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Un sueño realizado: Onetti y el acabóse

Diego Zúñiga

Suena exagerado el título, pero concientemente creo que no lo es. Cada cierto tiempo tengo que volver a Onetti, la explicación del por qué, no la puedo dar porque ni yo la sé. A veces creo que es por su estilo; Onetti tiene un estilo inconfundible, complejo, donde la palabra adquiere un poder especial. En parte por eso después de leer cualquier cosa de Onetti me cuesta encontrar otra prosa que valga la pena. El ritmo, la musicalidad de cada línea te envuelve y no te suelta. Alguien puede decir que es lento, sí, puede ser, pero qué importa cuando es un placer leerlo. Cuando me preguntan quién es el mejor narrador latinoamericano, dejando afuera a Borges (porque es un caso especial), siempre contesto Onetti y de pasadita cito a Rulfo. No sé quién de los dos es mejor, aunque a mí me gusta más Onetti porque me siento más cercano a él, y también porque su despliegue literario es bastante amplio: Novelas, cuentos y sobre todo nouvelles. ¿Y la poesía? Lo cierto es que nunca publicó poesía, a pesar que si uno lee sus novelas, definitivamente se va a encontrar conque Onetti, como escribió alguna vez Rafael Gumucio, pensaba como poeta, al igual que Rulfo. Es que es cosa de leerlo y darse cuenta de inmediato. Y eso se ve claramente a la hora de leer en voz alta sus textos, tanto en el caso de Onetti como en el de Rulfo. Es inevitable, por lo menos marcadamente en Onetti, no leer sus textos en voz alta y dejarse llevar por la sonoridad de las palabras escogidas por él. Eso es algo que se ha perdido en el tiempo. Las últimas dos veces que lo vi fue en Zama de Di Benedetto (Sensini para los más bolañescos) y en un cuento de Claudio Giaconi titulado Aquí no ha pasado nada. Dos textos, sobre todo en éste último, donde leerlo se hace un agrado absoluto. Un muy buen cuento, y qué decir de Zama, una novela que parece histórica pero que sin duda no lo es. Curiosamente siento que Di Benedetto tiene mucha influencia de Onetti, especialmente cuando uno se encuentra con un mundo onírico representado en la novela. Cuando terminé de leerla, la verdad es que no me mostré muy entusiasmado, sin embargo había sido una lectura totalmente enriquecedora y absoluta. Después entendí que era difícil sentirme entusiasmado con cualquier novela, cuando justo había terminado de leer 2666 y Bolaño me había destruido de nuevo. Si no hubiese sido por Zama, creo que me habría costado mucho volver a la realidad.
Pero no quiero perder el rumbo. Como decía, después de leer a Onetti uno se da cuenta de lo pobre que resulta muchas veces el estilo lacónico con el que se identifican los norteamericanos (aunque hay excepciones como Cheever, Bellow, por citar los primeros nombres que recuerdo) y gran parte la nueva generación de narradores a nivel mundial. Por ejemplo, empecé a leer una novela de Haruki Murakami ("A la caza del carnero salvaje”) y la dejé en la página setenta y algo, porque el estilo me pareció extremadamente pobre y sin gracia. Al comienzo me entusiasmé mucho, ni sé por qué, pero al avanzar un par de páginas, sin dármelas de gran lector ni pretencioso, la dejé porque el tiempo escasea y no ando con muchas ganas de andar haciendo apuestas y esperando que un relato mejore. La última vez que me pasó algo similar fue con "El arte de callar" de Brodsky, donde la novela nunca me envolvió. En fin, el estilo de Murakami era muy gringo y le faltaba algo, algo propio, algo japonés, así como lo hace Oé, en "Una cuestión personal"; una novela muy buena, pero muy buena, que sin embargo tiene un final deplorable. Dan ganas de llorar, porque uno se pregunta cómo nadie fue capaz de decirle a Oé que la novela no debía terminar ahí porque era el peor final que podría escoger. Es un final esperanzador para algunos, pero yo diría que más bien es un final mamón. A pesar de eso, el estilo de Oé es interesante y vale la pena leerlo. Ahora avanzo en Leviatán de Auster y la verdad es que no me convence mucho que digamos. O sea, voy a terminar la novela, pero no sé si es tan buen narrador como se le cataloga. No es para tanto, creo. Un norteamericano con un estilo que curiosamente no es tan norteamericano, dentro de todo. Estilo escueto pero no exageradamente. Por ahí escuché alguna vez que era el narrador norteamericano más europeo. Puede ser. Algo de eso hay.
Antes de continuar con Onetti, quiero hacer una pequeña aclaración con respecto a lo que me refiero cuando hablo del estilo norteamericano. O sea, igual es algo obvio, dudo que no se den cuenta que cuando hablo de este estilo, me refiero al uso de punto seguido, muy seguido, frases normalmente cortas, comparaciones muy hemingweyanas(creo que se escribe así) , en fin. Ahora lo que es más admirable de este estilo, es sin duda la teoría del iceberg y sugerir, siempre sugerir en vez de decirlo todo de una. Hay que esconder la historia, y en esto Onetti tiene mucho de los gringos. Sobre todo en El pozo, una novela que busqué por cielo, mar y tierra, y que encontré finalmente en la biblioteca de Las Condes. Una edición antiquísima, con un estudio de Ángel Rama. Hoy la he vuelto a releer porque la encontré en la biblioteca de Santiago, junto a una nouvelle llamada Para una tumba sin nombre. Y es increíble que un texto tan breve como El pozo, resista una relectura, y uno lo lea y se deje llevar por él, como si nunca antes lo hubiera leído. El otro día Francisco Lertora, un joven cuentista, me habló de la novela y del ritmo, y de lo mucho que Cortázar le debe a Onetti, y de la profundidad, y de los sueños, y de que quizás la falencia a medias de la novela, es que le falta la estructura normal de una novela, donde se presenta una historia, luego se desarrolla hasta llegar a un desenlace. Onetti no lo hace, pero sin embargo te muestra un universo enorme, donde perderse no cuesta nada, pero encontrarse sí. Una novela onírica en la máxima expresión de esta palabra. Una novela que habla sobre el fracaso, la tristeza y el amor, tres temas que nunca deja de tocar Onetti en su obra. Obviamente si alguien me dice qué leer de Onetti, yo no le diría El pozo, sino El astillero, una novela donde Onetti llega a desarrollarse completamente y logra crear una obra maestra. Aunque a veces creo que sin la primera no existiría la segunda. El pozo es una obra de exorcización de los demonios internos del autor, por llamarla de alguna forma. Donde ya nos encontramos con un hombre recostado sobre su cama, contemplando el techo y sin saber muy bien qué hacer. Uno lee a Onetti e inevitablemente se siente ese hombre, que ya se cansó de preguntarse el sentido de la vida y lo único que le queda es contemplar la nada. Triste, pero casi siempre cierto.
Para una tumba sin nombre es la historia del entierro de una mujer que nadie sabe quién es, y donde todo lo que se sabe de ella se va reconstruyendo a medida que avanza el relato, sin llegar el lector a saber cuál es la verdadera historia de este mujer llamada Rita y que tenía un burro siempre a su lado. Lo más colapsante de todo es al final, cuando uno piensa que la historia que se armó de ella es la definitiva y el narrador dice que él también alteró algunas cosas de la historia para hacerla más interesante, por lo que el lector queda en el vacío y no sabe qué pensar. Es una nouvelle acerca de las mentiras y de la complejidad que relatar la vida de una persona, por más mediocre o insignificante que ésta sea.
Repito. Cuesta mucho leer algo después de Onetti. Cuesta porque es una narrador sin parangón, porque se notan sus lecturas de Céline y su odio frente a la humanidad, aunque más que odio es algo así como indiferencia, y esto se transmite al lector y te golpea no una, sino mil veces y te dice que no es mucho lo que se puede hacer frente a la vida, y que el fracaso es una noble empresa de gente que tuvo fe en algo, y que eso es lo que vale al final. A medida que uno lee la obra de Onetti se encuentra con esta búsqueda del absoluto, pero estando conciente que es algo que uno nunca va a encontrar, pero que es lo único que queda por hacer. Creo que por eso me gustó tanto Bolaño, porque se parece a Onetti, y éste a su vez se parece a Kafka. Llevan en su sangre esa búsqueda, estéril pero noble como dije antes. Una vez le preguntaron a Bolaño por Onetti y dijo que era para mayores de treinta y tres años. No entendí mucho. Creo que aún no lo hago, pero tengo una vaga idea de que lo quiso decir fue que Onetti hace mal a la juventud, suena extraño pero cierto, hace mal porque hace enfrentarte con algo tan complejo como lo es la madurez, que en algún momento llega y donde ya no hay vuelta a atrás, y donde sin darnos cuenta uno se acuesta sobre su cama y contempla el techo, y no hace nada más que contemplarlo, porque sabe que no hay nada más que eso, nada, absolutamente nada.




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