el Onetti que provoca nuestra admiración y que empuja esta intervención, es el Onetti que escribe.
La literatura uruguaya, la cultura uruguaya, el ser uruguayo, no serían lo que son sin Juan Carlos Onetti, como nuestra música no sería lo que es sin Fabini, o nuestra pintura tampoco lo sería sin Blanes o sin Figari, ni nuestra enseñanza sin Varela, así como nuestra filosofía sin Vaz Ferreira. Uruguay no sería Uruguay sin Onetti, como España no sería igual sin Cervantes o Inglaterra sin Shakespeare.
Onetti empezó a escribir en la década del 30. En sus comienzos fue periodista, escribió cuentos y accedió con interrupciones a la novela, y ya por ese entonces despuntaron las aristas de su genio. Basta con alguna de sus líneas para apreciar las características de su pensamiento y su modo de expresión. «Periquito el aguador» fue, inicialmente el seudónimo con el que escribió en la primera etapa del semanario «Marcha» y allí, en un trabajo sobre retórica literaria en el que habla sobre Rubén Darío, Verlaine y Disraeli, finalmente hace referencia, a propósito de una frase de André Maurois, a la duración. Y él afirma que el durar admite sentidos más serios y afinados que los que Maurois le atribuye.
Onetti dice: «Durar frente a un tema, al fragmento de vida que hemos elegido como materia de nuestro trabajo hasta extraer de él o de nosotros la esencia única y exacta. Durar frente a la vida sosteniendo un estado del espíritu que nada tenga que ver con lo vano e inútil, lo fácil, las peñas literarias. Durar en una ciega, gozosa y absurda fe en el arte como en una tarea sin sentido explicable, pero que debe ser aceptada virilmente, porque sí, como se acepta el destino; todo lo demás es duración fisiológica, un poco fatigosa, virtud común a las tortugas, las encinas y los errores».
Y habla de la cultura uruguaya, y frente a los fáciles, a los apresurados, a los buscadores de fama inmediata, con su dureza de siempre les dice: «Hay un solo camino, el que hubo siempre, que el creador de verdad tenga la fuerza de vivir solitario y mire dentro suyo, que comprenda que no tenemos huellas para seguir, que el camino habrá de hacérselo cada uno, tenaz y alegremente, cortando la sombra del monte y los arbustos enanos»
Luego, en un artículo admirable sobre James Joyce, Onetti –que siempre ha escrito cosas que pensamos muchos pero se expresan muy pocos- agrega. «Puede ser que la sociedad burguesa no tenga temas para los escritores burgueses. No basta ser un inadaptado sexual para dejar de ser burgués, y sólo puede estar interesado en ‘épater’ a la burguesía el que tenga fe en ella»-
Existe naturalmente, una sucesión de obras a la que no nos vamos a referir –no corresponde que lo hagamos- porque ello demandaría un lapso excesivo. No obstante mencionaremos entre sus primeros cuentos a «Avenida de Mayo – Diagonal – Avenida de Mayo, que publicara «La Prensa» de Buenos Aires el 1º de enero de 1933, siendo ésta la primera vez que Onetti accedió a la publicación de una obra. También citaremos, entre sus formidables novelas y cuentos, su última obra publicada: «Cuando entonces»; el último cuento conocido, maravilloso, «Ki No Tsurayuki».
Ya Onetti ha cumplido 80 años, fuera del país, porque del país lo hizo ir la dictadura. Enfermo, con suprema dignidad, sigue creando, escribiendo, honra al Uruguay con su obra y hace que de nuestro país se hable en todos los continentes, en todos los países, en todos los medios en que alguien se ocupa de la creación literaria.
Hemos querido hoy dar este homenaje sintético y somero porque no creemos que sólo cuando la gente muere hayan de ser reconocidos sus valores. Onetti está vivo, lejos de su país al que quiere y siente. Cuando alguien se acerca a él y le pregunta si volvería, dice que no. Quiere quedarse con lo que recuerda del Uruguay y no con lo que teme podría ver. Quiere que el Uruguay quede en el recuerdo de él y no con lo que ahora encontraría.
Y este Onetti creador genial, buceador en lo más recóndito del alma, deleite permanente para quienes buscamos en las formas supremas de la creación literaria, elementos que enriquezcan y cultiven nuestra inquietud y nuestro espíritu; este Onetti comparable a las cumbres literarias e hispanoamericanas, a la prosa de García Márquez o de Alejo Carpentier, este Onetti admirador de la prosa tersa, morosa y genial de Proust y de la singularidad inmarcesible de James Joyce, creemos merece en sus 80 años, en su alejamiento físico, en su soledad, en su grandeza, en su creación impar, el homenaje del Parlamento –que expresa, o intenta hacerlo- de su país, este país que se enriquece con su obra y que le debe a Juan Carlos Onetti el impulso literario creador para toda una generación.
Sencilla y simplemente he querido volcar hoy con estas palabras, lo que son 50 años de lectura permanente, de regreso constante e irrenunciable y de admiración sin límites a un creador que desde «El Astillero» hasta «Juntacadáveres», desde «Tan triste por ella» hasta ese final incomparable de un cuento absolutamente genial como es «Bienvenido Bob», nos ha regalado una de las formas creativas de mayor significación, de más hondura y de mayor permanencia.
Hago moción para que la versión taquigráfica de estas palabras y de las que, eventualmente, puedan pronunciarse sea enviada a Juan Carlos Onetti por el Senado de la República, como su homenaje y reconocimiento.
SEÑOR ORTIZ.- Pido la palabra para referirme al mismo tema.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.
SEÑOR ORTIZ.- Señor Presidente: He oído con el placer con que siempre lo hago, las expresiones del señor senador Rodríguez Camusso sobre la personalidad literaria de Juan Carlos Onetti. En cuanto a la valoración personal que el señor senador hace del escritor puedo no compartirla enteramente, cuando dice que el Uruguay no sería igual sin Onetti, así como España no lo sería sin Cervantes. Pero es sabido que el espíritu de cada uno camina por derroteros particulares que no siempre confluyen en la misma finalidad. De cualquier manera nadie ignora –ni podrá hacerlo- los merecimientos literarios de Juan Carlos Onetti, acreditados a través de una obra ampliamente difundida.
La prolongada ausencia del Uruguay, como la que ha experimentado Onetti, provoca en quienes se ven sometidos al exilio, tanto por razones políticas como económicas, verdaderos traumas espirituales por encima de las causas que hacen obligatorio el alejamiento; siempre hay una nostalgia, un deseo de volver a la patria, un recuerdo afectivo que pesa en el espíritu de los ausentes. Sin embargo, este no es el caso del escritor Onetti. Su permanencia fuera del país, lejos de entristecerlo, lo conforta.
Tengo aquí parte de un reportaje que se le hizo recientemente y que me voy a permitir leer.
Dice lo siguiente: «El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, al cumplir aquí ayer sus 80 años de edad, dice en entrevista que con él publica ‘Cambio 16’: Nunca volveré a mi país porque pasaron 13 años y todo aquello y yo estamos más viejos. Sé que tendría terribles desilusiones si fuera. Se está pasando un período de pobreza muy grande, no tanto como en Argentina, pero los coches son de 1900; las calles están todas levantadas.
Lo que sí debe haber en cada esquina de Montevideo es uno de esos boliches, almacén y despacho de bebidas» añade el laureado escritor en la entrevista realizada por la televisión francesa, filmación que duró más de once horas y que será trasmitida próximamente en Francia, según el citado matutino madrileño.
Como se advierte, señor Presidente, para este compatriota las condiciones materiales del país le afectan profundamente, a tal punto que, para no soportarlas, prefiere mantenerse en la lejana Europa. Seguramente su espíritu se siente afectado por nuestras carencias pero, como decía un viejo político de mi conocimiento, «los dolores que se soportan más estoicamente son los dolores ajenos».
He creído conveniente agregar estas breves menciones, señor Presidente, a lo dicho en Sala sobre el escritor Juan Carlos Onetti, porque pienso que ellas contribuyen a dibujar más nítidamente el perfil del personaje al que hoy se homenajea.
SEÑOR GARGANO.- Pido la palabra.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.
SEÑOR GARGANO.- Señor Presidente: No pensaba hacer uso de la palabra en el día de hoy en este homenaje, pero sin embargo la brillantez del discurso del señor senador Rodríguez Camusso que comparto íntegramente y las recientemente pronunciadas palabras del señor senador Ortiz, me ponen en la obligación de hacerlo.
Creo que la intención del señor senador Rodríguez Camusso fue exaltar la personalidad literaria de este compatriota insigne, cuya obra seguramente será leída mucho más por las generaciones venideras que como lo hacen los uruguayos actualmente.
Onetti es un hombre de prosa morosa, como decía el señor senador Rodríguez Camusso, apasionada, que trasmite un profundo conocimiento de la triste alma ciudadana de los rioplatenses. Se trata de una obra que perdurará en la memoria de mucha gente de este país, de América Latina y, sobre todo, del mundo de habla hispana. Creo que eso es lo que debíamos hacer en el día de hoy y no juzgar otras opiniones, las políticas o la manera personal de enfocar la vida que cada uno tiene.
Por lo tanto, señor Presidente, no comparto lo que de alguna manera nos ha insinuado el señor senador Ortiz con sus palabras, en cierto modo, la descalificación de la personalidad por la opción de no regresar al país. Así como respeto la de aquéllos que decidieron volver a cualquier costo, también respeto la de aquéllos otros que, no por posiciones materiales, sino por un enfoque de la vida y del acontecer histórico, han decidido vivir el Uruguay desde fuera, como lo está haciendo Onetti.
Leía recientemente en las páginas de «Brecha» un extenso trabajo de varios escritores uruguayos que, justamente, recalcaban cómo vive Onetti apasionadamente el Uruguay, día a día, desde su refugio en Madrid. Respeto esa decisión porque en este país y en esta tierra chica ha habido otros insignes personajes históricos también políticos algunos, como el insigne obcecado que no regresó a la patria desde el exilio y que hemos inmortalizado como el Jefe de los orientales o como Acevedo Díaz que también optó por vivir durante mucho tiempo fuera del país.
Exalto la personalidad literaria de Onetti y quiero dejar estas palabras como testimonio, señor Presidente, de mi admiración por su obra literaria.
SEÑOR ORTIZ.- Pido la palabra para contestar una alusión.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.
SEÑOR ORTIZ.- En un tono muy menor, señor Presidente, pienso que no me atrevo a comparar a Onetti con Artigas. Digo sí, que tampoco me animo a interpretar intenciones de las personas por aquello de «traduttore tradittore». Me he limitado a reproducir expresiones, sin quitar ni poner coma, del escritor Onetti que, según he dicho, contribuyen a formar su personalidad. Por otra parte, en hombres de esas características, no es fácil discriminar lo exclusivamente literario de lo espiritual, de la vida de relación que lleve. No me he internado en esos campos, ni creo que mis palabras tengan un contenido peyorativo desde que el propio interesado las publica con toda claridad en ese reportaje, que no he hecho otra cosa que trasmitir al Senado.
De manera que, señor Presidente, sin que esto signifique una aclaración, por las dudas, si el señor Gargano quería hacer alguna especie de inculpación aunque fuera, finalmente a mis palabras, dejo sentada mi manera de pensar.
SEÑOR PRESIDENTE.- Si se me permite desde la Presidencia, deseo expresar mi adhesión al homenaje que en cierta manera y modo plantea hoy el señor senador Rodríguez Camusso.
Hace mucho tiempo creo haber aprendido a no medir a los hombres de letras por sus declaraciones políticas. Cuando aquella tan perniciosa teoría del compromiso político hacía que muchos escritores que no eran buenos se dieran como tales, porque estaban en determinada línea política, aprendí, siendo adolescente, que una cosa son las líneas políticas y, otra, los valores literarios.
Realmente no creo que el escritor Juan Carlos Onetti está viviendo en Madrid intensamente al Uruguay. Creo que hace mucho tiempo –aún estando en el Uruguay o en Buenos Aires- el señor Juan Carlos Onetti vivía, como le debe ocurrir a un escritor de su envergadura, mucho más a un mundo imaginario que se parece a Montevideo o a Buenos Aires, -que él ha denominado Santa María- que lo ha atrapado a tal punto que él lo considera su entorno, estando en Montevideo o en Madrid. Ese mundo que él ha creado, es un mundo que sí quiere mucho al Uruguay, que está muy arraigado con lo que puede ser nuestra idiosincracia y es la manera literaria que él tiene de amar al país y no tiene nada que ver con las declaraciones políticas más o menos felices o infelices que ha hecho. Es mejor no hacer declaraciones políticas infelices, sin lugar a dudas, pero tal vez él quizá haya hecho algunas otras más infelices que las que hoy se han mencionado.
Al adherir a este homenaje, lo que queremos hacer es valorar sobre todo los significados artísticos y literarios del señor Juan Carlos Onetti al cumplir 80 años.
SEÑOR SINGER.- Pido la palabra.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.
SEÑOR SINGER.- Señor Presidente: en forma breve quiero decir algunas palabras para manifestar mi adhesión al homenaje que ha propuesto con su exposición el señor senador Rodríguez Camusso. Lo hago simplemente por un hecho. Hace muchos años –y ello está vinculado a lo que ha mencionado el señor senador Rodríguez Camusso con relación a la actividad periodística de Onetti en el diario «Acción»- fui su compañero de trabajo en dos niveles totalmente distintos como es natural. Pero, en esta oportunidad no puedo dejar de recordar lo que eran aristas realmente significativas de la personalidad de Onetti: su sencillez –nunca confundible, en su caso, con la simpleza- su «bonhomía», su infinito calor humano para con sus compañeros de trabajo, entre los que él se distinguía con mayúscula y, en la tarea periodística, la calidad de improvisar algunas notas de forma verdaderamente genial. Así, cuando la Unión Soviética lanzó al espacio un sputnik con una perra llamada Laika, que murió en el experimento, Onetti, con la noticia telegráfica en la mano y ya sobre el cierre de la edición del diario, redactó una nota titulada «Requiem para una perra», que fue realmente de antología.
Aparte de todo lo que pudiera decir quien estuviera en condiciones de hacerlo –no es mi caso- esto revela que, junto con toda su obra de novelista, de cuentista –en cuyo desarrollo, seguramente, hay tiempo para la meditación- él también tenía, además, de sus excepcionales condiciones de escritor y, en este caso, periodista, la genialidad de poder improvisar en pocos minutos, ya que la aludida nota fue un deleite para todos aquellos que la leyeron.
Junto con ese antiguo compañero de trabajo de fines de la década del 50, con ese hombre que solíamos ir a tomar un café después de cumplida la tarea, se encontraba Manuel Flores Mora, padre de quien hoy está presidiendo la sesión, que era amigo y admirador de Onetti, que tenía con él un diálogo muy fluido y al que sólo le escuché decir palabras de elogio sobre esta personalidad que hoy homenajeamos.
Es a esa figura, a ese compañero, a ese ser humano al que nosotros, los muchachos jóvenes que en aquel entonces trabajábamos en el diario, aprendimos a querer mucho –más allá de su calidad literaria y periodística– y al que deseo evocar esta noche, manifestando mi adhesión a la propuesta de homenaje realizada por el señor senador Rodríguez Camusso.
SEÑOR TOURNE.- Pido la palabra.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.
SEÑOR TOURNE.- No quiero dilatar la votación de este justificado y merecido homenaje que ha tenido la feliz iniciativa de traer al plenario el señor senador Rodríguez Camusso. El ha hecho una elegía y ha realizado un profundo análisis de la trascendente obra de este gran escritor uruguayo que es, sin duda, una figura de relevancia a nivel mundial. Se trata del más grande escritor uruguayo de este siglo quien de alguna manera ha adquirido esa dimensión por ser el reflejo o la visión del pensamiento y de la literatura latinoamericana.
Creo que, tal como se ha señalado en este debate, las circunstancias de orden personal determinan todas esas cosas que no dejan instancia para la reflexión. Por eso, me pregunto cuán hondamente, un hombre como él, de su inmensa calidad humana y moral, pudo haber sido sacudido por los desbordes de la dictadura que llevaron a un juicio negativo, sobre su país trascendiera a tal punto. Más tarde, con el advenimiento de la democracia y como consecuencia de gestiones realizadas por Manuel Flores Mora existió un compromiso que tuvo su expresión pública en el hecho de que Onetti regresara al país y se incorporara a la vida nacional. En ese sentido obtuvimos por distintas circunstancias, una negativa que deja una visión pesimista sobre el Uruguay.
De alguna manera, la personalidad de una vida entregada a la creación, en una bohemia que trasciende, inclusive, lo que es la propia proyección vital, se refleja en lo que hemos conocido a través de distintos reportajes que se han publicado en los últimos tiempos.
Este es el aspecto humano, que en nada desvaloriza su gran amor por el país, las cosas que él ha exaltado y lo que su obra significa, como motivo de verdadero orgullo para las letras nacionales.
Por lo tanto, sumo mis palabras a las que, con tanto acierto, ha pronunciado el señor senador Rodríguez Camusso. Al mismo tiempo, expreso que voy a acompañar con mi voto el homenaje propuesto y me sumo, repito, señor Presidente, a la importancia y trascendencia que tiene el hecho de que el Senado se asocie a una instancia tan importante de la vida de este escritor.
SEÑOR PRESIDENTE.- Si no se hace uso de la palabra, se va a votar la moción presentada por el señor senador Rodríguez Camusso.
(Se vota:)
-16 en 16. Afirmativa. UNANIMIDAD.