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El invalorable regreso de Onetti

Álvaro Carballo

La viuda de Juan Carlos Onetti donará hoy [30.05.07] manuscritos del escritor a la Biblioteca Nacional, con originales de Juntacadáveres y Cuando entonces.

Al mediodía, en la Biblioteca Nacional, hay una conferencia de prensa a cargo de críticos y académicos venidos para la donación del Archivo Onetti. Estarán, entre otros, Daniel Balderston (EEUU, Universidad de Iowa), Hugo Verani (uruguayo, con una cátedra en la Universidad de Notre Dame) y Hermenegildo Sábat (dibujante uruguayo, radicado en Buenos Aires).
Dolly no solo era su esposa y su “transcriptora” sino que también se encargaba, en muchos casos, de chequear las traducciones que se hacían de la obra de Onetti. De esa tarea, le queda una anécdota que sirve para mostrar los efectos de una mala traducción en una obra literaria. Cuenta Dolly: “En Para esta noche, el traductor al inglés tradujo literalmente la expresión “la gran siete” como “the big seven”, que no quiere decir nada en inglés. Estaba enojadísima con el traductor, pero a Juan Carlos le divirtió. A partir de ahí, cada vez
Para Onetti, Dorothea Muhr era Dolly, la mujer con la que se casó en 1955 y con la que convivió durante 39 años, hasta su muerte. Fue, según quienes lo conocieron, el amor de la vida del escritor, un hombre que ya lucía tres cocardas de matrimonio en su cuerpo cuando la conoció. Argentina de nacimiento, Dolly no se mudó a un país sino que se “mudó” a Onetti y lo acompañó en su derrotero. Vivió con él en Montevideo, en el barrio Palermo, lo siguió durante el largo exilio en España y, al regreso de la democracia en Uruguay, respetó su decisión de no volver a estas tierras. Estuvo junto a él durante sus últimos 15 años, cuando el escritor decidió no abandonar la cama y permanecer echado, durmiendo de día y escribiendo y tomando whisky de noche. Onetti falleció en Madrid el 30 de mayo de 1994. El gobierno del Dr. Lacalle quiso repatriar sus restos pero ahí apareció Dolly. Firme, frente a un Estado que lo había ignorado en vida, la señora Dorothea Muhr, pequeña gran mujer, hizo respetar el deseo de su marido de que sus cenizas descansaran en España.
Dorothea Muhr es la viuda de Juan Carlos Onetti (1909 - 1994), el escritor uruguayo de mayor prestigio internacional. Llegó a Montevideo hace tres días, a cumplir una misión ansiada por los seguidores e investigadores de los libros de su marido: donar manuscritos del escritor, en lo que es el puntapié inicial de los Archivos Onetti.
La iniciativa de crear los archivos fue de Muhr, quien trabajó junto con especialistas durante varios años, ordenando y editando los manuscritos. Su idea permitirá un acercamiento mucho mayor a la obra del escritor. Se podrá ver, por ejemplo, qué cosas seleccionaba y cuáles descartaba a la hora de escribir.
La presentación de la donación será hoy, a la hora 19, en el Paraninfo de la Universidad de la República. Luego, los textos quedarán en la Biblioteca Nacional a disposición de investigadores. Para acceder a ellos, éstos tendrán que presentar una carta al director de la Biblioteca que acredite que están realizando una investigación que justifica el trabajo con los manuscritos.
¿Cómo surge la iniciativa de donar los manuscritos de Onetti a la Biblioteca Nacional?
Porque es obvio. Juan Carlos era uruguayo, esto es lo que más hubiera querido. Su material, lo que él había escrito, reunido en su país de origen. Así está todo a disposición de quienes quieran estudiarlo.
¿Qué materiales componen esta donación?
Todos los manuscritos que pude recoger. El tiraba todo antes de casarse conmigo. Tiraba los papeles para que no se mezclaran con lo que ya estaba pasado a máquina, y también porque los manuscritos no tenían valor ninguno para él. Los rompía y los tiraba a la basura. Él tenía que sacárselo y decir “se acabó”. Entonces pude rescatar bastante material. Le decía que no tirara las cosas y él me decía que me dejara de embromar (se ríe).
Usted trabajaba con el material de Onetti. Era la encargada de pasar los originales a la máquina de escribir. ¿Ahí guardaba los manuscritos? ¿Qué decía él cuando la veía guardarlos?
Supongo que él no se daba cuenta que guardaba las cosas. Bah, en realidad no creo ni que le prestara atención a lo que hacía con los manuscritos.
¿Cuál era el soporte preferido por Onetti al escribir?
Generalmente en cuadernos, pero también en hojas sueltas. Era bastante desordenado a veces, entonces fue difícil ordenar todo.
¿De qué libros hay originales, dentro del material donado?
Hay muchas cosas distintas. Pero está el manuscrito de Juntacadáveres (1964) y de los dos últimos libros, Cuando entonces (1987) y Cuando ya no importe (1993), enteros.




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