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El orgullo como poema definitivo

Norma Morandini

Ensayista, traductora, intelectual intensa, esta uruguaya acepta hoy que su circulación pública se base en los poemas desgarradores que escribió a partir de la tormentosa relación que mantuvo con el gran narrador Juan Carlos Onetti.A los ochenta años conserva la misma sonrisa "giocondeana" que enamoró medio siglo atrás al escritor Juan Carlos Onetti, el hombre que inspiró su poesía amorosa. La mirada de Idea Vilariño es triste, acentuada por la acuosidad de los ojos de la vejez. Pero su boca sonríe todo el tiempo, y desmiente el dolor que pueda intuirse detrás de una vida marcada por la enfermedad pero vivida con intensidad. Todo en la poeta uruguaya parece dicotómico, pero al mirar su obra como su biografía surge la integridad de una vida que pudo incluir a los contrarios. Una mujer que "vivió como hombre" como ella misma dice, pero escribió la más desgarrada poesía amorosa femenina. Aunque ella prefiera los poemas metafísicos de libros como Pobre mundo o No, son Los poemas de amor, su libro más editado, los más leídos. Pero sus lectores no saben de la vergüenza de la autora cuando un día llegó al Liceo de Nueva Helvética, donde enseñaba literatura y vio a un colega con su "librito". "Me sentí humillada por ver expuesto lo mas profundo de mi vida. Escribir poesía es el acto más intimo, el que realicé para nada y para nadie".

Durante años evitó publicarlos y eludió las entrevistas, pero la divulgación de su poesía, su popularidad y su prestigio se impusieron. Ni los años, ni el vaporizador con el que combate el asma han menguado su orgullo. Pero aquella "soberbia intelectual" con la que se la describió en la edad en la que no tenía límites para las lecturas y ya manifestaba sus convicciones de izquierda, ahora, al final de la vida, se traduce en una discreta dignidad. Es sí, una soberana en la poesía y una de las figuras más queridas de su país. Autora del himno de la democratización, Los orientales y de numerosas canciones que popularizaron Daniel Viglietti, Los Olimareños o Alfredo Zitarrosa, Idea Vilariño es hija de un poeta anarquista. A los treinta años ya había publicado varios libros y participaba intensamente de la vida intelectual y política de su país. Junto a Mario Benedetti y Manuel Claps dirigió la revista Número. Entonces, ella ya era una mujer que concitaba curiosidad en ese mundo de escritores y académicos. Sus ensayos como sus traducciones y sus poemas se leían en esa revista, expresión intelectual de la "generación del 45", que tanto marcó la vida cultural del Rio de la Plata. Era atractiva, vestía con colores y, sobre todo, elegía con libertad a sus amores. En esa época, también, comenzó su tormentosa relación con Juan Carlos Onetti, "el último hombre del que debí enamorarme" pero del que se enamoró el mismo día en el que se conocieron. Esa intimidad amorosa está expuesta en los poemas que fueron dedicados al escritor. Sin embargo, casi da pudor preguntarle por esa relación. Aun cuando los poemas dedicados a Onetti son tan solo la tercera parte de toda su obra lírica, cuesta separar el nombre de Idea Vilariño del escritor que murió en el exilio en España. Signada por la pasión, las despedidas y el distanciamiento, la relación se mantuvo a lo largo de la vida, aunque Onetti estuviera casado. "Cuando se acepta un tipo de relaciones hay que saber que no será sencillo", afirma tranquila. Ella no entiende las interpretaciones de las feministas como Judy Berri-Bravo, una académica de Estados Unidos que tras siete viajes a Montevideo escribió un libro sobre la obra de Idea Vilariño. "Yo escribo sobre el abandono, pero nunca me sentí una mujer abandonada. Nunca viví como una mujer abandonada", dice Idea que siempre vivió sola por elección. Ella dice que si hubiera aceptado las exigencias de Onetti, sus celos y obsesiones, no habría construido su obra como poeta, ensayista, crítica literaria, autora de canciones, dramaturga. Ni menos hubiera tenido la vida de militancia y viajes y estancias en el extranjero. Sentada a su lado en uno de los "stands" de la Feria del Libro no levanta la voz, a poco conversar con ella, uno se olvida de que está frente a una anciana. Como si hablara con una vieja amiga, recuerda el pasado de sus amores tormentosos sin culpa ni nostalgia. En voz baja evoca la despedida, el llanto del escritor, sus celos, su brutal sinceridad, y el reencuentro en Madrid después de más de una década sin verse. Entonces ella tenía setenta años y, "el encuentro fue fácil y hermoso". Quince días antes de morir, Onetti le escribió una extensa carta en la que relata un sueño amoroso con Idea. Mientras ella viva, la inmensa correspondencia que Onetti escribió a la poeta no se publicará. Pero un amigo de Idea Vilariño, que organiza en la facultad de Humanidades de Montevideo los papeles de varios escritores, recibirá como legado la contrapartida del diálogo amoroso.

"¿Estaré hablando de más?", se pregunta y delega en la responsabilidad de su interlocutor la discreción para hablar de su intimidad, esa que está expuesta en su poesía, y explica su éxito. Es lo que interpreta Mario Benedetti, quien escribió que el "secreto de la transmisión de los poemas de Idea Vilariño además de la calidad literaria, es su peculiar sinceridad, desgarradora, expresada, sin espectacularidad, sin vanos agregados, y sobre todo sin autojustificaciones". Y esto es lo que emana de Idea Vilariño, una orgullosa sinceridad.




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