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Quien busque a Onetti lo hallará

Pedro Silva

Las obras del creador de Santa María, la ciudad imaginaria en la que vivió, no se han reeditado y es todo un desafío conseguirlas.

Quien busque a Juan Carlos Onetti en las librerías de Montevideo tarde o temprano lo encontrará. Esa sería la síntesis de un periplo bibliográfico sobre el creador de Santa María, realizado a partir de la inquietud de un joven que quiere leer su obra de manera cronológica, sin dejarse guiar por la fama ni las recomendaciones ajenas.
La tarea no es sencilla porque las obras de este uruguayo que murió el 30 de mayo de 1994 en Madrid, después de un exilio de casi 20 años, no han sido reeditadas, salvo honrosas excepciones y dudosas procedencias. “Prefiero que no me paguen los derechos de autor de algunas obras, pero que se lean”, se le escuchó comentar a Dolly Muhr, la viuda de Onetti, con el que compartió 39 años de vida. El escritor había nacido en Montevideo en 1909.
Otro escollo habrá de vencer el buscador de Onetti: el precio que deberá pagar por los libros que encuentre para ir completando su biblioteca, pues al no ser reeditado, las obras se cotizan. Ni hablar de las primeras ediciones, que en un escritor como el autor de El astillero, abundan. Paradojas del destino, pues apenas el ávido lector acelere el paso se encontrará con esas maravillas de las décadas de 1950 y 1960. A buenos precios, como para darse un gusto.
Breve perfil. El futuro lector de Onetti puede plantearse, de entrada, la pregunta acerca de cuáles fueron los temas que abordó aquel a lo largo de su extensa obra. Hortensia Campanella, responsable de las Obras Completas, cuyo primer tomo acaba de salir a la venta, comentó a El Observador que una parte de las inquietudes que Onetti reflejó en sus libros fue “existencial: el sinsentido de la vida, la idea de que todos nacemos con una condena a muerte. Eso le pesaba en sus conversaciones. Y tenía la preocupación ético-política, donde lo que más le indignaba era la injusticia. Estaba siempre del lado del más débil”.
Para Campanella, que también vivió en Madrid y frecuentó al escritor hasta construir una amistad familiar, “en lo literario, su centro fue la constante búsqueda. Onetti decía: ‘Estoy disconforme con lo que escribí´, y por eso no leía sus cosas. En otras ocasiones, decía: ‘Qué bien escribiste, Onetti. Nunca más lo harás igual´. De ahí su búsqueda”.
Campanella, quien en la actualidad es la directora del Centro Cultural de España, recordó que Onetti repetía un consejo que había tomado del gran escritor argentino Julio Cortázar: hay que leer mucho, escribir mucho y romper mucho, que de alguna manera resume “la insatisfacción y las ganas” que depositaba en la literatura y el oficio de escribir.
En el texto inédito III. Credo, que apareció en el libro Onetti (Biblioteca de Marcha, 1973), el propio escritor se define. Le dicen: “Muchos se han referido a un Onetti sombrío e impiadoso en sus novelas, pero esa imagen poco tiene que ver con quien las escribe. ¿Qué opina Onetti de ese Onetti?”. Él responde: “Mirá, pibe. Cuando yo me pongo a escribir es la hora de la verdad, y con la verdad no hay cuentos chinos”.
Y luego agrega: “Acepto que mi literatura sea de esa manera, como la describen, pero no hay ninguna contradicción. Es aquel famoso ‘distanciamiento´ del que hablaba Brecht. Solo que Brecht lo decía casi como un dogma, y en mí, cuando escribo, no hay ningún dogma. Pienso que la vida es así; si hay ternura, sale, si hay posición política, sale, quiera o no lo quiera el autor. Pero esas cosas no hay que proponérselas, van a aparecer solas, siempre y cuando estén en la vida”.

Por las librerías.
El futuro lector de Onetti fue a la biblioteca de su padre y tuvo suerte, pues encontró una edición de El Pozo, la primera novela del escritor, publicada en 1939. En este caso, es el número 48 de la Enciclopedia Uruguaya, de editorial Arca, de setiembre de 1969, con una introducción que reproduce opiniones de algunos contemporáneos –Homero Alsina Thevenet, Eduardo Galeano, Clara Silva, Alberto Oreggioni, Carlos Maggi y Mario César Fernández– acerca de esta obra que Onetti extravió y reescribió 10 años después.
Termina de leer esas 19 páginas de formato alargado y va en busca de Tierra de nadie (1941), pero no lo encuentra. Sigue hacia La vida breve (1950). Tampoco está, así que decide iniciar su periplo por las librerías montevideanas, con el convencimiento de que no puede introducirse en la obra de Onetti pasando por alto la obra en la que el escritor crea Santa María. Siempre decía: “Creo que a Santa María la fabriqué como compensación por mi nostalgia de Montevideo”.
Luego de preguntar sin suerte en varias librerías, un día se encontró, en una vidriera de libros incunables, la primera edición de La vida breve, de la editorial Sudamericana. Al preguntar su precio, primero se sorprendió y luego lo valoró: $ 2.400. Llegó a su casa y dijo el consabido: “Si me quieren hacer un regalo para Navidad”. Y prosiguió la búsqueda.
Empezó a preguntar en distintas librerías por las obras de Onetti. En una le ofrecieron reediciones sencillas de El astillero (Colección Onetti, Arca), en otra la primera edición de Para una tumba sin nombre (Bolsilibros Arca, 1959). En el anticuario de la Feria del Libro halló una joyita: Novelas cortas completas (Monte Ávila, Colección Prisma, 1968), a $ 380. Otro día empezó a mirar las vidrieras de las librerías de la calle Tristán Narvaja, bajando desde Colonia y vio en dos vidrieras los Cuentos Completos, editados por Alfagura, a $ 400. Usados, claro. En otra librería preguntó por Miradas sobre Onetti, otra publicación de esa editorial, que apareció tras la muerte del escritor. Le pidieron $ 860.
Roberto Cataldo, el infatigable dueño de El Galeón, la librería de Juan Carlos Gómez, entre Sarandí y Buenos Aires, despliega más de 20 libros de Onetti sobre una mesita. Sería la envidia del joven lector. Tiene este librero las primeras ediciones de El Pozo (Signo, 1969), La vida breve con las hojas sin abrir, Un sueño realizado y otros cuentos (Revista Número, 1951), Los adioses (Sur, 1954), Una tumba sin nombre, sin el ‘Para´, editado por Marcha en 1959, Juntacadáveres (Alfa, 1964) y Tierra de nadie (Ediciones de la Banda Oriental, 1965), por mencionar algunas.
“A un joven que quiera leer a Onetti le diría que recorra y busque. Que busque, que va a encontrar”, comentó Cataldo, que con su editorial publicó en 2001 una edición facsimilar y numerada de los siete únicos números de La Tijera de Colón, la primera revista en la que colaboró Onetti, en 1928.
Después de ese recorrido, el futuro lector de Onetti puede sentir que ha entrado en su mundo y conoce los caminos para acceder a la obra del ganador del Premio Cervantes en 1980.
“¿Cómo le gustaría que la gente recordara a Onetti?”, le preguntó El Observador a Dolly Muhr, en una entrevista publicada el 10 de marzo de 2002. “Como un uruguayo de alma que nunca se fue de su país. Juan estaba dentro de Santa María en Madrid”.
“Todo gran escritor tiene su edición de las obras completas”, dijo a El Observador Hortensia Campanella. Es que acaba de aparecer en las librerías montevideanas el primero de tres tomos de las Obras Completas de Juan Carlos Onetti, editado por Galaxia Gutenberg, bajo la responsabilidad de Campanella. Reúne las primeras cinco novelas del creador de Santa María –El pozo, Tierra de nadie, Para esta noche, La vida breve y Los adioses–, un anexo con fragmentos de Tiempo de abrazar, un preámbulo de Dolly Muhr, la viuda del escritor, una introducción de Campanella, un prólogo de Juan Villoro, una cronología de la vida de Onetti y Notas a la edición.
El libro fue impreso en España, es una edición de lujo con tapa dura y cubierta, tiene 970 páginas y cuesta $ 1.950. “La idea es que aparezca el segundo tomo en febrero próximo y el tercero al año siguiente”, comentó Campanella.
Ya se conoce que el tomo II contendrá el resto de las novelas y el tercero los cuentos, artículos y misceláneas, “donde publicaremos curiosidades, textos poco conocidos y otros perdidos en revistas y diarios”, comentó Campanella.




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