Reflexiones

Reflexiones de un revistero

Juan Carlos Onetti

Ocupar un sitio microscópico en una revista de literatura cuya existencia parece largamente asegurada –dentro de las seguridades humanas– es cómodo y gratificante. Uno cree estar prestando un cierto apoyo a las buenas letras y son mínimos los sacrificios.

Reflexiones de un perdedor

Juan Carlos Onetti

Cuando la gente habla de la obra genial de Proust, sin el requisito de haberla leído, claro, está pensando que el título En busca del tiempo perdido significa -como es verdad- que el autor quiso rescatar las horas desperdigadas en celar a Albertina o divagar por los salones del fauburg St. Germain. También las horas de su infancia, pubertad y adolescencia: cuando amaba con forzoso y empecinado platonismo la palabra Guermantes, toda la riqueza poética y heráldica que le daba belleza y erotismo y que sustituía con buen éxito a la misma duquesa, compendio enteramente satisfactorio de un estrato social.

Reflexiones treintañales

Juan Carlos Onetti

Tarde en mi vida he llegado a comprender que también yo estoy asistido por el privilegio de encontrar manuscritos anónimos y bien conservados. El truco ha sido tan fatigado en tareas literarias que no podré evitar un poco de vergüenza al transcribirlo. Pero en este caso me salva la obligación de un cumplimiento. Y ahora copio adecuadamente los amarillentos pergaminos que el ignoto viajero olvidó en un arca que acaba de rematarse en la almoneda de Sotheby´s en Londres.

Reflexiones sobre noticias

Juan Carlos Onetti

Estas primeras líneas las dedico a quienes hayan leído Historia universal de la infamia, el libro de Borges que prefiero. A quienes no, les aconsejo correr a una librería y regalarse el gozo de leer y releer sus magníficas páginas. Buen principio para año nuevo.

Reflexiones sobre humanidad

Juan Carlos Onetti

Comienzo estas líneas con el reproche que me nace desde los huesos y la memoria; e insiste: estoy plagiando. Tal vez se trate, en verdadera literatura, de un pecado grave pero que en nada molesta a un artículo que se proclama periodístico.

Reflexiones sobre escaleras

Juan Carlos Onetti

Nunca pude averiguar si la orden partió de Hendaya, Canarias o Salamanca. Pero la verdad es que fue obedecida. Has en Japón. Pero por razones de fatiga me detengo en nuestros vecinos. Y así, obedientes, los franceses inventaron sin descanso y prosiguen. Lo que no fue invención, indiscutiblemente nacional, fue adoptado y expandido a todo el mundo occidental, que lo recibió con júbilo. No se descarta la repercusión en algún continente llamado "de monos" por el mal humor de don Pío Baroja.

Reflexiones de un visitado

Juan Carlos Onetti

Hace unos meses escribí un artículo sobre los exiliados. No hacía referencia concreta a la gente que ha tenido que venir del Cono Sur porque no deseaba dar ningún matiz político a lo que estaba redactando. Preferí hablar de los diversos exilios que sufre todo ser humano, por su propia condición, en cualquier lugar de la tierra. Porque aun en estado de trance, de sedentarismo absoluto, las células prosiguen implacables su tarea de muerte y renovación. En resumen, se van exiliando, lentamente en casos de buena salud.

Reflexiones de un testigo

Juan Carlos Onetti

Yo sabía por don Pío Baroja: con sangre no hacen novelas, sólo morcillas. Pero sí hay escritores, y muchos tal vez los más importantes y menos literatos, que otorgan o imponen un sitio preferencial a su labor, sintiéndola en la cúspide de su existencia personal. Y si no con sangre, a veces escriben con sacrificios dolorosos, con mutilaciones vitales.

Reflexiones de un reexiliado

Juan Carlos Onetti

Arrastrado por otro congreso literario, estoy en Tierra Caliente, sin niña Chole ni padre incestuoso y temible. Tampoco cultivo la esperanza de ser nombrado, ni autonombrarme Capitán General. Sin embargo, se trata de una auténtica sonata de estío hecha por el paisaje, los torvos pájaros y el sol que ya tiene en literatura su propio adjetivo inseparable: implacable.

Reflexiones de un Presidente

Juan Carlos Onetti

El título no debe asustar a nadie ni aumentar el susto de los asustados. Tampoco, lo ruego, deben iniciarme un proceso por usurpación.
Como se verá. La explicación es sencilla: acudí a un congreso sobre el cuento latinoamericano y en un momento de debilidad me nombraron presidente.

Inhalt abgleichen