Alejandra Arce
Juan Carlos Onetti nació en Montevideo, Uruguay, el día 1 de julio de 1909 y muere el 30 de mayo de 1994 en Madrid.Galardonado con el Premio Nacional de Literatura Uruguay en 1963 y el Premio Cervantes en 1980.Publica su primera novela, El pozo (1939). Tierra de nadie (1942). La vida breve (1950) es su libro más famoso y el primero que el autor sitúa en la imaginaria ciudad de Santa María, donde la respuesta del protagonista a su presente consiste en imaginarse a sí mismo como otra persona. En El astillero (1960) regresa al tema del caos producido en Uruguay por una desmesurada burocracia, y Juntacadáveres (1964) trata de la prostitución y la pérdida de la inocencia. En 1993 publicó la que fue su última novela, "Cuando ya no importe", considerada una especie de testamento literario.
"Se dice que hay varias maneras de mentir, pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimientos que los llene." Fragmento de la novela El pozo, 1939 incluida en el primer volumen de las "Obras completas" bajo el título de "Novelas I (1939-1954) de Juan Carlos Onetti publicada por el Círculo de lectores/ editorial Galaxia Guntenberg.
Las obras Completas recogen sus artículos periodísticos y textos coyunturales, excepción hecha de su correspondencia y notas personales. También destaca las primeras novelas del escritor, desde "El pozo", en que se encuentra todo lo que vendría luego. Los adioses (1954), el libro preferido de él. "También Tierra de nadie" (1941), una de las primeras novelas latinoamericanas en que la gran ciudad cobra un protagonismo decisivo; "Para esta noche" (1943), escrita bajo el impacto de la guerra civil española , y con el trasfondo sombrío de la Segunda Guerra Mundial; "La vida breve" (1950), novela fundacional en la que aparecen ya varios de los personajes que serán luego recurrentes en la obra de Onetti y en la que surge y se perfila la mítica ciudad de Santa María.
También hay que destacar los fragmentos recuperados de "Tiempo de abrazar", novela escrita por Onetti en 1934 perdida, hasta que treinta años después se encontraron azarosamente sus primeros capítulos, en los que se pone de manifiesto la temprana madurez del escritor.
Juan Carlos Onetti de joven, trabajó como portero, mozo de café, vendedor de entradas en el Estadio Centenario y empleado de una empresa de neumáticos, como decía Federico García Lorca "la poesía anda por la calle", lo cambiaría con permiso de Lorca por "la literatura anda por la calle". Lo que no puede hacerse es proponer una escritura con la rigurosidad matemáticas del que va a comprar litro y medio de aceite. Esto lo dijo Federico García Lorca en una entrevista en el diario La Vozde Madrid, en abril 1936. Su viuda Dolly Onetti ( Dorotea Muhr) en el preámbulo titulado "Me duelen las ventanas" señala que a Juan Carlos su mundo no era sólo la literatura y sus contornos. " A Juan le fascinaban los seres humanos, por los que sentía cierta inclinación vampiresca. Siempre dijo que el escritor necesita mucha experiencia de vida- no necesariamente aventuras-, y él sin duda la tuvo, y la aprovechó para sus narraciones. Lo que nunca consiguió explicarme, ni a mí ni a nadie, creo, fue el mecanismo de apropiación, de traspaso de esa experiencia a la literatura. "me caía del cielo", "lo veía dentro mío", solía decir cuando le preguntaba".
A la actividad de escribir en el preámbulo de Dolly Onetti agrega que lo hacía a cualquier hora, cuando lo asaltaba la idea, la ocurrencia, la duda. Así, escribía en la cama si en medio de la noche, por insomnio o sobresalto, tenía algo que salvar del olvido; acudía entonces a un cuaderno, o a un papelito si no lo encontraba, y escribía quizás una líneas, quizás veinte páginas, cuando no continuaba haciéndolo la noche entera.
En esta misma obra, Hortensia Campanella realiza la introducción a su vida y obra y asegura que Juan Carlos Onetti es un "referente ineludible" para cualquier escritor español.
Hortensia Campanella añade en la introducción que las referencias al ascenso del fascismo en Europa, o la influencia de los Estados Unidos en América Latina, juicios claramente políticos, abundan en los artículos del autor uruguayo de los años treinta y cuarenta, y no dejan de asomar en algunas de sus obras de ficción. Ya en 1935 el pintor y maestro de generaciones Joaquín Torres García propugnaba, "sin olvidar lo próximo, tener la mente el mundo". Y así sus propias obras se abren a calles, muros, puertos, imágenes todas cargadas del humanismo que el pintor preconizaba como "su esencia más interesante". El mismo Onetti, más radicalmente, decía en su provocativa sección del semanario Marcha titulada "La piedra en el charco": "Montevideo no existe... hasta que nuestros literatos se resuelvan a decirnos cómo y qué es Montevideo y la gente que la habita". Para él los escritores debían "contarnos cómo es el alma de su ciudad"
En su primera novela El pozo (1939) señala Campanella, que expresa la idea de que "los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene". Como expresaba de un modo diáfano Antonio Machado: " Se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía:/ también la verdad se inventa". En las narraciones de Onetti , la realidad dibujaba es producto siempre de un acto esencial de creación, por más reconocibles que puedan ser los hechos narrados. La anécdota se desfigura, se expande, busca una forma adecuada. Esta distorsión estética en modo alguno implica un alejamiento de lo humano esencial. No se trata de ofrecer un sistema simbólico vacío, sino de crear una realidad profundamente humana, concentrando la significación simbólica en rasgos sustanciales. Como dijo Mario Benedetti: "Onetti va de lo particular (Larsen) a lo general (el hombre) pero después regresa a lo particular, y el Hombre pasa a ser además de todo hombre, cada hombre, Onetti incluido". Porque no basta mostrar, hay que buscar. El narrador de El Pozo asegura: " Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos".
Si para Octavio Paz la novela es "una pregunta acerca de la realidad de la realidad", para Onetti no se trata de alcanzar el estatuto de la realidad, sino de encontrar sus diversas formas, aquellas en que los personajes desarrollan toda la riquísima ambigüedad del alma humana. Onetti siempre decía que para un novelista era imprescindible la intensidad vital. Él mismo confesaba las ventajas de su gran experiencia en la vida, si bien era cuidadoso al distinguirla de lo que se entiende por simple aventura. "Se puede estar al borde del abismo incluso en una cama", decía.
En el subtitulo Exilio y resurrección de la introducción de las obras Completas de Onetti señala que hacia final de la década de los sesenta, Onetti comienza una novela que, debido a avatares ajenos a su voluntad, tardará más de diez años en terminar. Será una novela largamente interrumpida por el exilio, y sólo llegará a publicarse en 1979, ya instalado Onetti en España. La novela se titulará "Dejemos hablar al viento" (1979).
El 27 de junio de 1973 los militares y el presidente de la República se unieron para disolver el Parlamento y emprender una persecución que no se limitó a las fuerzas de guerrilleras- prácticamente eliminadas desde el año anterior- sino que se extendió a toda la sociedad: partidos políticos de oposición, sindicatos, prensa, iglesia progresista, etc. La revista Marcha donde colaboraba Onetti esta en punto de mira de la represión, y ya había sufrido censuras y algunos cierres temporales. A pesar de las dificultades económicas, la revista había mantenido su tradicional concurso de narrativa, aunque en 1973 fue destinado a un cuento en lugar de un libro. El jurado estaba compuesto en aquella ocasión por Juan Carlos Onetti , la escritora Mercedes Rein y Jorge Ruffinelli, jefe de las páginas literarias del semanario. El premio recayó sobre "El guardaespaldas", de Nelson Marra. En enero de 1974 se dio a conocer el fallo del jurado, pero nadie más leyó el texto. En el acta correspondiente, Onetti quiso dejar constancia de que "el cuento ganador, aun cuando es inequívocamente el mejor, contiene pasajes de violencia sexual desagradables e inútiles desde el punto de vista literario". El cuento es cuestión contenía, de hecho, una transparente alusión a ajusticiamiento de un conocido torturador por parte de la guerrilla tupamara, y tanto Onetti como el propio autor del cuento habían recomendando que el director de Marcha lo leyera antes de la publicarlo. El cuento se publicó el 8 de febrero, y a consecuencia de ello la edición fue confiscada. El jurado, el autor, el director y el secretario de redacción de Marcha fueron apresados. Sólo se salvó Jorge Ruffinelli, quien había abandonado su cargo en Marcha para viajar a México: ya no pudo volver mientras duró la dictadura.
Para Onetti la experiencia de la prisión fue mucho más que penosa: incomprensible, imposible de soportar. A pesar de la solidaridad de sus compañeros, después de algunas semanas de cárcel cayó en una profunda depresión. Nada pudieron los llamamientos internacionales, las firmas de escritores y artistas; lo más que hicieron los militares fue ingresar a Onetti en un sanatorio psiquiátrico con guardia en la puerta de la habitación, bajo una ridícula acusación de pornografía. El 14 de mayo el juez decretó la libertad de todos los detenidos , a excepción del autor del cuento quien estuvo más de cuatro años preso.
En los meses siguientes Onetti viajó a Italia para recibir un premio por "El astillero", y a España para dar conferencias.. Cuando regresó a Uruguay, Heber Raviolo, el nuevo y efímero jefe de las páginas literarias de marcha, le hizo una entrevista en la que le preguntaba por la posibilidad de abandonar el país. El escritor respondió con palabras que anunciaban lo que iba ocurrir: " Eso de irme tiene sus bemoles... Si me voy es para morirme allá, entiendo bien...". Aceptó desempeñar en Buenos Aires un trabajo supervisar el guión cinematográfico de la película "El muerto", basada en el cuento homónimo de Jorge Luis Borges, con dirección de Héctor Olivera. Poco después, en abril de 1975, Onetti y Dolly se afincarían definitivamente en Madrid.
Hortensia Campanella al finalizar la introducción de las Obras Completas de Juan Carlos Onetti destaca "Él decía: Vivo porque escribo". Y así podemos intuir que cuando pareció despedirse de la escritura, en su última novela, nada parecía retenerlo en esta vida.
Siempre lo acompañó un poema de R. L. Stevenson:
He ido por el camino ascendente y descendente;
He sufrido y he creado en otros días:
He deseado todo y he dicho adiós a la esperanza;
He vivido y amado y cerrado la puerta.