–Usted puede ir a Santa María cuando quiera. Y sin que nada le cueste, sin viaja siquiera. Escuche: ... Brausen. Se estiró como para dormir la siesta y estuvo inventando Santa María y todas las historías. Está claro.
–Pero yo estuve allí. También usted.
–Está escrito, nada más. Pruebas no hay. Así que le repito: haga lo mismo. Tírese en la cama, invente usted también. Fabríquese la Santa María que más le guste, mienta, sueñe personas y cosas, sucedios.