07-07-08 | 38.103.63.17 | Versión para imprimir de:

http://www.onetti.net/es/descripciones/cortes



Santa Maria

Francisco Joaquín Cortés

Santa María tiene un río, tiene barcos. Si tiene un río tiene niebla. Por Santa María, dice Caballero Bonald, pasa el río del mundo, turbio y caudaloso, y pasan las cosas que a lo mejor ni ocurren ni son del todo verdaderas (sic), a veces son cosas plausibles o meramente enlistables (la lista como la fenomenología de la locura).

En Santa María hay una loca de origen vasco que siempre va vestida de novia, hasta que el vestido se le entrapa y amarillea. Santa María es una ciudad inventada, ideada por Juan Carlos Onetti, pero podría ser Montevideo, o Madrid, o Macondo, o Almería, salvo por lo del río. Santa María es una ciudad exagerada y monadológica, como muchas ciudades: Nueva York, México D.F., El Ejido... Santa María, ya lo han dicho, es la Ciudad del Mal, no por motivos agustinianos o de escatología política, de teodicea o de razón suficiente , sino por otros motivos. Por la soledad, la frustración, la locura, el encierro, la postración, la fantasmagoría, el transformismo, la distopía, los fantasmas de los medio-hombres, los cómplices, los fantasmas de los dioses, o de los hombres que se creen tediosamente dioses como Juan María Brausen (Dios, Brausen), la abulia, el desarraigo, la corrupción (no entendida como un hecho moral o urbanístico, sino como algo natural, como algo bioquímico relacionado con la putrefacción y la fermentación, con la oxidación y las lombrices)... Santa María es un universo: La vida breve , El astillero , La muerte y la niña , Juntacadáveres ... Podría ser la ciudad de Leopoldo María Panero, de Antonin Artaud y de Virginia Woolf, donde un gran organismo luddita se come las máquinas y los cuerpos estigmatizados. Juan Carlos Onetti, como lo llamó Sanz de Villanueva, fue el urbanista de la Ciudad del Mal.

Todos son/somos testigos (de cargo) y asesinos a los que un orden soterrado e insiemístico (de la parte al todo) conduce a Santa María, o al núcleo del yo como soledad. Testigos del mal: el obispo y Jesucristo, Galeno Galinei, yo, Santa María entera (sic). Enfermedades o asesinos: Brausen (Dios, Brausen), Santa María, todos ustedes, yo mismo (sic).

Todos están invitados al asesinato, nadie queda excluido de la participación en el Mal, ni siquiera el pasivo lector, salvo que esté postrado voluntariamente en una cama. Santa María es la ciudad de la complicidad, de las culpabilizaciones y de los procesos masivos; es en el fondo una ciudad kafkiana (Onetti es el Kafka latinoamericano). Es irónico que Onetti muriera leyendo novelas policiacas cuando la actividad detectivesca en Santa María era tan fácil y aparente: todos son culpables. Es una huida del posibilismo al probabilismo.

Sólo se puede escapar de la Ciudad del Mal mediante la postración, la enfermedad soñada, la cama y la moribundia. La cama en el belvedere de Argüelles es el antídoto contra la Ciudad del Mal. Pero la cama no es una cárcel, es una garganta profunda, que te devora entre el whisky y las lecturas policiacas de Chandler y Le Carré, de Hammett y Jim Tompson. La cama devoró a Juan Carlos Onetti, un lugar subversivo no previsto por la república. La cama hospitalaria y la cama carcelaria (y la prostibularia), ya lo diría Foucault, sirven para la estigmatización y obliteración del cuerpo y del cerebro, pero no se había previsto, por parte de los ingenieros sociales de la école politechnique , la cama civil, la cama voluntaria, como epítome de la institución subversiva y de la resistencia pasiva, lugar del hombre huido de la ciudad y de la república.




www.onetti.net | Onetti Website 2.1 | ☺ 2001-2008