Trabajó en la revolución literaria. Según Rayuela, novela de Julio Cortázar, un conductor distraído, en el centro de París, inició el final del proyecto antes de que se hubiera realizado. Era una especie de ídolo del Club de la Serpiente, un grupo de "escritores sin editorial, pintores sin galería" como escribe Onetti en Montaigne.
Los fragmentos, borradores y discusiones de Rayuela son la fuente principal de información sobre Morelli. Muchos lo conocen o lo conocieron sólo como personaje literario.
Cortázar lo había conocido en Buenos Aires a principios de los años cuarenta, "mucho antes de que Cortazár hubiera escrito una sola frase, mucho antes de que Cortázar fuera Cortázar". En aquel entonces Cortázar era profesor, él periodista. De vez en cuando Cortázar lo llamaba "el más grande novelista latinoamericano". Con Rayuela le rindió homenaje a él, a su modelo inalcanzado. Y a la vez realizó uno de los intentos, hasta hoy en día más amenos, de describir, de circunscribir aquella revolución literaria.
A continuación un fragmento de los borradores de Morelli, seguido por fragmentos de una discusión sobre Morelli, ambos tomados de Rayuela.
"Provocar, asumir un texto desaliñado, deanudado, incongruente, minuciosamente antinovelístico (aunque no antinovelesco) Como todas las criaturas de elección del Occidente, la novela se contenta con un orden cerrado. Resueltamente en contra, buscar también aquí la apertura y para eso cortar de raíz toda construcción sistemática de caracteres y situaciones. Método: la ironía, la autocrítica incesante, la incongruencia, la imaginación al servicio de nadie. Una narrativa que no sea pretexto para la transmisión de un mensaje [...] Internarse en una realidad o en un modo posible de una realidad, y sentir cómo aquello que en una primera instancia parecia el absurdo más desaforado, llega a valer, a articularse con otras formas absurdas o no [...]"
[...] Morelli entiende que el mero escribir estético es un escamoteo y una mentira, que acaba por suscitar al lector-hembra, al tipo que no quiere problemas sino soluciones, o falsos problemas ajenos que le permiten sufrir cómodamente sentado en su sillón, sin compromterse en el drama que también debería ser el suyo.
[...] Lo único claro en todo lo que ha escrito el viejo es que si seguimos utilzando el lenguaje en su clave corriente, con sus finalidades corrientes, nos moriremos sin haber sabido el verdadero nombre del día. Es casi tonto repitir que nos venden la vida, como decía Malcom Lowry, que nos la dan prefabricada.
[...] Lo que busca Morelli es quebrar los hábitos mentales del lector.
[...] Cualquiera se da cuenta de que Morelli no se complica la vida por gusto, y además su libro es una provocación desvergonzada como todas las cosas que valen la pena.
[...] La técnica narrativa de tipos como Morelli no es más que una incitación a salirse de las huellas.
[...] No se trata de sustituir la sintaxis por la escritura automátca o cualquier otro truco al uso. Lo que él quiere es transgredir el hecho literario total, el libro, si querés. A veces en la palabra, a veces en lo que la palabra transmite. Procedde como un guerrillero, hace saltar lo que puede, el resto sigue su camino. No creas que no es un hombre de letras.
[...] Tu dirás lo que quieras, pero ninguna revolución de verdad se hace contra las formas. Lo que cuenta es el fondo, chico, el fondo.
[...] Sin contar que el distingo entre fondo y forma es falso. Hace años que cualquiera lo sabe. Distingamos más bien entre elemto expresivo, o sea el lenguaje en sí, y la cosa expresada, o sea la realidad haciéndose conciencia.
[...] Como quieras. Lo que me gustaría aber es si esa ruptura que pretende Morelli, es decir la ruptura de eso que llamas elemento expresivo para alcanzar mejor la cosa expresable, tiene verderamente algún valor a esta altura.
[...] Probablemente no servirá para nada. Pero nos hace sentirnos un poco menos solo en este calejón sin salida al servicio de la Gran-Infactuación-Idealista-Realista-Espiritualista-Materialista del Occidente, S.R.L. – Y hay otra cosa. Lo que él persigue es absurdo en la medida en que nadie sabe sino lo que sabe, es decir una cicunscripción antropológica. Wittgensteinianamente, los problemas se eslabonan hacia atrás, es decir lo que un hombre sabe es el saber de un hombre, pero del hombre mismo ya no se sabe todo lo que se debería para su noción de la realidad fuera aceptable.–
Basta de referencias.
No todas las partes referidas a Morelli resisten una comparación filológica severa con el "original". En muchas ocasiones se nota claramente que Morelli ha sido tan sólo el punto de partida de aquellas reflexiones literarias desarolladas en Rayuela. Y con toda razón este libro se publicó como novela, es decir, como libro de ficción, ya que ni los hechos se presentan siempre del todo correctos. Lo que Cortázar a la hora de escribir no podía haber sabido ni previsto – se lo inventó: La muerte, por ejemplo, ocurrió en un hospital de Madrid, y no de París; causada por una cirrosis, y no como consecuencia de un accidente; sólo en el año de 1994, y no a finales de los cincuenta. Finalmente, Cortázar – que por otra parte es muy hábil y siempre listo para citar nombres reales y prestigiosos – había modificado el nombre cambiando las consonantes. Sobre sus motivos sólo se puede especular. Su propia muerte, diez años antes en París, no llegó de golpe, pero sí con rapidez, y no sabemos si Cortázar se llevó su secreto a la tumba, ni siquiera si ni por qué ni hasta cuándo los posibles iniciados lo guardarán.
No hay duda: Morelli escribió textos que producen exclusivamente reacciones radicales; cuya lectura resulta o insoportable o imprescindible. Algunos lo llamaban el lobo estepario de la literatura lationamericana, otros su padrino oculto e inquietante. Es el creador de Santa María, de la envolvente y amedrentadora, aparentamente tan conocida pero jamás tan lograda comunión de paraíso e infierno, y por lo tanto también autor de la novela que termina con el subtítulo de la presente especulación. Su completo nombre verdadero es Juan Carlos Onetti Borges.