Juan Cruz
"Yo escribo por ataques: a veces me paso meses y meses y no se me ocurre nada. Pero siempre sé que va a volver, que siempre volverá. Y vuelve: en el momento más inesperado el tema llega y lo domina a uno. Cuando uno se pone a buscar el tema, como hacen algunos que no quisiera nombrar, pensando que está bien escribir esto y mal lo otro, entonces uno no es un artista. Podrá ser un correcto escritor, pero no un artista". Anoche, repasando libros de Onetti, cuyo centenario será en julio de 2009, me encontré esa perla de su rabia literaria; estaba en un libro de María Angelica Petit y Omar Prego, Onetti o la salvación por la escritura, editado por la Sociedad Española de Librería en 1981; estaba en los libros que me traje ahora de Madrid, y ahí floreció esa frase, que tanto tiene que ver con aquella postura indomable, y rabiosamente literaria, recluida, radical, del maestro uruguayo. Onetti vivía literalmente de espaldas al mundo, de sus incitaciones vanidosas, cultivando una escritura salvaje, propia; se negaba al brillo y a la superficialidad, y su risa era pura, como la risa de una máscara trágica y solitaria. Se reía de lo solemne y de lo abstruso, y estaba ahí, echado, esperando que el tiempo hiciera su trabajo, y mientras escribía sobre agendas usadas libros conmovedores y extraños. Un escritor. Es decir, un artista.