Leticia Muñoz
La extensa obra de Juan Carlos Onetti, escritor uruguayo nacido en Montevideo el 1 de julio de 1909, comprende los más diversos géneros literarios, pero es la novela su campo de acción privilegiado; en este sentido, sus primeras creaciones novelísticas lo convierten ya en un escritor admirado por una serie de lectores de su país natal, aunque no consiguiera entonces el reconocimiento internacional que tiene hoy en día. Entre estas primeras novelas, hoy muchas de ellas traducidas a otras lenguas como el francés, inglés, polaco e italiano, pueden contarse: Tierra de nadie (1941), Para esta noche (1943) y Los adioses (1954).
"...En medio de la barahúnda que era el diario en ese entonces, robé el tiempo para escribir una novela, Tierra de nadie (1941) [...] como de costumbre me dieron el segundo premio. Lo cual no me dolió porque yo ya estaba acostumbrado a no ser nunca el primero..."
Entre estas primeras novelas destaca su libro más famoso y que el propio autor considera su mejor novela La vida breve, publicación que el novelista y cuentista da a la luz en 1950.
“...Onetti se retrata con su nombre como personaje secundario, describiéndose: ‘El hombre que me había alquilado la oficina se llamaba Onetti, no sonreía, usaba anteojos, dejaba adivinar que sólo podía ser simpático a mujeres fantasiosas o a amigos íntimos’...”
Jorge Cornejo Polar. Miembro de la Academia Peruana de la Lengua y docente en la Universidad de Lima.
En esta obra Onetti definirá, con toda precisión, esa ciudad mítica de Santa María, donde transcurrirán algunas de sus mejores obras, y donde la respuesta del protagonista a su presente consiste en imaginarse a sí mismo como otra persona.
"...Usted puede ir a Santa María cuando quiera. Y sin que nada le cueste, sin viajar siquiera. Escuche: ... Brausen. Se estiró como para dormir la siesta y estuvo inventando Santa María y todas las historias. Está claro. Pero yo estuve allí. También usted. Está escrito, nada más. Pruebas no hay. Así que le repito: haga lo mismo. Tírese en la cama, invente usted también. Fabríquese la Santa María que más le guste, mienta, sueñe personas y cosas, sucedidos...”
Juan Carlos Onetti: Dejemos hablar al viento. Capítulo XXIII
Completan su mundo novelístico los libros La cara de la desgracia (1960), El astillero (1961), Juntacadáveres (1964), La muerte y la niña (1973), Dejemos hablar al viento (1979) y Cuando entonces (1987), que, de alguna manera, constituyen un ciclo narrativo, con recurrencias de personajes e historias, que se inicia con La vida breve.
"...En primer lugar, en todo el comienzo de la novela, Brausen hace algo muy corriente: se imagina en otra vida. [...] Brausen simplemente se imagina a Santa María, cuando descubre que es un mundo posible, ya puede entrar..."
Otra de las facetas de su actividad como escritor queda representada por sus colecciones de cuentos; entre ellas puede citarse Un sueño realizado y otros cuentos (1951).
"...Un sueño realizado nació de un sueño: vi a la mujer en la vereda, esperando el paso de un coche, supe que también ella estaba soñando..."
Más adelante escribe El infierno tan temido (1962), Jacob y el otro (1965), primer cuento de este libro con el que obtuvo el premio de la revista Life en 1960, Cuentos completos (1967), La novia robada y otros cuentos (1968), Presencia y otros cuentos (1986).
“...Lo más importante que tengo sobre mis libros es una sensación de sinceridad. De haber sido siempre Onetti. De no haber usado nunca ningún truco, como hacen los porteños, o hacían cuando había plata y se lustraban los zapatos dos veces al día. O esa manía de grandeza de los porteños, que siempre hablan de millones ¿no? Tengo la sensación de no haberme estafado a mí mismo ni a nadie, nunca. Todas las debilidades que podés encontrar en mis libros son debilidades mías y son auténticas debilidades...”
Entrevista concedida a Juan Gelman
Luego de su estancia en Argentina, que comienza en 1941, ciudad en la que publica sus artículos en la revista Sur, que dirigía Victoria Ocampo, Juan Carlos Onetti regresa a su país en 1955, colabora en el diario Acción y, en 1957 es designado Director de Bibliotecas en la División de Artes y Letras de la Intendencia Municipal de Montevideo, hasta su renuncia el 4 de marzo de 1975 y contrae nupcias por cuarta vez, ahora con la joven argentina Dorothea Muhr, Dolly, su compañera hasta el final.
“...En los últimos tiempos sueño mucho, y casi exclusivamente con Montevideo y con personajes montevideanos, gentes y lugares: bares donde tenía reuniones con damas, calles. Y tengo la ventaja de que a los pocos segundos de despertarme, el sueño se borra aunque me quede el recuerdo de que sí, soñé. Sí, tengo más sueños de Montevideo que de Buenos Aires. Ahora, claro, la última etapa de vida fue Montevideo, ¿no? De todos modos, tengo una gran nostalgia por Buenos Aires, por una época de mi vida que fue más aventurera, más libre, más entreverada, con más complicaciones nocturnas...”
Entrevista con Jorge Ruffinelli
Ya para 1967 la fama de la obra Onetti va en aumento. Así, participa con su obra Juntacadáveres para el Premio Rómulo Gallegos, pero la crítica favoreció a Mario Vargas Llosa. El escritor peruano, al recibir el galardón por su obra La casa verde en su discurso de aceptación asintió:
"...Otros escritores latinoamericanos, con más obras y más méritos que yo, hubieran debido recibir la distinción en mi lugar; pienso en el gran Onetti, por ejemplo, a quien América Latina no ha dado aún el reconocimiento que merece..."
Aunque Onetti no era amigo de las entrevistas, sí lo era de sus homólogos, los escritores latinoamericanos. Ellos se encargaron, y se han encargado, de difundir y proclamar su obra y evocar su presencia.
Así, Augusto Monterroso escribe un delicado ensayo en el cual evoca la presencia de Onetti en la vida de Tito y de su pequeña hija:
“...Una mañana de 1967 Onetti llegó a mi casa en la ciudad de México. Lo más probable es que él lo olvidara. Yo lo acompañaría a la Universidad de México, en donde grababa un disco para una colección llamada Voz Viva de América Latina. Llegó a mi casa un día, una mañana, en la ciudad de México. En la pequeña sala, una hija mía de meses le llamó la atención. Onetti se acercó a ella. Inclinándose, extendió un brazo y le acarició con ternura la cabeza. En su cuento ‘Un sueño realizado’ alguien acaricia también una cabeza en el final de la vida. De entonces para acá he estado cerca de Onetti, sin que él me viera, en varias ocasiones. El mejor recuerdo suyo que tengo es el de su mano en la cabeza de mi hija en el principio de la vida. ...”
Augusto Monterroso: La mano de Onetti
La amistad también lo unió, muy de cerca, con nuestro escritor mexicano Juan Rulfo.
“...Fui testigo de un momento excepcional: el encuentro de Onetti con otro gran escritor, Juan Rulfo. Ambos se conocían por sus obras desde luego y seguramente por correspondencia y se estimaban mucho, pero no se habían visto nunca. De modo tal que este primer encuentro fue emocionante para ellos y para quienes fuimos testigos, que presenciamos mudos los abrazos largos y cariñosos de dos personas para quienes no era fácil exteriorizar sus sentimientos y luego el inicio de una animada conversación...”
Encuentros. Jorge Cornejo Polar. Miembro de la Academia Peruana de la Lengua y docente en la Universidad de Lima.
De aquellas fricciones que supusieron la ruptura entre nuestro Premio Nobel de Literatura Octavio Paz y el escritor uruguayo, Onetti envía una carta a Paz, el 15 de febrero de 1982, en la cual le dice, entre otras cosas:
“...Querido Octavio Paz: Personalmente, considero un poco absurdo que se haya fraguado una fricción Paz-Onetti. Ignoro qué versiones te llegaron de mi intervención en el jurado para el Premio Cervantes del año 1981. Quiero decirte algunas verdades que son definitivas porque las escribo bajo palabra de honor. Cuando integré el jurado en el último Premio Cervantes supe de inmediato que ya te estaba adjudicado. Luego del fallo asistí a una conferencia de prensa en la que me extendí elogiosamente sobre tu intento, siempre vano, de explicar qué es México y los esfuerzos que tú habías hecho mediante tus libros para también decir a nosotros, hispanoamericanos [...] En esa conversación con periodistas, puedo asegurarte y reiterar que expresé con admiración la calidad de tu obra. Luego de la conferencia un grupo de aprendices de periodistas, siempre jóvenes y simpáticos, me acorralaron asegurando que se veía en mis ojos que yo había votado por Alberti. Un año atrás, tal vez los mismos periodistas me preguntaron que si yo hubiera sido miembro del jurado, por quién habría votado. Les contesté, y espero que también de esto te hayas enterado, que hubiera votado por Octavio Paz. Considero y consideré que tu obra era más importante que la mía porque tú te habías dedicado, con extraordinaria inteligencia y voluntad de comprender, a los problemas de esa tan diversa América en que nacimos...”
En 1985 Juan Carlos Onetti, Premio de la Crítica (1979) y del Gran Premio ese mismo año, a petición del Presidente Electo Julio María Sanguinetti, es invitado a regresar a su país para asistir a las ceremonias de instauración del nuevo gobierno que marca el regreso a la democracia.
Onetti, desde su exilio, agradece la invitación pero renuncia a la idea de volver a su país. Uruguay lo nombra Premio Nacional de Literatura.
El 30 de mayo de 1994, en una clínica de Madrid, esa ciudad que le abrió las puertas en 1975 y en la que publicó sus tres últimas novelas Dejemos hablar al viento (1979), Cuando entonces (1987) y Cuando ya no importe (1993), fallece Juan Carlos Onetti, se dice, sin salir de su cama los últimos diez años de su vida.
Por voluntad del escritor, sus restos fueron incinerados y sus cenizas no serán llevadas a Uruguay.
“...Hoy, diez años después de su partida, el número de lectores de Onetti sigue creciendo, a la par que siguen apareciendo estudios –algunos excelentes como los de Josefina Ludmer, José Pedro Díaz, Fernando Aínsa y Hugo Verani– acerca de su obra. [...] No siempre ha sido así. Al comienzo sólo algunos críticos como los uruguayos Ángel Rama, Jorge Ruffinelli y Emir Rodríguez Monegal reconocían su genio...”
Encuentros. Jorge Cornejo Polar. Miembro de la Academia Peruana de la Lengua y docente en la Universidad de Lima.