Francisco Arias Solis
“Esta sobrevida es lo primero que debo a los españoles. Estos años de regalo, en los cuales he vuelto a escribir con ganas, después de mucho tiempo de no hacerlo. He creído gracias a esta tierra generosa, que todavía tenía algo que decir, un penúltimo grano de arena.”.
Juan Carlos Onetti.
El carácter fundamental de la narrativa de Onetti es la continua proyección imaginativa, la continua afirmación de los poderes de la ficción De tal suerte, su narrativa se convierte en el ritual de rehacer el mundo a imagen de ideales inalcanzables, ficción que se sabe ficción y es, ante todo, una tentativa de transformar las desgracias cotidianas en arte.
Antes del obligado exilio de Juan Carlos Onetti en Madrid en 1975, la lectura de su obra narrativa era un privilegio de minorías. La reedición de sus libros en España y el otorgamiento del codiciado Premio Cervantes en 1980, le confirieron la proyección internacional que su talento de escritor ampliamente merecía. “Yo soy amigo –nos dijo Onetti- de todos los del boom: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes... Pero fui arrastrado por el boom , porque después del éxito de Gabo los españoles se preocuparon de buscar otros escritores latinoamericanos”.
Juan Carlos Onetti Borges nace en Montevideo el 1 de julio de 1909. Muy pronto abandona los estudios secundarios para trabajar en los más diversos oficios –portero, mozo de cantina, vendedor de entradas en el Estadio Centenario, empleado de una empresa de neumáticos- hasta desembarcar en su actividad periodística al filo de los treinta. En 1930 se casa con su prima, Maria Amalia Onetti, y se traslada con ella a Buenos Aires, residiendo alternativamente en las dos ciudades, Montevideo y Buenos Aires. En 1934 de regreso a Montevideo vuelve a contraer matrimonio, con María Julia Onetti, hermana de su primera mujer, de la que se había separado un año antes. Cuando en 1936, Franco se alza en armas contra la República española, trata (infructuosamente) de enrolarse en las Brigadas Internacionales que apoyan a la República. Fue secretario de redacción del semanario Marcha, de Montevideo, la publicación más prestigiosa de América Latina y de la revista argentina Vea y Lea. En Buenos Aires trabajó para el periódico Acción y fue corresponsal de la agencia de noticias Reuter. En 1945 contrae nuevamente matrimonio con una compañera de trabajo de la agencia Reuter, Elizabeth María Pekelharing. A fines del años 1955 contrajo matrimonio por cuarta vez con la joven argentina de ascendencia alemana Dorotea Muhr (Dolly), su compañera hasta el final. Fue nombrado director de Bibliotecas Municipales en Montevideo en 1957 y formó parte de la dirección de la Comedia Nacional. En 1962 obtiene el Premio Nacional de Literatura de Uruguay. Su novela El astillero fue galardonada en Italia, en 1975, con el premio al mejor libro extranjero, ese mismo año, llega a Madrid invitado por el Instituto de Cultura Hispánica y fija su residencia en la capital de España. Juan Carlos Onetti fallece en Madrid el 30 de mayo de 1994.
En 1939, Onetti publicó su primera novela, El pozo, que marca un hito en la narrativa rioplatense e hispanoamericana por la renovación de técnicas y enfoques narrativos. Su obra, que algunos críticos califican como existencialista y otros como de la angustia, tiene influencias de Faulkner, Céline y Conrad y refleja el drama en que vive el individuo de la ciudad moderna, haciendo uso de un estilo denso, indirecto y opaco. Publicó después Tierra de nadie (1941) y Para esta noche (1943), una mirada sobre la dictadura. En esta última obra nos presenta el dramático ambiente de una ciudad sitiada en Europa. Onetti, con un estilo conciso y tajante, nos relata “la historia interna de un hombre que busca escapar de la muerte, suelto y prisionero”, explicándonos su obra como “un cínico intento de liberación”.
La vida breve (1950) es la novela que inicia el periodo de madurez creadora de Onetti. Es, además, la matriz genética de un espacio privado, la fantasmal ciudad de Santa María, con sus propias tradiciones, historias y habitantes. A partir de La vida breve, los relatos de Onetti se entrecruzan , complementan y prolongan, como si fueran fragmentos de una historia más vasta, y componen un ciclo narrativo –la saga de Santa María, como ha venido llamándosele –que llegó a una admirable culminación en sus principales novelas, El astillero (1961) y Juntacadáveres (1964), y se cierra definitivamente en Dejemos hablar el viento (1979), donde Santa María arde, devorada por el fuego purificador, la irónica “operación limpieza” fraguada por el mismo narrador. Destacan además: Los adioses (1954), Para una tumba sin nombre (1959), La cara de la desgracia (1960), El infierno tan temido (1962), Tan triste como ella (1963), La muerte y la niña (1973), Tiempo de abrazar (1974), Presencia y otros cuentos (1986) y Cuando entonces (1987). En 1974 publicó sus Cuentos completos.
Una y otra vez Onetti nos hace participes de su asombro –de su “triste asombro” como dice el narrador de La cara de la desgracia- frente al hostil vacío del mundo. La representación de un mundo sórdido y corrupto, de una forma de la existencia que responde a móviles degradantes –la conciencia de la marginalidad, la inutilidad del esfuerzo, la imposibilidad del amor, la inevitabilidad del fracaso- determina un contexto espectral, un orden de cosas irremediables y sin sentido.
Cada novela de Onetti es un intento de implicarse, de introducirse de lleno y para siempre en la vida. El novelista uruguayo nos dejó dicho: “Yo quiero expresar nada más que la aventura del hombre”.