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Simplemente, Onetti (Reciente reedición de toda su obra)Patricio Paredes Cid Juan Carlos Onetti es uno de los escritores más originales de la lengua española. Dueño de un universo propio, y de una redacción desgarradora e impecable, el uruguayo se ubica dentro de los mejores escritores del siglo XX. No fue un narrador masivo. Nunca buscó premios ni aplausos. Tampoco fue un mártir, ni menos un santo. Su trabajo estuvo marcado por la honestidad, por una literatura sin concesiones. En Argentina comenzó a reeditarse toda su contenida, pero muy intensa obra. Estigmatizado como un literato oscuro, o para “perdedores”, la obra de este notable escribidor uruguayo se ha revalorizado con el paso del tiempo. Hoy no sólo es visto como un gran narrador sudamericano, sino que universal. Así lo demuestra el arraigo que encuentra en escritores contemporáneos ingleses, quienes han quedado subyugados por el talento y la frescura de este hombre. Nacido en Montevideo en 1909, abrazó con pasión el periodismo y luego la literatura. Escribió “El pozo”, su primera novela, en 1939 y ya los críticos reconocieron la originalidad de su propuesta. Onetti fue un amigo de la innovación, tanto en el fondo como en la forma. Esa convicción la aprendió del ejercicio del periodismo, actividad en la que tuvo destacada participación en míticas publicaciones como la revista uruguaya “Marcha” y luego en “Vea y Lea” de Argentina. Su pluma es formalmente es impecable, limpia, sin adjetivos de más, precisa y evocadora. El absurdo de la vida, con sus rituales ridículos, con la sobreimportancia que se otorga a sí mismo el individuo, es retratado fielmente por este escritor. Luego de leerlo, quizá el mundo no cambie, pero sí la forma de mirarlo. Su obra cumbre es, sin lugar a dudas, “El astillero” (1961), en cuya prosa se cruzan de manera inexorable la muerte y las contradicciones de lo cotidiano, en medio de un mundo sombrío, marcado por la tragedia de la existencia. Los novelistas favoritos de este gigante uruguayo de las letras eran Faulkner, Balzac, James y Melville. “Siento por ellos una gran admiración aunque si tuviera que elegir uno, me quedó con Faulkner. Yo le he leído páginas que me han dejado la sensación de que es inútil seguir escribiendo. ¿Para qué, coño? Si él ya lo hizo todo. Es tan magnífico, tan perfecto...”, confesó el propio uruguayo. Descubrir los recónditos mensajes de la prosa onettiana es una labor titánica, lo que explica por qué cada año se redactan centenares de tesis de grado sobre él en diversos rincones el planeta y se dictan cursos para desentrañar el mundo ficcionado por este creador. De allí, entonces, no sorprende que el sello Punto de Lectura haya decidido reeditar en Buenos Aires la obra completa de este autor a mediados de este año, bajo formato de bolsillo. La saga comenzó con tres de sus poderosas y primeras novelas: “El pozo”, “Los adioses” y “La vida brreve”. En Chile es posible encontrar ejemplares en algunas librerías. En variadas oportunidades se le preguntó a Juan Carlos Onetti qué significaba para él la literatura, cuestionamiento ante el cual guardó siempre un sano escepticismo. “Y yo que sé, te diría lo mismo si preguntaras qué es para mí la lectura. Es un vicio. Ahora bien yo no tengo la menor pretensión de cambiar el mundo, de modificarlo con lo que escribo”, le dijo a un periodista poco tiempo antes de morir. Existe un deseo patente en varios de sus libros, especialmente en los de su primera época, por reinventar la vida, pero no desde el punto de vista del optimismo bobo, sino que desde la reflexión profunda en un universo frágil, que se derrumba a cada momento, con protagonistas mediocres e insensibles, quienes llevan las riendas de este mundo absurdo. La prosa de Onetti es pesimista y nihilista como él simpre lo admitió. ¿Y para quién escribe?, se le preguntó también. “Para mí. Para Onetti, que es mi mejor amigo, o para mis personajes, también para ellos, aunque yo sé que siempre va a haber alguien que me va a leer y va entender las tristezas que escribo”, dijo con sincera humildad. En este relato que data de 1943, el uruguayo es particularmente lúcido: “Pensó que miles de M. Gigord lo rodeaban diariamente en la oficina, en las playas, en las calles, en los tranvías. Y no era necesario que fueran viejos; todos ellos habían nacido con la imaginación cansada, infinitamente mediocres, ridículos y brutales. Miles de M. Gigord hacían los diarios, dictaban leyes, repartían el bien y el mal. El mundo estaba dirigido por ellos. Crueles y cobardes, temerosos ante todo lo que significaba audacia y originalidad”. Una señal es clara para entender a Onetti. El escepticismo marca con claridad toda su obra: “La vida es lo que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles, ni hombres sensatos”, sostuvo con descreída precisión. En aguas así de turbulentas navegó este narrador en sus primeros años, flirteando con el periodismo y la literatura, entre Uruguay y Argentina. Luego del éxito de “El pozo”, su estreno en las grandes lides, continuó con “Tierra de nadie” (1941), “Para esta noche” (1943), “La vida breve” ( 1950) y “Los adioses” (1954). Ya había creado la ciudad imaginaria de Santa María, que es Montevideo, Buenos Aires, Santiago, Sudamérica. En síntesis, más que un lugar determinado, era un mundo; prejuicioso y asfixiante, absurdo y oscuro. Dentro de ese universo, sus personajes se mueven en el sinsentido de la existencia, yendo a trabajos que no existen, cumpliendo horarios en astilleros abandonados, sobreviviendo a realidades hostiles, y respetando sagradamente ritos sin importancia alguna. En 1974, tiempo de dictaduras militares en América Latina en general y Uruguay en particular, Juan Carlos Onetti se exilia en España, donde encuentra un poco de felicidad. Se establece en Madrid y comienza a recibir los réditos de su brillante trayectoria. Publica “Cuentos Completos” en 1967, luego “Presencia y otros relatos” y “Cuando entonces”. En 1993 la novela corta “Cuando ya no importe”, contiene una declaración de principios del autor: “Serán pocesados quienes intenten encontrar una finalidad a este relato; serán desterrados quienes intenten sacar del mismo una enseñanza moral; serán fusilados quienes intenten descubrir en él una intriga novelesca”. En 1985, cuando su país recupera la democracia, se le otorga el Premio Nacional de Literatura, aunquee cinco años antes el mundo iberoamericano lo había agasajado con el codiciado Premio Cervantes. Juan Carlos Onetti murió en Madrid en 1994, a los 85 años, al lado de Dolly, su cuarta esposa, leyendo novelas policiales de quinta categoría. En cama y regaloneado. Buscó relegarse al olvido, como un personaje más de sus singulares novelas, aunque indignado por la posibilidad de que la muerte viniera a buscarlo. Mas, su obra ha perdurado al verdugo del tiempo, y con más fuerzas que nunca, venciendo a la muerte y encontrando cada día nuevos lectores en cualquier rincón del mundo.Incluso en Santa María, donde aún se le extraña... La bibliografía que se reeditará El pozo, 1939 Inicie sesión o regístrese para comentar | Enviar página | Fuente | Versión para imprimir | 97 lecturas
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