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informe onetti

Pablo Silva 

Gente, la movida fue más que un éxito: fue una maravilla. Lo de Tabaré fue espectacular -en más de un sentido-; su gesto -el primer gesto público como presidente electo- rompe con una tradición de al menos 40 años de desprecio gubernamental a la cultura.

Si habláramos sólo de las ponencias y del nivel teórico que se alcanzó, podríamos felicitarnos y decir tarea cumplida, pero ésa fue sólo la parte exitosa; el resto fue simplemente una maravilla. En particular, la mesa del Onetti cotidiano, que moderó particularmente bien Mario Delgado, alcanzó un grado de emoción tal que a muchos nos costó mantener el tipo.

Oír a Litty, la hija de Onetti, manifestar con escueta y sobria precisión que "es la primera vez que hablo en público de cosas que me importan": "mi padre me dio un mandato: "no habrá ningún otro" y  ése es un mandato jodido", o "para sobrevivir como hija de Onetti tuve varias estrategias, la primera fue ignorar su existencia durante quince años, considerarme sólo como la hija de la Holandesa. Fue una estrategia exitosa" fue muy fuerte.
Dijo más, mucho más; a varios se nos hizo un nudo en la garganta: la figura del Onetti padre, del Onetti persona -aunque algunos críticos lo nieguen, detrás de toda literatura hay una persona- se hizo vívida, tanto como la de esa hija que sin alterar la voz ni bajar la mirada, sin ninguna grandilocuencia, confesó haber llegado entera a lo largo de un extenso camino vital hasta ahí, hasta esa mesa, hasta ese momento, para poder decir en público que sus padres -su madre y su padre- eran seres puros.

No sólo nos emocionamos los presentes, los más de 300 presentes que en silencio escuchamos cada una de esas palabras, de esa operación a corazón abierto, sino que por la noche me encontré con una periodista radial, Claudia Mignone -nos había hecho una entrevista muy linda el jueves- que me confesó haber llorado en su casa: lo oyó por fm Claridad, que transmitió en directo la mesa del Onetti cotidiano.

Pero si bien esto fue lo más fuerte, lo que justificó todos los esfuerzos, también hubo otras maravillas:
– los poetas leyendo en una Plaza, Manuel Lobo, surcada por turistas asombrados que seguían su camino.
– el cierre de la Movida el sábado, con el teatro y la danza y sobre todo la actuación fabulosa de Ileana López, una actriz-cantante con notable vis cómica para el tango satírico, que por momentos me recordó a Nacha Guevara, y que se retiró entre aplausos y pedidos de bises
– la exhibición del video de la entrevista de Onetti en el Politécnico, la visión de Dolly sonriendo y abrazándose a sí misma frente a la imagen dura del Gran Tímido que desacomoda al periodista con dardos de ironía; y las risas de los gurises del Cerp que colmaban la sala: captaron de un modo sorprendente cada matiz cómico, cada línea irónica del hombre adusto que fumaba un cigarrillo tras otro..

En fin, estas son las cosas de la maravilla, uno se pone a contarlas y no para más. Le dije a Laura Novic, una profesora del Cerp, que de todo esto se hablaría en Colonia durante bastante tiempo, y ella, con sonrisa de satisfacción, se limitó a asentir.

En el "Debe" -nunca mejor dicho- estuvo el gran margen de incertidumbre conque debimos manejarnos en lo que respecta a dinero, a la plata. Anduvimos justos, y en un momento, hacia el mediodía del sábado, caímos en default: después del candombe, Helena se me acercó y me dijo "necesito 500 pesos" Yo respondí "ya no me quedan ni 20". Había que pagar a la cuerda de tambores. Por fortuna, cuando todos se habían marchado y ya casi no quedaba nadie, y antes de que Yábor, el cantante, me ahorcara con su cuerda de tambores, aparecieron las estudiantes del Cerp que se habían encargado, ese día, de vender los libros de Onetti que había donado Dolly (y que llegaron desde Madrid gracias a las gestiones de Hortensia Campanella) y me dieron los 3800 $ que se habían recaudado ese día y que -literalmente- nos salvaron la cara (en este caso, la mía).

Con eso, y con lo que se había vendido el día anterior, se pudo pagar los alojamientos a los panelistas invitados y a los artistas. (Atención, es de destacar que muchos panelistas, enterados de lo difícil de las finanzas pagaron, sin decir nada, sus habitaciones).

En fin, hay muchísimo más para contar, pero creo que no se debería andar tan justo en el tema del dinero: hay que decir, cuando saldemos todo, que muchos compañeros de la comisión organizadora no sólo pusieron un gran esfuerzo personal e inmensas cantidades de tiempo que sustrajeron a sus ocupaciones cotidianas (son los famosos ladrones de tiempo) sino que pagaron de su propio bolsillo materiales o se hicieron cargo de gastos (pienso en Matías Prado o Tabaré Gonella, aunque en este último caso fue recompensado con el disfrute, durante las nueves horas que  nos llevó armar la ExpOnetti, de la batería ininterrumpida de mis chistes y acotaciones humorísticas);

En fin pienso que se deberían reintegrar este tipo gastos.

Por último, un recuerdo: cuando el lunes 26 de julio  de este año nos reunimos en casa de Inés para, entre otras cosas, planear la movida Onetti, se planteó, con fundadas razones, que la Casa no estaba en condiciones de organizar nada, y menos a 180 km de Montevideo: no teníamos dinero (en caja había $ 1200), no teníamos gente atrás(no se hacían asambleas, a las charlas de la Taberna había ido un promedio de quince integrantes de la Casa), ni gente adentro; ni siquiera podíamos reunir a la directiva (esa reunión, la del 26 de julio, fue de "directiva ampliada", y éramos siete).

Sin grandes espónsor -y con algunos auspiciantes chicos decididamente rácanos, como por ejemplo Mosca, que nos negó unas cartulinas rojas que necesitábamos para la Expo con el argumento de que "esas son muy caras, valen casi cien cada una"-, con gran esfuerzo y un asociación inverosímil de situaciones propicias  y de entusiasmo, logramos algo que parecía difícil de imaginar en ese momento: que la Casa organizara un evento que superase los anteriores, y con el que se superase a sí misma (la participación de los Cerp de Colonia, Maldonado, Salto, fue crucial);

Ha sido un crescendo no planificado y que anoto -no sé si están todos- a vuelo de pájaro: Letras por kilo, Homenaje a Macedo en Migues, con donación de cientos de libros, como también a Paso de los Toros, y la creación de una biblioteca en el Asentamiento 8 de Maldonado, Encuentro Literatura y Mujer y las charlas sobre Identidad en la TAberna.

En lo próximo, queda terminar de construir el local,  donde se podría colgar la Exponetti -porque la vamos a hacer acá, en Montevideo- ampliándola, claro, y si conseguimos plata, en ciudades del interior.

Gerardo Ciancio, que ahora es director del Cerp de Maldonado, ofreció la infraestructura y el entusiasmo de los estudiantes -el de él también, eh- para hacer algo allá.

Creo que la clave de la gestión cultural próxima es aprovechar toda infraestructura estatal ociosa: alojamientos, transportes, salas de exhibición, el interior está lleno de eso -la mayor parte de las veces, vacío y ocioso.

Hace falta simplemente que los gobernantes no hagan lo que nos hizo la Intendencia de Moreira en Colonia: trancar.

Lo demás -si se consigue algún espónsor mejor- sale solo.

Bueno, si llegaron hasta acá, aporto un último dato, que sorprendió a la gente de Colonia: la cantidad de asistentes, preveíamos -cálculo optimista- unos 200, se superó los 300 (no sé la cifra exacta), la mayoría jóvenes.

Vino un ómnibus del Cerp de Maldonado (con 33 estudiantes), de Salto vinieron 25 estudiantes, en el ómnibus de la Universidad viajaron 44 amigos y compañeros de la Casa, otros 40 en el que fletó el Blanes... esto explica en parte que la cifra de asistentes fuera tan alta. Lo otro fue el entusiasmo y el interés de los gurises, que se bancaron la maratón de ponencias del viernes -4 mesas, 18 ponencias-.

Buéh, habría que agradecer a mucha gente de Colonia (Sonia Calcagno, Guillermo, el compañero de Helena, etcétera larguísimo) pero antes de quedarme corto, corto por acá.

salú a todos
(y festeje, pereira, festeje)

pablo

pd: se lo extrañó pereira, lo mismo que a don elbio chítaro; el consumo de cerveza bajó a mínimos históricos.




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