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Buscando un destino

Germán Negro

Hasta Juan Carlos Onetti, en su retozo permanente, advirtió que algo pasa con el mundo y los cambios que llegan.

Mientras se prepara para convertirse en "turista espacial" en 2009, mediante un boleto de la compañía Virgin Galactic, el físico y profesor de Cambridge Stephen Hawking -en silla de ruedas desde hace casi medio siglo- insiste en asustarnos con una de sus advertencias preferidas:"La única manera de que la especie humana pueda sobrevivir es mediante la colonización de planetas en otros sistemas solares".

Asoma como un aviso demasiado duro para digerirlo con un golpe de vista, pero el padre de Breve historia del tiempo reinstala, por lo menos, una duda existencial: ¿acaso tendrá final la humanidad? ¿Un rayo misterioso partirá como un queso al globo terráqueo?

No parecían temas para agendar con urgencia y asomaban como un rescate de los anaqueles de Nostradamus, pero las prédicas apocalípticas respecto de que la humanidad cocina lentamente su final están ganando espacio en los últimos meses, días, digamos horas... ¿Es ciencia ficción?

La falta de nieve en Europa en el comienzo de la actual temporada de esquí, el derretimiento de los glaciares o el Atlántico convertido en una cuba on the rocks por los trozos de hielo antártico flotando a la deriva, se toman como advertencias tan dramáticas como la predicción de Hawking.

Si repasamos con detenimiento cada fotograma de Una verdad incómoda, la cinta que apuntaló el tránsito de Al Gore (ex vicepresidente de Estados Unidos) de la política a la ecología de alta protesta, encontramos motivos para temer al calentamiento global y observar al cambio climático como una realidad que comienza a dolernos.

Ahora, ¿es posible modificar las conductas globales para no sufrir el final? Tal vez si Gore hubiera llegado al poder en 2000, cuando ganó en número de votos pero perdió en cantidad de electores, hubiera intentado -creemos- cuanto menos frenar las emanaciones de gases contaminantes. Por lo pronto, George Bush prefiere dejar el destino del planeta en manos divinas. Tiene otra prioridad a tiro de piedra:la guerra por el petróleo en Irak.

Sin alterar su retozo permanente -habitualmente escribía desde la cama- y carente de validación científica, el uruguayo Juan Carlos Onetti ya husmeaba hace algunos años que algo raro andaba dando vueltas.

En su ensayo Reflexiones sobre humanidad, Onetti nos daba luz: "Reflexionemos que si la Tierra ha iniciado un período de brazos caídos, por algo ajeno a nuestra comprensión será. ¿A qué diablos continuar moviéndose? Segundo tras segundo atrasa, por fatiga y desencanto, la tarea que le fue impuesta tantos miles de millones de siglos atrás".

Si de Hawking a Onetti hay tanto espacio como de Gandhi a Bush (padre e hijos), ¿acaso los habrá movido el mismo temor? ¿Será el miedo a que dentro de medio siglo ya nadie pueda leer y menos disfrutar sus obras?




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