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Nº 321 - Tomo 360 - 1º de junio de 1994

REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY
DIARIO DE SESIONES DE LA CAMARA DE SENADORES

Nº 321 - TOMO 360 - 1º DE JUNIO DE 1994

QUINTO PERIODO ORDINARIO DE LA XLIII LEGISLATURA
16ª SESION ORDINARIA
PRESIDEN EL DOCTOR GONZALO AGUIRRE RAMIREZ Presidente, el PROFESOR CARLOS JULIO PEREYRA Primer Vicepresidente y el ARQUITECTO MARIANO ARANA Tercer Vicepresidente
ACTUAN EN SECRETARIA LOS TITULARES DOCTOR JUAN HARAN URIOSTE Y SEÑOR MARIO FARACHIO

SUMARIO

1) Texto de la citación
2) Asistencia
3) Señor presidente de la República. Autorización para ausentarse del país por más de 48 horas
4) Asuntos entrados
5) Salario Mínimo Nacional. Miniajustes fiscales cuatrimestrales
6) "Sociedad Criolla Elías Regules". Sus cien años
7) Materia gravada a los fines de las contribuciones especiales de la Seguridad Social. Decreto del Poder Ejecutivo
8) Empresa pesquera ASTRA. Situación de cierre
9) Proyecto presentado
10) Actividad de los prácticos de puertos. Proyecto de ley
11) Retiro de Carpetas del archivo
12) Juan Carlos Onetti. Homenaje póstumo
13) Elección de miembros de la Comisión Permanente
14) Celebración del Día Mundial del Medio Ambiente. Conservación de la calidad y pureza del aire. Se declara de interés general. Proyecto de ley
15 y 17) Maestros Ruben Lena. Pensión graciable. Proyecto de ley
16) Alteración del orden del día
18) Maestro Pantaleón Scolpini. Se designa con este nombre a la Escuela Nº 15 del pueblo Zapirán, departamento de Lavalleja. Proyecto de ley
19) Informes de la Comisión de Asuntos Administrativos relacionados con la solicitud de la Suprema Corte de Justicia para designar a un miembro del Tribunal de Apelaciones y con las solicitudes de venia del Poder Ejecutivo para exonerar de sus cargos a dos funcionarios públicos
20) Ex Senador Enrique Rodríguez. Edición de las obras vinculadas con su actuación parlamentaria. Designación de una Comisión
21) Representantes de firmas extranjeras. Normas que regulan su actividad. Proyecto de ley
22) Convenio de Asistencia Técnica al Senado. Proyecto de resolución
23) Convenio Constitutivo del Fondo Multilateral de Inversiones y sus anexos. Aprobación. Proyecto de ley
24) Se levanta la sesión

12) JUAN CARLOS ONETTI. Homenaje póstumo.

SEÑOR ARANA. - Señor presidente: solicito que se altere el orden del día, a efectos de que se trate, en primer término, el punto que figura en decimonoveno lugar.

SEÑOR PRESIDENTE. - Se va a votar la moción formulada por el señor senador Arana.

(Se vota:)

-15 en 17. Afirmativa.

Se pasa a considerar el punto que figuraba en decimonoveno término del orden del día, que pasó a ser primero: "Homenaje al escritor Juan Carlos Onetti, con motivo de su fallecimiento".

Tiene la palabra el señor senador Arana.

SEÑOR ARANA. - Interpretando el sentir del Senado manifestado en la última hora de la tarde de ayer, quisiera cumplir con el deseo -que creo es colectivo- de rendir el homenaje que todos los uruguayos debemos, a un creador de singular dimensión, como es el caso de Juan Carlos Onetti.

Este escritor nació en la ciudad de Montevideo en 1909 y pasó su juventud en la República Argentina. Más adelante, se destacó en su actividad periodística y creadora en ambas márgenes del Plata. En 1974, en uno de los episodios más singulares y que más notoriedad le significó a la dictadura militar uruguaya, fue encarcelado por haber cumplido, con un convencimiento profundamente sentido. Su actividad siempre lo motivó por encima de todas las cosas, en tanto su sinceridad y su compromiso con respecto a la creación literaria fueron meta fundamental de su actuación esencial.

Omar Prego Gadea, escritor y periodista nacional, además de amigo personal de Juan Carlos Onetti dice, refiriéndose al compatriota desaparecido: "Fue el más grande escritor uruguayo de todos los tiempos. La suya es una de las obras más importantes de América Latina, comparable, por supuesto, a la de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa". Sin duda, se trata de una apreciación que podrá ser discutida o refrendada, pero que expresa, a través de las palabras de un crítico de singular percepción, buena parte de lo que opinan, no sólo los escritores y los críticos literarios de nuestro continente, sino los del mundo entero.

Continuamente vemos la integridad y el compromiso que asumió respecto de su propia obra. Su creación se inicia en 1939, con un relato breve, "El pozo"; tiene un hito particularmente significativo en 1961, con la novela "El astillero", a nuestro modo de ver, obra impactante, y culmina, hacia el final de su vida, ya en el exilio español, con la última novela publicada el año pasado y que se llamó "Cuando ya no importe". También escribió una veintena de cuentos, entre los que me permitiría recordar, porque me impresionaron muy particularmente. "La Cara de la Desgracia", "Juntacadáveres" y "Jacob y el otro".

Hablando de esa integridad por expresar aspectos sustantivos de la condición humana, con sus dramas, desconciertos, emociones y miserias, quisiera referirme, precisamente, a esa sinceridad esencial que tuvo siempre, reitero, respecto de su propia obra. "Lo más importante", decía Onetti, "que tengo sobre mis libros, es una sensación de sinceridad, de haber sido siempre Onetti, de no haber usado nunca un truco. Tengo la sensación de no haberme estafado a mí mismo ni a nadie nunca. Todas las debilidades que se pueden encontrar en mis libros son debilidades mías, y son auténticas debilidades".

En otro escrito también señala: "El que me interesa es el lector desconocido, el que misteriosamente me envía una carta. El escritor no desempeña ninguna tarea de importancia social; el escritor está sometido a su compromiso esencial con la condición humana".

Creo que estas son palabras reveladoras -no lo pienso únicamente yo, sino que esto está refrendado por la opinión de personas más autorizadas- de esa plena integración que hubo entre persona y creación y que es la que debemos destacar pues habla, precisamente, de la integridad de un compatriota que, incluso en momentos difíciles, fue capaz de asumir inequívocamente el compromiso en defensa de los derechos humanos, así como expresar su clara y frontal condena a la dictadura militar y a la connivencia civil o incivil que sustentó al régimen de facto en nuestro país.

Esta dimensión creativa le valió un premio de consideración tan significativa como sin duda es el Premio Cervantes en su exilio español. Creo que vale la pena señalar también a través de sus propias palabras, lo que el exilio significó para una persona tan entrañablemente comprometida con su específico ámbito cultural.

Fue una persona que vivió en muchos sitios diferentes, incluso, algunos de ellos muy alejados de nuestro propio suelo. Sin embargo, siempre se sintió profundamente apegado a las circunstancias que lo motivaron e impulsaron desde joven a crear un mundo que, más allá de ser ficticio, se hizo particularmente real. Pocas cosas son más reales que la auténtica creación que se impone, a veces, con más contundencia que la vida misma, en tanto se manifiesta en términos físicos.

Juan Carlos Onetti decía que el exilio es duro. Señalaba: "Me ocurre pasar días distraído, metido en mis cosas y, de pronto, un día me despierto y, sin saber por qué, me acuerdo de que este país en el que estoy no es el mío, que si bajo la calle no encontraré a mis viejos cafés, ni a mis viejos amigos. Recuerdo que los ruidos no son los mismos, ni los olores son los mismos". Parece mentira, señor presidente, que un hombre que llega a un grado de convencimiento y de tanto crédito y aceptación universal, sea quizás por ese mismo hecho -es decir, porque fue un hombre muy vinculado a sus propias circunstancias nacionales y locales- que puede trascender un mundo sin fronteras ni limitaciones.

Esto se puede observar a tal punto, que con sus propias palabras Onetti llegó a expresar: "Yo viví en Buenos Aires mucho tiempo y la experiencia está, de algún modo, presente en mis obras, pero mucho más presente está Montevideo, la melancolía de Montevideo. Por eso fabriqué Santa María" -ese mundo mágico y supuestamente irreal que ahora se ha transformado para nosotros los uruguayos, los latinoamericanos y ciudadanos del mundo entero, en un ámbito tremendamente vívido porque está sustentado por uno de los elementos más absolutamente reales, como es la creación, cuando ésta es convincente y sincera- "el pueblecito que aparece en ‘El Astillero’." En realidad, figura en esa obra y en tantas otras que habrán de jalonar a través de esas catorce novelas que pasan a constituir ciertamente una porción sustantiva de la creación literaria universal. Dicho pueblecito es fruto de la nostalgia de su ciudad. Dice Onetti: "Más allá de mis libros, no hay Santa María. Si Santa María existiera, es seguro que haría allí lo mismo que hago hoy pero, naturalmente, inventaría una ciudad llamada Montevideo".

Señor presidente: nos resulta absolutamente conmovedor que con palabras tan sencillas pero tan profundas -porque no necesariamente se requieren grandes alambicamientos- se llegue a ser verdaderamente intérprete de una realidad superior. Por ese motivo, queremos rendir homenaje a quien jerarquizó al país y a todos sus compatriotas en tanto género humano, más allá de que en muchas de sus novelas se percibe el desánimo, a veces la angustia y la desazón. Sin embargo, al mismo tiempo, nos revela partes sustantivas de la condición humana que confluyen con muchas esperanzas y también -por qué no- con las ocasionales o perdurables alegrías que tampoco soslayó de su propia vida y obra.

Por esa razón, queremos rendirle esta homenaje, que le debe el país en su conjunto, y toda Latinoamérica. Queremos recordar su figura y hacer llegar un abrazo a todos los que fueron sus amigos entrañables. Asimismo, queremos enviar un saludo muy especial y toda nuestra simpatía personal a quien fuera durante largos años -los últimos de su vida- su compañera, es decir, Dorotea Moore, conocida por todos como Dolly. Ella ha sido una persona particularmente sensible y compañera permanente de sus momentos de creación y de depresión, que todos conocemos a través de los testimonios que tantos y tantos amigos cercanos a Onetti nos hicieron saber.

Solicito que luego de estas exposiciones, el Senado se ponga de pie y guarde un minuto de silencio como un homenaje póstumo a la figura de quien fuera Juan Carlos Onetti.

SEÑOR CASSINA. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR CASSINA. - Señor presidente: compartiendo todo lo que ha expresado tan bien el señor senador Arana y tratando de no repetirlo -porque, como señalé, él lo ha dicho muy bien y con mucho sentimiento- quisiera acompañar este homenaje a Juan Carlos Onetti. Se trata de un uruguayo de grandes valores universales, y a la vez muy montevideano, tal como lo ha remarcado el señor senador Arana. En su obra y en su vida representó algunos de los valores y de los modos de ser uruguayos y específicamente montevideanos.

Desearía rendirle homenaje no con mis palabras, sino con las suyas, en un texto literariamente hermoso, en que Onetti se expresa al final de su vida tal cual es. Concretamente, me refiero a "Cuando ya no importe". Allí, con otras palabras y con nombres distintos habla de Montevideo y de sí mismo, de su vida y de su muerte; incluso del cementerio del Buceo donde hay una tumba familiar.

En la última parte de esta obra, Onetti señala:

"Ahora, definitivamente, para siempre en Monte, persisto en redactar apuntes porque absurdamente siento que debo hacerlo como cumpliendo un juramento sagrado que nunca hice pero que lo siento impuesto.

Podría haber traído mucho dinero y duplicarlo en este país donde no falta el cómo. Pero vine con lo suficiente para asegurarme un sueldo hasta la muerte, libre de trabajos, patrones y la compañía indeseable de colegas oficinistas. Libre de esta peste, gracias a Dios.

Vivo escondido aunque ignorado por las llamadas fuerzas del orden que no me tienen en sus prontuarios.

Me escondo porque aquí hay personas, sobre todo mujeres cuyas caras y renuncias me niego a conocer después de tantos años. Por iguales motivos me disgusta muchísimo mostrarles mi cara de hoy, permitir que sospechen o adivinen algo de mis pasadas, pequeñas infamias.

Escribí la palabra muerte deseando que no sea más que eso, una palabra dibujada con dedos temblones. No puedo decir que el cuerpo me haya traicionado nunca ni haya reclamado venganza por mis malos tratos. Apenas, en esta etapa comienza a sugerir análisis, palpaciones, compañías químicas.

Sé muy bien que terminará rebelándose y que usará dolores de intensidad escalonada para obligarme a tenerlo en cuenta, justamente cuando ya no importe demasiado al mezclarse con hastío y resignación.

Otra vez, la palabra muerte sin que sea necesario escribirla. Hay en esta ciudad un cementerio marino más hermoso que el poema. Y hay o había o hubo allí, entre verdores y el agua, una tumba en cuya lápida se grabó el apellido de mi familia. Luego, en algún día repugnante del mes de agosto, lluvia, frío y viento, iré a ocuparlo con no sé qué vecinos. La losa no protege totalmente de la lluvia y, además, como ya fue escrito, lloverá siempre".

Muchas gracias, señor presidente.

SEÑOR GARGANO. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR GARGANO. - Simplemente, deseo expresar mi total solidaridad con las palabras pronunciadas por los señores senadores Arana y Cassina, a quienes he escuchado con mucha atención, y nuestra profunda emoción ante la desaparición física de este insigne uruguayo. Seguramente, ahora aparecerán muchos que hablarán de las obras de Onetti, pero quienes las hemos leído desde siempre lo recordamos, justamente como alguien que nos conmovió, a veces no por sus obras más conocidas. Por ejemplo, creo haberlo conocido profundamente como escritor a través de un breve relato que leí en mi juventud, titulado "Tan triste como ella". Desde entonces, su escritura me conquistó, aunque no siempre pude terminar todos sus libros, porque Onetti era un buscador reiterativo de las cosas que expresaba con singular maestría.

Pienso que sólo resta sugerir que el Cuerpo se ponga de pie para rendir homenaje a Juan Carlos Onetti y solicitar que la versión taquigráfica de las palabras pronunciadas en Sala sea enviada a sus familiares.

SEÑOR KORZENIAK. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR KORZENIAK. - Voy a adherir, con todo calor, al homenaje que se está tributando al maestro de la generación del 45 y de muchos otros escritores que hubo y que habrá en el Uruguay.

Como se ha señalado, esta figura tiene un prestigio nacional e internacional de gran trascendencia.

Quisiera hacer referencia a una de las metas que adornaban la tan rica y curiosa personalidad de este notable escritor, de ese gran uruguayo, que es su veta vinculada con el humor, ese humor tan ácido, curioso y desconcertante más de una vez.

Brevemente, también me voy a referir a dos respuestas que dio Onetti en una entrevista reciente que se le realizara para una película, que precisamente consiste en una larga entrevista de más de cincuenta minutos. Quiero decir que tuve oportunidad de ver algunos adelantos que se mostraron en el Uruguay de esa película que, sin duda, será excelente y permitirá conocer la riquísima personalidad de este escritor, a pesar de que la entrevista fue realizada hace poco tiempo, por lo que ya no era el Onetti tremendamente dinámico, pero sí el Onetti que mantenía enhiesto su humor ácido. Las dos respuestas que me impresionaron tremendamente fueron las siguientes. Ante una pregunta que se le formulara sobre qué opinaba acerca de ese notable escritor que es Vargas Llosa -quien, como es sabido, ha tenido más de una curiosa y pintoresca disidencia personal con Onetti -contestó: "¿Cuál, el presidente del Perú?" Posteriormente, la entrevistadora, que es una persona muy enterada en materia artística, le inquiere acerca de la actitud que adoptó en una de las novelas de Onetti uno de los personajes, si mal no recuerdo, el famoso Larsen. La respuesta a esta pregunta también me dejó realmente impresionado y revela ese extraño humor que deja pensativo a quien lo escuchaba y lo leía. Concretamente, se le preguntó por qué Larsen hizo tal cosa y no otra. A esto, Onetti responde: "Yo no soy responsable de eso". Es como si se hiciera responsable a Dostoievski de lo que hizo Raskolnikov en la famosa novela "Crimen y castigo". Creo que estas son respuestas tan chispeantes, de un humor tan lleno de regocijo como para desconcertar, que muestran esa veta a que me referí como una de las tantas características de esa personalidad tan impresionante que tenía este escritor.

Gracias, señor presidente.

SEÑOR PEREYRA. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR PEREYRA. - En nombre de la bancada del Partido Nacional, deseo expresar nuestra solidaridad con el homenaje que el Senado está tributando al gran escritor Juan Carlos Onetti.

Hablar de un valor tan singular, de un hombre tan especial, de un escritor de características tan personales, tan individual, tan incomparable, sin caer en lugares comunes, es una tarea realmente difícil. A lo largo de este homenaje se han recordado algunos de los personajes de sus obras, su estilo tan particular, sus creaciones tan geniales, su postura contra la dictadura en ocasión en que en el Uruguay cayeron las Instituciones, su exilio de veinte años como consecuencia, precisamente, de su posición altiva frente al régimen de facto, por lo que sería inútil reiterar todas estas cosas si no fuera porque al evocar fundamentalmente esta última faceta de su personalidad tenemos que decir una vez más que a las dictaduras les aterra más un mensajero de la cultura, alguien que sepa llegar a la sensibilidad de cada uno de los individuos, que los más poderosos ejércitos que puedan enfrentarlas.

Difícil resulta, entonces, hablar de este escritor de estilo sencillo pero de características complejas, personalísimas. Al mismo tiempo, él lo describe con una sencillez increíble, y precisamente a sus palabras vamos a recurrir. Dice. "Cuando yo me pongo a escribir es a hora de la verdad, y con la verdad no hay cuentos chinos. Acepto que mi literatura esa de esa manera, como la describen, pero no hay ninguna contradicción. Es aquel famoso distanciamiento del que hablaba Brecht. Sólo que Brecht lo decía casi como un dogma, y en mí, cuando escribo, no hay ningún dogma. Pienso que la vida es así: si hay ternura, sale; si hay posición política, sale, quiera o no lo quiera el autor. Pero esas cosas no hay que proponérselas, van a aparecer solas, siempre y cuando estén en la vida".

Es la vocación del escritor lo que lo impulsa; no hay nada premeditado. El pensamiento surge espontáneamente al correr de la pluma. Estamos hablando de un pensamiento descrito con una especial calidad artística, que convirtió a Juan Carlos Onetti, como se ha dicho, en el principal exponente de la narrativa española de los últimos tiempos. Fue por esa razón que recibió, tal como se ha señalado, el Premio Cervantes, reservado a los grandes valores de la literatura hispánica. Se me ocurre, pues, recurrir al genio cervantino en el momento de recordar a Onetti. Cuando Cervantes describe la respuesta que su personaje da a quienes lo incitan a abandonar la aventura que ha emprendido, califica a los hombres por las distintas actividades que realizan, diciendo: "Unos van por el ancho campo de la ambición soberbia; otros por el de la adulación servil y baja; otros por el de la hipocresía engañosa y algunos por el de la verdadera religión; pero yo inclinado de mi estrella voy por la angosta senda de la caballería".

Onetti fue un caballero andante, recorredor de mundos, creador de ambientes y ciudades a imitación de la que añoraba, como esa Santa María tan evocada; caballero cuya espada era su pluma de la que fluía el pensamiento de un genio, que se traducía en creaciones de singular valor artístico.

Juan Carlos Onetti honró a nuestra patria y al género humano, y en su obra, su acción y en los lauros que recogió, evocó nuestras mejores conquistas y nuestra libertad, y a través de sus personajes llevó al Uruguay al conocimiento mundial de los más selectos lectores.

En esa creación de su Santa María existen personajes muy singulares. Sus calles sinuosas y estrechas, quizá, sólo dieran paso a la figura del autor, singular evocador de las cosas humanas dirigidas a deleitar y a trasmitir emoción y sentimiento a los demás seres humanos, a través de una expresión de arte del más alto relieve.

Es cuanto deseaba expresar.

SEÑOR BLANCO. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR BLANCO. - Señor presidente: el Partido Colorado adhiere al justo homenaje que el Senado está tributando en la tarde de hoy a Juan Carlos Onetti, eminente compatriota, representante de un espíritu brillante en nuestra tierra y fuera de ella.

A la hora de rendir este tributo póstumo, me gustaría encontrar en la propia personalidad y en la obra de quien recordamos, el espíritu y la inspiración para poder hacerlo.

En su obra vemos la fuerza creadora, el impulso para construir y elaborar y, sin proponérselo, a través de los vericuetos de sus ciudades misteriosas y de los sentimientos de sus personajes extraños, generalmente movidos por pasiones, expresar la riqueza incomparable de la vida.

Creo que más allá de su propio pensamiento y de sus concepciones, debemos reconocer en esa obra creadora el genio de nuestra tierra, y sentir orgullo de que uno de nuestros hijos haya sido capaz de tal hazaña en el plano del intelecto y del pensamiento. Aun a través de esa ironía, de ese misterio, de la acritud y de lo mordaz que en él pueda haber, ¡qué maravillosa lección de creación y de optimismo ha tenido su literatura para encontrar en los repliegues del alma humana nuevas fuerzas, nuevos horizontes y nuevas perspectivas!

Digo que al margen de su pensamiento, tal vez volcado a la creación literaria, hay también una lección para todos nosotros, aun para los que estamos lejos de esa noble tarea. Se trata de la lección de saber que hijos de esta tierra pueden hacer las cosas mejor que nadie, que es posible, en nuestra educación, en nuestra cultura, en nuestra civilización, en nuestras tradiciones y en nuestra carne, hueso y alma oriental, encontrar el camino para sobresalir, crear y construir. Estamos hablando de una lección que va más allá de esos personajes -que, de pronto, exhiben sentimientos que no compartimos o posturas que no coinciden con nuestra filosofía y nuestros enfoques- puesto que está orientada como decíamos, a la búsqueda de los repliegues íntimos del alma humana, maravillosamente expresados en el pensamiento escrito.

A esta dimensión humana en su más alta expresión hoy le rendimos tributo, porque en este tipo de acción, la muerte es la apertura de un nuevo plan, la vida del recuerdo, el cultivo del ejemplo y el incentivo que en todos genera la emulación de quien supo crear a nivel de los mejores.

SEÑOR PRESIDENTE. - Antes de poner a votación la moción que se ha formulado, la Presidencia quiere expresar su solidaridad con todas las palabras que se han vertido sobre la personalidad de Juan Carlos Onetti y su personalísimo sentimiento de pesar por la desaparición de este uruguayo que honró al país dentro y fuera de fronteras.

No voy a reiterar conceptos ni a expresar ninguna originalidad, diciendo que Onetti fue una figura impar en el campo de la cultura y, particularmente, en el de las letras. Fue un hombre de una personalidad poderosa y singularísima y tradujo su particular concepción de la vida, su agudeza, su angustia frente a muchas de las realidades que, inevitablemente, pasan delante de nosotros en el transitar por este mundo, con una prosa profunda y deslumbrante, que lo transformó en un triunfador desde siempre en nuestro país y, lo que es más difícil, fuera de fronteras, donde quizás era total o parcialmente desconocido hasta alcanzar lauros y reconocimientos que sólo son dados a los grandes maestros de la literatura universal. Fue, además, un hombre que se mantuvo en el primerísimo plano a través de un esfuerzo sostenido durante o más de medio siglo, y ostentó una de las condiciones más difíciles a que se puede llegar en el deambular por el mundo, que es mantenerse fiel a sí mismo, ser una persona genuinamente auténtica, sin importarle lo que los demás opinaban sobre él, si generaba adhesiones o rechazos y si se compartía o no su pensamiento, su manera de hacer literatura, en definitiva, su manera de vivir. Como se ha dicho -es imposible callarlo- fue un hombre que tuvo una definición categórica y terminante en la hora en que la libertad desapareció en nuestro país, y no vaciló en emprender el amargo camino del exilio, del cual no retornó, para poder seguir pensando, viviendo y escribiendo con entera libertad.

Por lo expuesto, también le tributo mi homenaje en esta hora de tristeza para todos.

Se va a votar la moción presentada en el sentido de que la versión taquigráfica de las palabras pronunciadas sea enviada a su señora esposa y que se guarde de pie un minuto de silencio en homenaje a su memoria.

(Se vota:)

-22 en 22. Afirmativa. UNANIMIDAD.

La Mesa invita a los señores senadores y a la barra a ponerse de pie y guardar un minuto de silencio en homenaje a la memoria de Juan Carlos Onetti.

(Así se hace)




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