AdvertenciasOrientacionesDescripciones |
NovelasLos adiosesJuan Carlos Onetti
A Idea Vilariño Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada. Hizo algunas preguntas y tomó una botella de cerveza, de pie en el extremo más sombrío del mostrador, vuelta la cara —sobre un fondo de alpargatas, el almanaque, embutidos blanqueados por los años— hacia afuera, hacia el sol del atardecer y la altura violeta de la sierra, mientras esperaba el ómnibus que lo llevaría a los portones del hotel viejo. Leer más | Enviar página | 2602 lecturas
Los niños en el bosqueJuan Carlos Onetti
Una canción sin palabras, sin más que los juegos de la boca reidora. Había una música rápida y sencilla, trenza de cantos, rondas y carreras que fueron abandonadas otra tarde —otra, aún, más allá del sueño y su país—, cuando los chicos vieron espantados cómo se hacía fijo el ojo bilioso de la iglesia. Leer más | Enviar página | 3370 lecturas
Lassen wir den Wind sprechen
Kapitel IV: Ein Duft von Teresa Jetzt war er so zart, traurig und fern wie ein Parfum, das in einem Taschentuch alt geworden ist. Manchmal kam er, nie kündigte er sich an. Meistens in Träumen: ich sah das Gesicht von Teresa oder ihre Art und Weise zu gehen. Leer más | Enviar página | 1026 lecturas
Wenn es nicht mehr wichtig ist (Schlusskapitel)Juan Carlos Onetti 30. Oktober Leer más | Enviar página | 564 lecturas
JuntacadáveresJuan Carlos Onetti
Capitulo I Resoplando y lustroso, perniabierto sobre los saltos del vagón en el ramal de Enduro, Junta caminó por el pasillo para agregarse al grupo de tres mujeres, algunos kilómetros antes de que el tren llegara a Santa María. Sonrió, animoso, a las caras infladas por el aburrimiento, encendidas de calor, de bostezos y comentarios. El verde de los campos próximos al río apoyaba una débil frescura contra las ventanillas polvorientas. Leer más | Enviar página | 2290 lecturas
Dejemos hablar al vientoJuan Carlos Onetti
Capítulo IV: Un perfume de Teresa Ahora era tan suave, triste y lejano como un perfume que hubiera envejecido en un pañuelo. A veces venía, nunca se anunciaba. Generalmente, en sueños: yo veía la cara de Teresa o su manera de andar. Los lugares eran caprichosos y sus construcciones me desconcertaban. Nunca una palabra, jamás una mirada directa que buscase mi cara. En los sueños, silenciosos y en colores, yo la veía pasar, alzando a veces una mano para palpar el mensaje que Teresa no podía dejarme. Pero en la vigilia la recordaba siempre de una manera cruel, apenas modificada o desteñida, que me llenaba de furores y blasfemias. Leer más | Enviar página | 2107 lecturas
El pozoJuan Carlos Onetti
Hace un rato me estaba paseando por el cuarto y se me ocurrió de golpe que lo veía por primera vez. Hay dos catres, sillas despatarradas y sin asiento, diarios tostados de sol, viejos de meses, clavados en la ventana en lugar de los vidrios. Leer más | Enviar página | 4674 lecturas
Cuando ya no importeJuan Carlos Onetti
Para Carmen Balcells, Serán procesados quienes intenten encontrar una finalidad a este relato; serán desterrados quienes intenten sacar del mismo una enseñanza moral; serán fusilados quienes intenten descubrir en el una intriga novelesca. Mientras escribo me siento justificado; pienso: estoy cumpliendo con mi destino de escritor, más allá de lo que mi escritura pueda valer. Y si me dijeran que todo lo que yo escribo será olvidado, no creo que recibiría esa noticia con alegría, con satisfacción pero seguiría escribiendo, ¿para quién? para nadie, para mí mismo.
Leer más | Enviar página | 8300 lecturas
Tiempo de abrazarJuan Carlos Onetti
I Con un largo suspiro M. Gigord volvió los dorados anteojos a la nariz. Por un momento las manos flacas y tristes continuaron moviéndose en el pañuelo. Leer más | Enviar página | 3248 lecturas
Para una tumba sin nombreJuan Carlos Onetti
I Todos nosotros, los notables, los que tenemos derecho a jugar al póker en el Club Progreso y a dibujar iniciales con entumecida vanidad al pie de las cuentas por copas o comidas en el Plaza. Todos nosotros sabemos cómo es un entierro en Santa María. Algunos fuimos, en su oportunidad, el mejor amigo de la familia; se nos ofreció el privilegio de ver la cosa desde un principio y, además, el privilegio de iniciarla. Leer más | Enviar página | 2412 lecturas
|
IdiomasLoginBuscarRastrear |