14-05-08 | 195.138.195.241 | Versión para imprimir de:

http://www.onetti.net/es/descripciones/martinez_s



Dorotea Muhr, la mujer con quién el escritor uruguay compartió los últimos 40 años

Sanjuana Martínez

La casa está situada en la Avenida de América número 31: ahí fue donde Juan Carlos Onetti decidió retirarse del mundo, hace 12 años, y se acostó en su cama de hospital. El 30 de mayo se fue para siempre, a los 84 años de edad.
Es un departamento modesto, un espacio que marcó el horizonte del inventor de la novela latinoamericana moderna. En este lugar, Onetti siguió escribiendo, leyendo, fumando y bebiendo whisky.
No le importaban el éxito ni la fama. En esta casa amurallada, el creador del pueblo de Santa María vivió los últimos 20 años, luego de dejar Uruguay a causa de la persecución política que sufrió.
Su ausencia en la casa será "inmensa". Dorotea Muhr, su mujer, con quien compartió los últimos 40 años, no deja de repetirlo.
"Esta casa se me viene encima, tengo que irme rápido", dice caminando de un lugar a otro, haciendo los preparativos para marcharse a su natal Argentina.
"No puedo estar aquí más tiempo, no lo soporto", comenta entre sollozos. Dolly –como la llaman todos– decidió acompañar a Onetti permanentemente. Estaban profundamente enamorados, "un amor que no termina con la muerte".
Hace 12 años, una inyección equivocada provocó al escritor una infección que le llevó a un hospital, del que salió inmóvil para el resto de sus días.
Fuera de su habitación, Dolly le plantó un jardín con flores, que irónicamente a él nunca le interesó: "siempre cerraba las persianas, se encerraba en su mundo".
Onetti persistía en alejarse del mundo. Lo cuidaba Susana, una muchacha uruguaya, lo acompañaban Dolly y Biche, su perra, por quien el narrador sentía un cariño especial.
En los últimos años concedió muy pocas entrevistas y no permitía que lo visitaran sus amigos o conocidos. Vivió silenciosamente en Madrid, una ciudad "adonde nunca supe si se había marchado para vivir en ella o sólo para retirarse del mundo", escribió Ernesto Sábato.
Onetti estaba en el lado de los escritores que se creen investidos de una misión trascendental, él sólo quería "pasar inadvertido".
Sentía rabia por la muerte y sabía que su final estaba cerca. Tal vez por eso, luego de que el año pasado publicó Cuando ya no Importe (Editorial Alfaguara), dijo que era lo último que iba a escribir.
Algunos que lo conocían afirman que Onetti seguía escribiendo, pero Dolly es la única que sabe la verdad:
"En el último año dejó de tener ganas de escribir, fue entonces cuando se acabó."
Onetti fue un existencialista. En 1939 publicó en Montevideo El Pozo, y a partir de ese libro creó quince noveles más y una decena de colecciones de cuentos, entre los que se encuentran piezas fundamentales del género.
Sus libros más famosos: La Vida Breve (1950), El Astillero (1961), Juntacadáveres (1964), Dejemos Hablar al Viento (1979) y Cuando ya no Importe (1993).
Nadie sabe dónde empieza y dónde termina el universo propio de Santa María, un pueblo inventado para recrear los rincones reales de Buenos Aires y de Montevideo.
"Fue muy duro para nosotros el exilio", dice Dolly, quien amablemente acepta una entrevista con Proceso: "mire, todos estos telegramas que hemos recibido; ahí, en esa mesa, están los periódicos, todo mundo quería a Juan, él era un hombre muy querido", dice con voz entrecortada.
Dentro de pocas horas Dolly partirá a Argentina, intenta poner un rollo a su cámara fotográfica. "Quiero hacerle fotos a este librero, que está dedicado a las obras de Juan. Durante años Juan compró todos estos libros. Yo iba a la librería a comprárselos...". Interrumpe la entrevista y pide a una amiga que le saque fotocopias del centenar de telegramas para llevárselos a Argentina.
Dolly empieza a recordar su vida con el hombre que tanto amó:
"La primera vez que vinimos a Madrid hicimos un contacto muy lindo con Juan Tena, con el poeta Luis Rosales, con Félix Grande. Y luego Juan estuvo preso tres meses en Uruguay –como lo cuenta en El Guardaespaldas–, y entonces nos llamaron de acá y le dijeron: `vente y veremos lo que hacemos'.
"Decidimos venirnos y le dieron una beca. Dejé mi trabajo en la orquesta. Al principio era terrible la sensación de desarraigo que teníamos, de estar fuera de nuestro mundo. En Montevideo teníamos una casa muy bella con jardín. Pero en Madrid, después de estar un mes en un piso muy chiquito, encontramos este lugar, y fue cuando nos dimos cuenta de que empezamos a hacer un hogar, y éste fue nuestro hogar durante los últimos 20 años."
–¿Cómo empezó a conocerse la obra de Onetti?
–Un día llegó una carta a Montevideo, cuando Juan era poco conocido; era de Carmen Balcells, la agente literaria, que le decía que tenía a García Márquez, Vargas Llosa y una lista impresionante de escritores. Le dijo: "¿quiere entrar conmigo?", y Juan contestó que sí.
"Juan siempre tuvo gran admiración y cariño con ella. Cuando vinimos se inició una relación hermosa. Vino ayer desde Barcelona, sólo a darme un abrazo, y me dijo: `las dos cosas más hermosas de mi vida han sido cuando nació mi hijo y cuando Juan le dedicó el libro'. Ella es una gran empresaria, pero al mismo tiempo es muy humana."
Abunda:
"Fue ella quien inventó a Juan. Juan escribía y no le importaba nada lo que pasaba con sus libros, pero ella lo hizo, lo publicó por todos lados. Mira –dice mostrando un librero–, todos estos son traducciones en todos los idiomas, hasta en ruso, checo, japonés, inglés, francés... Ahora mismo estoy trabajando en la traducción de Dejemos Hablar al Viento, porque hay muchas cosas porteñas que la gente de aquí no comprende."
–Carmen Balcells ha comentado que Onetti murió con una idea en mente, sobre un cuento...
–Tenía ideas, una cosa loca, como él decía. Tenía muchos cuentos en la cabeza. Pero hace un año que estaba muy mal de salud. Se eliminó toda las fuerzas, se quedó como encerrado totalmente. Leía poco, dormía mucho y tenía problemas. Estaba muy anémico, comía muy mal y dormía mal. Estaba con una depresión muy fuerte. Terminó el libro y le vino una depresión fuertísima. El sabía que era su último libro.
¿Cómo lo supo?
–El lo intuía y además está en el libro todo ese sentimiento.
–Entonces, a últimas fechas, ¿ya no escribía?
–Tenía ideas en la cabeza, pero nada más.
–¿Habló con usted de esas ideas?
–No.
–El último año, ¿fue malo?
–Muy malo, terminó el libro y empezó una depresión terrible. No comía y perdió las ganas de vivir.
Dolly hace un silencio de varios segundos y respira profundamente.
–Perdió las ganas de todo, incluso las ganas de escribir. Cuando él dejó de tener ganas de escribir, se acabó. Su vida era tener esas ideas que llevaba en la cabeza y que me platicaba. Las veía y las hablaba, después las escribía con su letra maravillosa, así despacito. Pero cuando dejó de sentir eso, no tenía aliento, se le acabó la `cosa' interior.
–Una mujer con su sensibilidad, cómo pudo soportar ver al hombre que amaba de esa manera.
–Qué te parece... –derrama algunas lágrimas y continúa–: luché todo lo que pude, luché, con Susana, es uruguaya y ha sido como una hija, porque lo ha cuidado a él muy bien, ella lo adoraba y lo cuidaba para alentarlo y darle fuerzas.
–Los últimos años, Onetti ya no quería visitas, ni entrevistas...
–Nada. No ha visto a nadie. Casi en todo un año no vio a nadie. Ya ni siquiera firmaba sus contratos, y me lo reclamaba Carmen diciéndome que hacía tres meses que teníamos el contrato. Pero él simplemente decía "no tengo ganas".
–¿Y escritores que lo llamaran o buscaran?
–No.
–Carlos Fuentes comentó que lo visitaba.
–El quiso venir a verlo, pero Juan no estaba bien. No quería ver a nadie. Estaba encerrado en su mundo. Bajaba la persiana y no quería ver a nadie.
–¿Tuvo al final momentos lúcidos?
–Mira, cuando estaba más o menos bien, sí. Estuvo leyendo las dos noches en el hospital, leyó Brecha, pero el último día que fui a verle, entré y me di cuenta de que ya no me conocía. No hubo un momento en que pudiera hablar. Se le fue de repente la conciencia y luego estuvo unas horas, hasta que le llegó el paro cardiaco.
–¿Cuáles fueron los últimos libros que leyó?
–Empezó el de Gabo (Gabriel García Márquez), Del Amor y Otros Demonios, sólo el primer capitulo. Lo último que leyó fue la revista Brecha. El no quería pensar demasiado, quería distraerse. Leía policiales. Además era experto en policiales. Lo sabía todo.
–De sus obras, ¿cuál es la que más le gusta?
–A él le gustó más Los adioses. Todo lo que ha escrito Juan es maravilloso.
–Ustedes visitaron México, ¿que recuerdos tiene?
–Estuvimos en México dos veces, una vez en Guadalajara. Cuando Rufinelli le hizo un gran homenaje a Juan, que fue precioso, y vino Gabo a verlo con su mujer. Tego fotos de todo eso.
–Cuenta Mario Benedetti que cuando Onetti fue a Guanajuato se sentó en la banqueta y ya no quería seguir el viaje de lo maravillado que se quedó con la ciudad. ¿Eso fue la segunda vez?
–Sí, la segunda vez fuimos a un concurso literario en que estaba Rodríguez Monegal, Monsiváis... Había gente muy importante. Era medio bravo, porque llevaban ese comité del jurado; íbamos de una ciudad a otra, y yo me preguntaba cuándo van a leer los libros, porque los llevaban de allá para acá.
–¿Y le gustó a Onetti México?
–Sí, por su colorido, su gente. Ahora, Juan era una persona que, si lo llevan, va protestando, pero no es hombre que vaya diciendo quiero conocer eso. Tú sabes que él estaba en la cama, tranquilo, y con sus libros. No me vengan con turismos, ni paisajes, ni nada.
–¿Y su recuerdo más bello junto a él?
–Recuerdo que estábamos en Chile, cuando se hizo un congreso y metieron a todos los participantes en un tren; fue maravilloso. Estaban Angel Rama, con su mujer, (Carlos) Martínez Moreno, todos son escritores uruguayos. Y entonces ése es uno de los recuerdos más hermosos que tengo, porque íbamos en el tren y vivíamos en el tren; cada uno tenía su camarote, y parábamos en las ciudades y la gente los recibía, se hacían mesas redondas... era hermoso; llegamos hasta Chiluén, Puerto Monte.
"Bueno, pues ahí también estuvimos con muchos uruguayos, argentinos; era hermosa la relación de todos y esa aventura de ir en tren. Te lo cuento porque la esposa de Angel Rama es una gran pintora, pero ella decía `nada de paisajes'. Ella y Juan, cuando pasábamos lugares maravillosos, bajaban las persianas, negándose a ver, y se ponían a leer libros. Juan era un hombre de ciudad, de libros, y sus obras tienen poca descripción de paisajes."
–¿Y por qué se quiere ir a Argentina?
–Me voy un mes, porque tengo mi hermana en Argentina, mi hermana estuvo acá seis meses; vio a Juan después de casi 20 años. Mi madre murió el año pasado, entonces la única que me queda es mi hermana.
"Quiero salir de acá porque es muy duro vivir sin él. Necesito descansar de todo esto, estar con ella y con tanta gente que conozco ahí, porque soy de Argentina. Iba todos los años a visitar a mi madre, lo cual le gustaba a Juan. Solamente para visitar a mi madre, porque si no, no quería que me separara de él.
"Voy también para estar con los nietos de Juan, que quiero mucho: Carlos Esteban, Pablo, la hija Lety, y voy a ir a Montevideo, después de casi dos años que no voy, a ver a la hermana de Juan, que venía todos los años y esta vez no pudo. Fue la última conversación que tuvo con Juan. Se quieren mucho, son muy amigos, hermanos que desde niños fueron compinches y se han entendido."
Hablando de Juan Carlos Onetti, en ocasiones como si todavía existiera, Dolly se despide con un abrazo: "me gustan mucho los mexicanos, son tan agradables". Y pregunta:
"¿Estás enamorada?, porque en la vida lo más importante es el amor, el amor profundo por alguien."




www.onetti.net | Onetti Website 2.1 | ☺ 2001-2008