M. Florencia Vercellone
Dejemos hablar al viento: Vuelven a publicar las obras del autor uruguayo. Ya circulan dos de sus libros. Sus textos estaban descatalogados.
Las reediciones permiten que un público nuevo descubra obras de otras épocas. ¿Esto es real? ¿Quién lo sabe? ¿Alguien está interesado en indagar en las creaciones de autores muertos y que son pocos accesibles? Entre tanta autoayuda, ¿quién puede querer conocer a un escritor que se encargó de describir la decepción en las ciudades rioplatenses?
Menos mal que Córdoba es mediterránea, aunque acá también están radicados algunos representantes orientales (Ver “Onetti según un uruguayo que vive en Córdoba”).
Seguramente, el relanzamiento de un libro posibilita la circulación de escritos que de otra forma sólo pueden hallarse en bateas donde conviven los usados. Y aunque estos abunden, los consumidores actuales exigen una respuesta instantánea y están pocos acostumbrados a las búsquedas intensas.
¿Y a quién le puede importar eso? ¿A ese lector de más de 35 años que pide que le bajen “Dejemos hablar al viento” (una edición descolorida Seix Barral, 1984) en un exhibidor copado por los clásicos con tapas policromáticas y actuales? (“El viejo ya estaba podrido y me resultaba extraño que sólo yo le sintiera el agridulce, tenue olor; que ni la hija ni el yerno lo comentaran”, dice Onetti en las primeras líneas de esa producción y casi podría decirse que es un comienzo muy difícil de olvidar).
Más allá de toda suposición, la noticia es que la editorial Punto de Lectura tiene planeado poner en circulación nuevamente el catálogo de Juan Carlos Onetti y en las librerías ya hay dos productos que reúnen tres de sus textos.
Por un lado, se puede conseguir un volumen que incluye las novelas cortas “El pozo” y “Los adioses”, en tanto que “La vida breve”, una historia que supera las 400 páginas, está disponible en una edición que cuesta 24 pesos. “El pozo” y “Los adioses” comparten el mismo volumen, el cual se puede adquirir a 22 pesos.
“Conocí mucha gente, obreros, gente de los frigoríficos, aporreada por la vida, perseguida por la desgracia de manera implacable, elevándose sobre la propia miseria de sus vidas para pensar y actuar en relación a todos los pobres del mundo. Habría algunos movidos por la ambición, el rencor o la envidia. Pongamos que muchos, que la mayoría. Pero en la gente del pueblo, la que es pueblo de manera legítima, los pobres, hijos de pobres, nietos de pobres, tienen siempre algo esencial incontaminado, algo hecho de pureza, infantil, candoroso, recio, leal, con lo que siempre es posible contar en las circunstancias graves de la vida. Es cierto que nunca tuve fe; pero hubiera seguido contento con ellos, beneficiándome de la inocencia que llevaban sin darse cuenta”, se puede leer en la página 37 de “El pozo”.
La cita (¿elegida al azar?) puede ofrecer una pista con respecto al árbol genealógico de Onetti (Roberto Arlt, Faulkner, Celine y sigue la lista de decepcionados). A veces un escritor es un fantasma que remite a otros espectros. Siempre habrá especialistas y las conexiones entre una faena literaria y otra pueden ser múltiples.
En tanto, en “Los adioses”, que el público argentino conoció en 1954, la trama se desarrolla en una ciudad serrana donde los tuberculosos intentan seguir con su vida y las cartas de dos mujeres son la única conexión entre un vecino recién llegado al lugar y el mundo exterior (“Todos los mediodías el hombre recogía sus cartas, tomaba una botella de cerveza y salía al camino, insinuando un saludo, metiéndose sin apuros en el insoportable calor….”)
En “La vida breve”, editada originalmente en 1950, Onetti presenta por primera vez la ciudad de Santa María, un sitio creado por él y que se puede encontrar, únicamente, en su universo narrativo. Se trata de un espacio donde prácticamente conviven Buenos Aires (una metrópolis alocada) y Montevideo (una urbe triste donde prepondera la nostalgía).
Ahora, con estos títulos en la calle, al lector sólo le queda juntar las monedas necesarias y adentrarse en un cosmos imaginario que, sin embargo, recuerda a varios lugares y a ninguno a la vez. Como la literatura.
Los originales de Onetti ya están en Uruguay
¿Quién es Onetti? Repasemos: nació en 1909 y murió en 1994. Su cuna fue Montevideo y sus últimos días se desarrollaron en Madrid. En 1980 le otorgaron el Premio Cervantes y hace una par de días su cuarta mujer donó unos manuscritos suyos a la Biblioteca Nacional de la capital uruguaya. Ocurre que el 30 de mayo fue un nuevo aniversario de su muerte y el primero de julio cumpliría 98 años.
A fines de mayo, Dorotea Muhr, esposa de Juan Carlos Onetti, donó unos manuscritos del autor uruguayo a la Biblioteca Nacional de Montevideo.
La ceremonia, que se realizó en una sala universitaria del vecino país, cobró tal trascendencia que fue transmitida por el Servicio Oficial de Radiodifusión.
Muhr entregó dos grandes cajas con los escritos de gran parte de las obras que Onetti publicó desde fines de la década de 1950.
Están los originales de la novela “Juntacadáveres” y el mapa de la imaginaria ciudad de Santa María dibujado por el escritor.
También se supo que estaban los textos de “Dejemos hablar al viento” y “Cuando ya no importe”, aparte de relatos como «La cara de la desgracia» o «Jacob y el otro».
Dorotea Muhr vive en España y llegó a Montevideo especialmente para entregar los manuscritos.
‘Es difícil desprenderse de ellos, pero yo pienso que es lo que corresponde, porque Juan así lo hubiera querido’, explicó. ‘De algún modo es un alivio entregarlos acá, que es donde corresponde’, agregó.
Muhr guardó los documentos desde que comenzó su relación con el escritor hasta su fallecimiento y comentó que antes Onetti simplemente los tiraba.
«Juan dibujaba cada letra con sensual lentitud. Cuando yo protestaba porque tenía que mecanografiar los originales, él me hablaba de la esposa de Tolstoi, que copió a mano las miles de palabras de “La guerra y la paz”. En fin, sería lindo que ahora estos manuscritos motiven el estudio y la lectura de las obras de Onetti porque con esta donación se cumple su deseo de volver a Uruguay», concluyó Dorotea, quien estuvo acompañada por la hija que el escritor tuvo con la holandesa Elizabeth Pekelharing, Isabel María Litty Onetti, quien donó un texto inédito del escritor.
El acto también contó con la presencia de diversas autoridades orientales, pero lo que sorprendió fue la ausencia del presidente Tabaré Vázquez Fernández, quien en octubre de 2004 anunció la repatriación del material. Aunque desde el gobierno uruguayo aseguraron que se trató de un problema de agenda los medios especularon con una versión que circuló un par de horas antes: los docentes -que están en conflicto- tenían ganas de protestar con una cacerolazo en la puerta del homenaje. Igual, las hojas ya están en Uruguay y teniendo en cuenta la dedicación con que el autor elaboraba sus composiciones, para los investigadores y los amantes de la literatura de Onetti acceder a ellos puede ser revelador. Casi como leer sus novelas por primera vez.