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Recuerdan en España aporte a literatura de Juan Carlos OnettiCarlos Rubio Rosell El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (1908-1994) "aportó a la literatura española y latinoamericana un tono especial para decir las cosas, una posibilidad de escribir sin la retórica tradicional de los autores españoles o la apoteósica y explosiva manera de los latinoamericanos; Onetti nos mostró que era posible escribir de cosas terribles y poéticas en voz baja, en un tono menor", dijo el novelista español Antonio Muñoz Molina, durante el homenaje que le tributó la Casa de América de esta ciudad al cumplirse cuatro años de la publicación de sus Cuentos Completos. Muñoz Molina señaló asimismo que Onetti --autor de obras capitales dentro de la literatura en español como El astillero, Junta cadáveres, El Pozo o Cuando ya no importe-- "fue capaz de contar las cosas desde el interior de sus personajes. En su obra tanto el amor como lo más terrible ocurre dentro de la piel de cada personaje y la potencia del universo que creó nos ha permitido mirar los rasgos de una realidad que se nos revela en él de forma exacta, dejando al mismo tiempo una lección de soberanía de la imaginación". Junto a Muñoz Molina, intervinieron en este homenaje el novelista Omar Prego, la ensayista Hortensia Campanella y la periodista María Angélica Petit. âsta última explicó que en Juan Carlos Onetti "el nivel de compromiso social, aunque no es explícito, tampoco es ajeno a su obra. La comunidad onírica en la que viven sus personajes está prefigurada por la realidad rioplatense en la que él vivió. "También está presente el exilio e incluso la Guerra Civil española, país donde vive y muere". La realidad, según Petit, "motiva la narración, aunque él sabe manifestar una autonomía, el compromiso está en la misma concepción estética de su obra, una actitud claramente pensada. Onetti sufre por los desgraciados y las víctimas, para quienes tiene una mirada compasiva. Todo lo que vivió y sufrió Onetti está misteriosamente en el mundo de Santa María, que ya no le pertenece a él sino a la literatura. Precisamente uno de sus grandes logros, a pesar de que él siempre creyó que la empresa literaria estaría condenada al fracaso, es que hizo que lo vulgar, lo chato, lo triste y lo opaco, se convirtiera en literatura". Hortensia Campanella indicó por su parte que "el compromiso esencial de Onetti fue con la especie humana y con la literatura. El hubiera querido ser inmortal sólo para seguir escribiendo. En su vida esto se demostraba en la manera en que trataba a sus personajes, con los que siempre convivía y por los que sentía un gran cariño, al punto de que los prefería fuera de sus libros y por eso mismo pensaba que la literatura era una empresa fracasada. Santa María, ese mundo creado por él, fue inventado por nostalgia de lo que no existe. Con ello descubrió el poder creador de la literatura, a la manera de un dios que llega incluso a salvar a sus personajes". Omar Prego reflexionó sobre la identidad entre Faulkner y Onetti, "dos visiones ambiguas y sórdidas del mundo que plasmaron la aventura del hombre como una formulación onírica del mundo. En ellos el final es la destrucción y nos instalan en el corazón de las tinieblas". Para Muñoz Molina, esta relación se sustenta "en la idea del escritor como alguien al margen de todo, que está en su esquina de las cosas y no se convierte en un profesional. Está también la compasión, la belleza profunda de la inocencia; pero Onetti no coincide en el mundo religioso, bíblico, ni en las clases sociales de las que habla Faulkner". Lo más importante que el autor de relatos tan magistrales y extraños como La novia robada nos ha dejado, es, destacó Muñoz Molina, "que sus historias están contadas por los rasgos de carácter de los personajes, de quienes sabemos todo y nada porque en el mismo acto de leer asistimos a la creación de ese mundo; sólo hay que instalarse en el lugar a donde asisten los personajes para comenzar a vivir en ese mundo en estado de suspensión permanente que surge en el mismo acto de su creación ante nosotros como lectores". Las obras de Juan Carlos Onetti, concluyó el autor de Ardor Guerrero, han ido "inventando poco a poco su propia posteridad. Es la obra la que crea a sus lectores y a la larga estos son la manifestación de esa posteridad". Inicie sesión o regístrese para comentar | Enviar página | Fuente | Versión para imprimir | 176 lecturas
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